jueves, 1 de marzo de 2018


CONVERSACIONES CON ÓSCAR (VIII)


.A tres días de que la Academia de Hollywood se pronuncie sobre quiénes resultarán ser los ganadores de los Premios Oscar 2018, la película, "La Forma del Agua"(The Shape of Water), escrita y dirigida por el mexicano Guillermo del Toro, figura como la gran favorita con 13 nominaciones, incluyendo mejor película y dirección.

Atraído por tan buen currículo, he ido a verla y debo confesar que, a la salida, mis impresiones se encontraban divididas. La película, goza de indudables méritos entre los que destaco una ambientación apropiada a los años 60, una espléndida fotografía de bellos tonos verde-azulados, su deliciosa banda sonora, obra de Alexandre Desplat, una magnífica interpretación de la protagonista, Sally Hawkins y duras críticas contra la homofobia, el racismo, la intolerancia y el rechazo hacia las personas que consideramos diferentes. Sin embargo, a mi modesto entender, muchas de las interrogantes quedan en el aire o en el agua; vaya usted a saber, si con la sana intención de hacer honor al título de la cinta. También resultan exagerados, por no decir histriónicos, los personajes que ensalzan la crueldad y la bondad de manera exagerada (Michael Stuhlbarg y Michael Shannon).

La película es una fábula o si lo prefieren, un cuento de hadas, eso sí, para mayores. En plena Guerra Fría, Elisa (Sally Hawkins), una mujer muda que trabaja de limpiadora en unas instalaciones del Gobierno, llega a conocer un experimento secreto en el que un hombre-pez (Dong Jones),  capturado en la Amazonía, está siendo sometido a tortura con fines experimentales. La mujer empieza a sentir compasión y después afecto por alguien de apariencia tan diferente a la de los demás mortales. Desde entonces planea el modo de liberarle y ser feliz junto a él, porque el mundo de los sueños le resulta más atrayente que el de su monótona y solitaria vida. Contará para conseguir sus fines con la ayuda de un homosexual, su vecino Giles (Richard Jenkins).

Este film en el que lo fantástico y lo romántico se entremezclan, rezuma lirismo y recuerda a otros títulos como King Kong o La Bella y la Bestia, aunque el planteamiento sea de mayor calado. Guillermo del Toro no solo hace un homenaje a las películas de ciencia-ficción de mediados del siglo pasado, sino que interroga al espectador sobre cuál sería nuestra forma de actuar, si en un futuro, los habitantes de la Tierra contactaran con seres de otras galaxias con aspecto bien diferente al nuestro.

Película muy recomendable para los amantes del buen cine, especialmente a los que se sienten atraídos por este género fantástico y no tanto para otros que, como yo, presentan cierta dificultad para estar sentado casi dos horas viendo fantasías (historia de amor incluida) en los límites de la realidad.


domingo, 25 de febrero de 2018

LA REFORMA
Crónicas de mi Periódico                       25 de febrero de 2018

ALFRED  Y  AMAIA

Parece ser que todo empezó en la Academia de "Operación Triunfo". Ella se fijó en un espigado aspirante que, cual pavo real, extendía y acortaba con innegable elegancia la longitud de su trombón de varas. Él, apenas conocerla, se sintió atraído por la dulzura de la voz cálida y delicada de aquella mujer que sentía curiosidad por el autor del pavoneo. La proximidad en un encierro apetecido, la similitud de gustos y aficiones y la casualidad que, en cuestiones amorosas juega un papel fundamental, hizo que juntos interpretaran al piano y a cuatro manos "City of Stars", una canción hermosa para una tierna historia de amor que encerraba (o así lo creo ver yo) un mensaje subliminal: a cuatro manos todo resulta más placentero, incluso tocar el otro piano, el del vajillero,  que por mor de la igualdad de género, ha pasado de ser una labor de exclusividad femenina a una tarea compartida por las jóvenes parejas. A partir de entonces, los tonteos, los besos robados y otros no tanto, y, sobre todo, los profesores de la Academia, vieron en estos encantadores jóvenes una oportunidad única para que el sentimiento se plasmara en una melodía, ¡y a fe que lo consiguieron!

Con el título "Tu canción" lograron avivar el mutuo sentimiento, de manera que, además de una gran interpretación musical, se visualizó una bella historia de amor. Los espectadores quedaron rendidos ante esa explosión de romanticismo auténtico, y canción e intérpretes fueron elegidos para representar a España en el próximo Festival de Eurovisión. Ahora, Alfred y Amaia, Amaia y Alfred, tienen ante sí un reto más difícil que el de intentar quedar en un buen puesto, y este no es otro que el de convencer por calidad a un público nacional siempre dividido a la hora de defender lo nuestro.

Ya hemos visto últimamente cómo la designación de un español para ocupar la vicepresidencia del Banco Central Europeo solo ha contentado a la mitad de nuestros compatriotas. También han abundado las críticas sobre una cantante con buenas intenciones rojigualdas, deseosa de dotar de letra al himno patrio. No sabemos si la disparidad de criterios ha sido ocasionada por la ausencia del morado, bien por añoranzas republicanas, o por ser este color el propio de la Cuaresma. Algunos que criticaban el Programa "Españoles por el Mundo", porque, según ellos, se explicitaba la fuga de cerebros, se muestran ahora satisfechos de que dos compatriotas se encuentren en Bélgica y en Suiza haciendo un máster sobre "El Derecho a decidir cuándo fugarse", trabajo que ha de llevarles varios años de dedicación exclusiva.

A la hora de escribir esta crónica, ha saltado la noticia de que la canción que nos representará en Eurovisión es plagio de una italiana, "Nuvole bianche". He escuchado ambas versiones y puedo asegurarles que, aparte de su cadencia amorosa, el parecido es nulo. Está claro que nuestra especialidad, es la de tirar piedras sobre el propio tejado. ¡Ánimo, pues, Alfred y Amaia! No hagáis caso de las lenguas viperinas y resentidas de la media España que siempre critica a la otra media; vosotros a lo vuestro, que es cantar y amaros de verdad.

Un ruego: os pido que, al finalizar la canción, vuestro beso sea sincero. Tal vez este gesto nos reúna en un único sentir colectivo. Hago votos para que este sentimiento no sea el de la envidia.



jueves, 22 de febrero de 2018


PASAJES DE "CÉCILE. AMORÍOS Y MELANCOLÍAS DE UN JOVEN POETA" (43)
CAPÍTULO VI
La ilusión
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Se repasó el funcionamiento de la grifería del aseo de invitados; el SIDOL bruñó el marco de plata en que los abuelos, desde el aparador, seguían sonrientes los acontecimientos del salón, hasta dejarlo deslumbrante. La misma operación se realizó en candelabros, centros de mesa y bandejas; hasta el juego de café, regalo de boda del bisabuelo Damián, que amarilleaba languideciendo por falta de uso, recobró el lustre de épocas pasadas. Con tanto metal reluciendo, el salón quedó convertido en una réplica de la cueva de Alí-Babá y se nos invitó amablemente a no traspasar su umbral, aunque si por extrema necesidad alguno de nosotros tuviera que franquearlo, aún sin tener que pronunciar el consabido “¡Ábrete, Sésamo!”, unas babuchas colocadas a la entrada se ofrecían sumisas para que, al andar sobre ellas, la tarima recién barnizada no se rayara. No faltó comprobar que las bombillas lucían correctamente, ni tampoco reponer unas cuantas lágrimas de cristal que se habían perdido de la primorosa lámpara situada encima de la mesa del comedor. A pesar de tan ímprobos esfuerzos para que la casa soportara un sinfín de recepciones, mis padres, para guardar las formas, decidieron, en petit comité, hacer como si permanecieran al margen, evitando que el recibimiento tuviera lugar en nuestro domicilio, encomendándonos a nosotros esa tarea. Lo correcto, según ellos, sería que Nacho comiera y cenara fuera de casa, salvo alguna invitación esporádica en la que pudiera lucirse la vajilla de la que no recordábamos su dibujo, la cristalería en la que nunca habíamos bebido y la cubertería de plata, que aún descansaba protegida en su estuche por el precinto de garantía.
Todos estos preparativos me alegraban, porque el acontecimiento me ofrecía la posibilidad de estar de nuevo con Cécile, a la que echaba de menos. Mi buen humor y la disposición para cualquier tarea, de la que hacía gala, pronto fue detectado por mi madre, que en un momento determinado me recordó lo que me había pronosticado: “Cualquier mortificación que hagamos por los demás, Dios nos la premia anticipadamente en esta vida en forma de satisfacción interior”. ¡Era verdad!, aunque el mortificado fuera Daniel, y yo el afortunado que notaba los efectos benéficos. Tal vez funcionara en esta ocasión lo que nos explicaba el Padre Ramírez en las clases de Religión acerca de la Doctrina del Cuerpo Místico de Cristo. Asunto de difícil comprensión pero que el jesuita, empeñado en que al menos tuviéramos una idea aproximada de cuestión tan compleja, se vio en la necesidad de recurrir a la teoría de los vasos comunicantes para que la luz se hiciera en nuestras molleras.
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jueves, 15 de febrero de 2018


PASAJES DE "LAS LAMENTACIONES DE MI PRIMO JEREMÍAS" (43)
CAPÍTULO III
La casa del abuelo

No había que haber estudiado en Salamanca, como mi padre, para darse cuenta de que la casa del abuelo era el edificio más noble de la Plaza Mayor del pueblo, y aún me atrevería a decir de todo el partido judicial de Fuentesaúco. Con dos pisos y desván abuhardillado, competía en altura con el Ayuntamiento, pero a diferencia de aquel, tenía el empaque de una casa solariega. La fachada, construida en piedra de Villamayor, guardaba cierta semejanza en su arquitectura con la de algunos edificios neoclásicos de Salamanca. La puerta principal estaba enmarcada por dos columnas, culminadas por sendos capiteles jónicos, soportes decorativos de un frontón entrecortado que albergaba, en una pequeña hornacina, la imagen de la Virgen María. Las ventanas se remataban primorosamente con motivos florales, predominantemente, hojas de vides, entre las que emergía la cabeza de Dioniso, rodeado de ninfas. Pero quizás, lo que daba un mayor realce a la edificación, era el balcón central, amplísimo mirador de forma circular con un enrejado espectacular, que el bisabuelo Damián se hizo fabricar y traer desde el País Vasco en 1.905, en una demostración ostentosa de su gran poder adquisitivo. Eran años de prosperidad económica, de los que su propietario quiso dejar constancia para las generaciones futuras, grabando en un sillar de la fachada la siguiente inscripción: «Propiedad de Damián González del Pozo. Año 1.905.»
Alguien sobrado de envidia, queriendo mostrar al visitante el origen de la fortuna, había rayado con un punzón la piedra contigua a la de la inscripción, figurando junto al nombre de mi bisabuelo, la palabra «MULERO», escrita en letras mayúsculas de desigual tamaño.
La puerta, de madera noble, no había soportado con la misma entereza que la fachada el paso de los años. Estaba un tanto vencida, agrietada y reseca; pedía a gritos una buena mano de barniz, después de que un carpintero suficientemente experto, la nivelara y la limpiara, restituyéndola al esplendor de antaño, sin mancillar la fortaleza del roble.
Al traspasar el umbral, tuve la impresión de adentrarme en una gruta, dada la extensión del zaguán y la temperatura del recinto, al menos diez grados inferior a la del exterior; la segunda impresión no era más agradable: el habitáculo estaba desprovisto de muebles, a excepción de dos sillas fraileras y un escaño, presidido por un retrato empolvado de mi augusto bisabuelo. A mano izquierda, en la alcantarera, reposaban tres cántaros, protegidos del polvo por tapaderas de corcho. Del artesonado pendía una minúscula lámpara de seis brazos, flotando en las alturas, a poca distancia del techo: su luz iluminaba levemente una figura humana vestida de luto riguroso, a juego con la sobriedad de la estancia; era Petra, la cuidadora del abuelo: alta, enjuta y desdentada, que salía a recibirnos.
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jueves, 8 de febrero de 2018



 NIEVE EN FEBRERO


Ha comenzado febrero con la atmósfera fría del invierno. Un manto blanco ha vestido de inusitada luz campos y ciudades, como anuncio de la bonanza que, dicen, acompaña a los años en los que nieva copiosamente.

La belleza inmaculada de la nieve recién llegada, inspira y habla a quien observa el majestuoso descenso de los copos, con la mente puesta en quien la ocupa.

Nada mejor que, plasmar estas impresiones, en una octava real.










                            
                              Quiero ser como tú, copo: blancura,
teñir de igual color montes y valles,
engalanar de luz y de hermosura
parterres de jardines, y las calles.
Descender, lentamente, a la aventura
soñando con posar donde te halles
 y aunque pierda la vida en el deshielo,
rozarme con tu piel, será mi Cielo.




Fotografía de Santos Pintor Galán.


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domingo, 4 de febrero de 2018


LAS TENCAS DEL EMPERADOR CARLOS

Hay que admitir que los Austrias españoles forman todos ellos un completo manual de enfermedades psiquiátricas. Felipe II, enjuto, frío, incapaz de sonreír al decir de sus coetáneos, sufría de obsesiones compulsivas; Felipe III era ludópata; Felipe IV adicto al sexo, y Carlos II, al que el pueblo otorgó el significativo mote de El hechizado, amén de su desmedido amor por el chocolate, desarrolló el síndrome de Klinefelter. Los matrimonios endogámicos entre estos monarcas tenían que pasar factura. Conste aquí que los Borbones también tendrán su larga nómina de reyes afectados por melancolías, que es como denominaban los médicos de la época a los males de espíritu.
Carlos I, Rey de España y emperador romano-germánico, V de su nombre, hijo de Juana la Loca y bisnieto de Isabel de Portugal, encerrada por sus extravíos en el Castillo de Arévalo, también tuvo su enfermedad: la gula.
El apetito del Emperador fue proverbial. Llegó incluso a solicitar una bula del Papa que le permitiese comer nada más levantarse, antes de recibir el cuerpo de Cristo en la sagrada comunión, algo totalmente prohibido por la Iglesia. «Cristo, por muy transustanciado que se encuentre en la hostia, no llena la tripa», debió de pensar. La bula le fue concedida y al monarca Habsburgo pudo servírsele, casi en la cama, su caldo de ave con leche, su azúcar en generosa cantidad y sus alcamonías.
Cuatro cristianas comidas efectuaba el César Carlos: a las 12 un almuerzo compuesto de no menos de 20 platos, cerveza y vino. Si un Papa, incluso uno tan octogenario como Pablo IV, era servido en su mesa con 25 platos, ¿iba a ser menos el Rey del Mundo? Por la tarde la merienda y ya de noche, la cena. Los cronistas de la época nos refieren varias indigestiones graves del Rey-Emperador, quien no desdeñaba hasta comidas podridas: «Aun con mala salud, en medio de crueles dolores, no se abstiene de comer ni de beber lo que le es perjudicial», llega a referir Guillermo Van Male, su ayuda de cámara y gentilhombre.
La nómina de sus manjares predilectos puede llegar a ser muy amplia. Mencionemos aquí las ostras de Ostende, las sardinas ahumadas, los salmones, las angulas, las salchichas picantes, toda clase de carnes y la tenca.
La humilde, la simple tenca. Tinca, tinca. Pez de agua dulce y que prefiere como hábitat las charcas y los estanques. Su gran tolerancia a la baja oxigenación y a las aguas sucias favorece su expansión. Autores hay que consideran que ya se consumía en la Edad del Hierro; y en Extremadura es un pez usual a lo largo del río Tajo. Cuenta la leyenda, de hecho, que, a su paso por Arroyo de la Luz, entonces del puerco, probó el emperador las tencas fritas de la zona; quedó admirado y dispuso desde entonces que se le sirviesen en su mesa. Tal vez entre esa veintena de platos a que estaba acostumbrado.
También las tencas le acompañarían durante su retiro en el jerónimo Monasterio de Yuste.
La historia servil y cortesana muchas veces nos ha dibujado a un emperador recluido en el monasterio en régimen casi de asceta. En modo alguno. Su palacio, sí, era sencillo, pero en su retiro estuvo servido por 52 criados. Compárense estos con los 38 monjes que vivían entonces en Yuste. 52 criados, de los cuales más de 20 estaban dedicados a servir su mesa, siempre generosa. Tenía cocineros, panaderos, pasteleros, un encargado de la cava, un frutero, un salsero, un cazador para surtir de carnes de caza, un hortelano, un cuidador de las gallinas y un afamado cervecero, Enrique Van der Hesen, que preparaba su bebida predilecta. En materia de vinos, el Habsburgo tiraba de las bodegas de Pedro Azedo.
En los estanques creados en Yuste por su ingeniero Torriani, pescaba el emperador. Tirando la caña desde la ventana o la terraza del palacio. En aquellas aguas, estancadas, criaban tencas, que pasaban rápidamente a la cocina a medida que el monarca las pescaba. Le volvían loco, y algo de esa afición ha quedado en las muy recomendables fiestas de la tenca que se celebran en la mancomunidad del Tajo-Salor.
Pero, ay, aquellos estanques también fueron un hábitat favorable para los mosquitos; y entre estos la hembra del anopheles. Una de sus picaduras infectó de malaria al rey abdicado y cuando llevaba apenas un año en Yuste, murió. Malaria (del italiano mal aria o mal aire) o paludismo (del latín palus, pantano). Tal fue su final.
Tres meses había tardado el césar en llegar a Jarandilla desde Bruselas. Otros tres estuvo esperando allí hasta que terminaron su palacio. El 3 de febrero de 1557 puso pie en Yuste y pudo comer sus tencas y el 21 de septiembre de 1558, por un mosquito, murió.
Pero queda el consuelo que durante esos pocos meses comió bien y abundantemente. Salvo una vez, cuando, incauto, decidió compartir mesa con los frugales monjes. Una sola vez. Consta que ni siquiera esperó al final de aquel almuerzo y, lamentando la cocina tan sosa de los servidores de Dios, corrió a sus habitaciones, donde pidió tencas fritas a su cocinero. Los monjes se entristecieron por la marcha del Emperador.
Pese a aquel infausto almuerzo, legó a los Jerónimos 160 carneros, 3 vacas lecheras, un gallinero y abundante cebada y avena para que hicieran a partir de entonces su propia cerveza.

Pasaje perteneciente a la novela: "SABOR Y SABER" de los autores:  Juan B. Verde Asorey, Valentín Domínguez Cerrillo y Víctor M. Casco Ruiz. Ilustraciones de Manuel Malillos Rodríguez. Editora: Cristina Medrano Montero. Editorial Cuatrohojas(www.editorialcuatrohojas.com)

De esta novela dicen sus autores:  no es un libro de recetas; no es un libro de Historia de la Gastronomía; no es un libro de Filosofía. Es un libro donde todo ello se junta, pero sin perder sus esencias. 
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jueves, 1 de febrero de 2018

LA REFORMA
Crónicas de mi Periódico                    1 de febrero de 2018

EL  BITCOIN

De entre todas las monedas virtuales, el bitcoin, es la que goza hoy de una mayor demanda. Tal vez su atractivo resida en que, hace tan solo unos meses, su cotización ascendió como la espuma hasta alcanzar los 20.000$ cuando, cinco años atrás, se podía adquirir por unos cuantos céntimos de dólar. Hablar de esta criptomoneda o moneda digital cuyo valor no está respaldado por ningún Banco Central ni ninguna autoridad o Estado, produce un cierto respeto (por no decir desconfianza), sobre todo, cuando se publicita que un joven noruego invirtiendo tan solo 27 dólares en bitcoins, es en la actualidad millonario. Si nos molestamos en entender su funcionamiento, entonces puede que entremos en una espiral de conceptos ininteligibles para la inmensa mayoría de los mortales. ¿Qué es eso de que cada usuario tiene una clave criptográfica (P2P)  que permite hacer transferencias entre cuentas? ¿Quién entiende que sean algoritmos tecnológicos los que respaldan la propiedad sobre lo que se  posee? Puede que sea un gran ignorante financiero, pero les aseguro que no pienso cambiar mis modestos ahorros en euros por un puñado de bitcoins, aún a riesgo de pasar, por "carroza inversor".

Los años te van volviendo previsor porque, antes de que pueda perder el poco sentido común que he ido atesorando en mi experiencia vital, sé que, con diferente nombre, a ustedes y a mí se nos han ido ofreciendo chollos que luego no resultaron tales. ¿Recuerdan ese bitcoin de trabajo bien remunerado en el que apenas tenías que viajar y, en ese supuesto, las dietas  serían espléndidas y un fulgurante ascenso en la empresa, gratificaría nuestro esfuerzo? Seguro que ya recuerdan cómo la cruda realidad fue que, después de pasar la semana fuera de casa, con unas dietas aptas tan solo para comer de bocadillos, el ascenso mayor que tuvimos en la empresa fue cuando se mudaron las oficinas al ático de un rascacielos.

Y en amor, ¿quién no ha tenido un bitcoin amoroso en su juventud? Solía ser una encantadora muñequita rubia y estilizada de mirada angelical que ponderaba sin cesar las múltiples virtudes de su mamá, a la que soñaba con parecerse y a la que tú no conocías ni siquiera en fotografía. El día fatal en que te la presentó, la cotización del bitcoin amoroso se desplomó y tuvimos que poner nuestro amor a buen recaudo, yendo en busca de nuevas divisas.

A la hora de escribir esta crónica, parece ser que el valor del bitcoin se desinfla. ¿Estamos ante el principio del fin de esta criptomoneda? ¿Será realmente otra de las burbujas que tienden sus tentáculos ofreciéndonos ser reyes de Midas en poco tiempo? Demos tiempo al tiempo. De momento, ¿saben lo que pienso?

¡Qué bien hice en cambiar a tiempo de trabajo y de novia!


domingo, 28 de enero de 2018



 EL TRIUNFO DE LA POESÍA

El pasado día 26, cuantos venciendo las inclemencias del tiempo se acercaron a la Sala de Actos del BBVA, pudieron deleitarse con un acontecimiento poético que, por su gran calidad, resultará difícil de olvidar.

Dentro de la Programación de los "Los Viernes del Sarmiento", la poeta Alicia López Martínez  deleitó al público asistente con un recital extraído de su extensa producción lírica en donde los poemas clásicos de acertada rima, se alternaron con otros de singular belleza. La originalidad de los textos, la acertada interpretación de los mismos junto con una bien estudiada alternancia de temas, hizo que el auditorio se rindiera ante la vehemencia en la declamación de un poemario, plásticamente bien apoyado por imágenes y sonido.

Como colofón de su recital, Alicia nos explicó un sugerente poema visual que provocó los encendidos y merecidos aplausos del público, que de esta manera premiaba, su magnífica actuación.

Mi papel de presentador no hizo sino adelantar la elegancia y la exquisitez de los versos que escucharíamos a continuación. Cuando aún no se han apagado los sones victoriosos del triunfo de la poesía, la gratitud hacia Alicia por elegirme para este noble cometido, permanecerá siempre en lo más profundo de mi ser.


Con este bello reportaje gráfico, quiero compartir con vosotros algunos instantes de tan memorable evento.

jueves, 25 de enero de 2018

ALICIA  LÓPEZ  MARTÍNEZ

Mañana viernes, a las ocho de la tarde, la Sala Cultural del BBVA en Valladolid (calle Miguel Iscar, 12), se llenará de poesía con los versos de Alicia López Martínez. La escritora, oriunda de Gijón, es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de León y ejerce su labor docente en esa misma ciudad, en la que reside.

Tiene en su haber varios poemarios inéditos y algunos de sus textos han sido publicados en diversas antologías como son Proyecto Pretérito imperfecto donde ha realizado la función de correctora estilística y Ágora de la poesía 2. Es habitual colaboradora en Ágora de la poesía y poeta invitada en la Facendera Artística Leonesa, L’Ekole Poetique, II Encuentro de Poetas Asturleoneses, Recital Poético Internacional “Salomas a la mar” (Asturias), Recital Poético Musical ·”Homenaje a la poeta Sara Pérez Pavés” (Asturias), III Encuentro de Poesía Asturias-León en Langreo (Asturias), XI Encuentro poético Les Cuerriés de Espinaréu, Piloña (Asturias) y Encuentro de Poesía  “Destino Ateneo: León en Verso”.

La poesía de Alicia es más que una concatenación de palabras delicadamente bellas a modo de cascada de sonoridades y mucho más que una mera exposición de sentimientos que resultan agradables de escuchar en un ambiente propicio a recibirlos; cada uno de sus versos es una exposición pública de un "yo" poético que nos descubre un ansia constante de ir más allá de lo cotidiano. Diríase que los versos son transcendentes en sí mismos, que afloran desde la profundidad de su universo interior, siempre en ebullición, siempre cambiante. Juega y dialoga con las palabras que darán forma a sus versos y antes de plasmarlas en papel, pululan en su mente esperando el momento oportuno en el que han de ver la luz.

Poeta sensible, profunda e impactante, escucharla supone una oportunidad para quien quiera deleitarse con la belleza de sus versos.

A modo de anticipo, reproduzco una de sus poemas:


Regálame la lumbre de un brasero,
agótate en mis besos de ambrosía,
zambúllete en un río de agua fría,
y alcanza, entre la espuma, aquel velero.

Ofrece a esta entelequia amor sincero,
pues flores de unos labios serán vía,
de imagen visionaria de poesía
y agónicos destellos de un lucero.

Los versos de pasión y amor secreto
descansan hoy osados en mi lecho
rompiendo con sus dientes satén duro.

Se escuchan los latidos en mi pecho
y al rozar con tus versos lado impuro,
compongo en esta alcoba tu soneto.

 Agradezco la gentileza que ha tenido conmigo Alicia López Martínez al concederme el honor de que sea yo quien la presente.



domingo, 21 de enero de 2018




SABOR Y SABER. Conversaciones sobre el mantel.

El próximo jueves, día 1 de febrero, a las 19,30 h. tendrá lugar en el Ateneo de Cáceres la presentación de esta novela escrita por tres autores de reconocido prestigio: Juan B. Verde Asorey, Valentín Dominguez Cerrillo y Víctor M.Casco Ruiz, que cuenta con las ilustraciones a color de mi hermano, Manuel Malillos Rodríguez.

Según figura en la contraportada, "Los autores de este libro quieren demostrar que todavía es posible un banquete al modo del Deipnosofistas del autor latino Ateneo de Náucratis (siglo III), porque no solo se atreven a disponer sobre la mesa sabrosos platos, sino que revelan sorprendentes historias sobre los alimentos y animan la conversación con jugosos debates sobre la risa, la felicidad, el hombre, la democracia o el amor. No es un libro de recetas. No es un libro de Historia de la Gastronomía. No es un libro de Filosofía. Es un libro donde TODO ELLO se junta, pero sin perder sus esencias".

Según se desprende de este escrito, su lectura parece muy instructiva e interesante y, por la parte que me afecta, con excelentes dibujos a la acuarela de mi hermano, Manuel, que alcanza con este título su quinta publicación, tras el éxito alcanzado ilustrando mi propio libro de "Fábulas carolingias".
Como aperitivo de las diversas ilustraciones que jalonan el libro, os muestro aquí algunas de ellas.

 


El libro perfectamente editado y maquetado por Cristina Medrano Moreno, es de la Editorial Cuatrohojas (www.editorialcuatrohojas,com). 212 págs.


jueves, 18 de enero de 2018

PASAJES DE "CÉCILE. AMORÍOS Y MELANCOLÍAS DE UN JOVEN POETA" (42)
CAPÍTULO VI
La ilusión

El año se inició con los mejores presagios. Conservaba en la boca el dulzor de turrones y mazapanes de fechas recientes, y también, en los labios, otra sensación más dulce y placentera que la anterior: el suave contacto con las mejillas de Cécile. Me encontraba en un estado de ardiente duda, porque si por un lado deseaba verla cuanto antes, por otro, temía que en nuestro siguiente encuentro no se alcanzaran las cotas de embelesamiento sentidas en la última ocasión. Por eso, entretenía la espera imaginándola a cada instante, aguardando con ansiedad el momento de contemplar de nuevo la candidez de su mirada. A Daniel tan sólo le llamé para felicitarle el año, sin quedar para salir, porque no quería forzar la situación ni que se me viera el plumero. Mi poca experiencia me decía que un interés manifiesto por una chica, podría ser contraproducente. Pletórico como estaba, no me costó trabajo plasmar en unos versos la ilusión puesta en ese encanto de criatura en la que pensaba continuamente y que para mí era una reina, por eso me pareció que la composición más apropiada para referirme a ella tenía que ser una octava real. Decía así:

A CÉCILE
A tu lado detecto la fragancia,
la ilusión pura que el afán destila,
flor rutilante de olorosa Francia,
azul de cielo claro en tu pupila.
Por lejos que te encuentres, no hay distancia,
sólo con recordarte, se encandila
la musa que sin ti desaparece,
y contigo, Cécile, resurge y crece.

No habían transcurrido ni unas horas desde que concluí la octava, cuando recibimos una llamada telefónica de Nacho, comunicándonos que llegaría a nuestra ciudad el día cinco de enero, aproximadamente al mediodía. Margarita, que en ese momento se encontraba de compras, al llegar a casa y conocer la noticia, deshaciéndose de los paquetes, brincó y gritó rebosante de alegría. Para entonces, mi madre había comenzado a perfilar los últimos retoques para que todo reluciera como el jaspe; tarea que se continuó en los días siguientes en los que las tatas trabajaron febrilmente para que en suelos, alfombras, cortinas y muebles no quedara mácula de suciedad ni de polvo.
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domingo, 14 de enero de 2018

PASAJES DE "LAS LAMENTACIONES DE MI PRIMO JEREMÍAS" (42)
CAPÍTULO II
La bienvenida
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Mariano se calló y por unos momentos sólo percibimos los chirridos del carromato y el jadeo de las bestias. Jeremías captó la tensión del momento y enmudeció, hasta que al embocar la Plaza Mayor, sirviéndonos de guía, nos señaló con el dedo:
―Esa es la casa del señor cura.
 Luego, dirigiéndose a mí, agitó la mano arriba y abajo, indicando gran cantidad, y añadió:
―¡Ya verás cuántas cosas aprenderemos aquí este verano!
La casa del señor cura, de planta baja como casi todas las del pueblo, deslumbraba con una blancura cegadora como consecuencia de las continuas manos de cal que recibía a lo largo del año. En el pueblo se sabía, por boca del propio Esteban, el albañil, que ésa era la penitencia que don Matías le imponía después de cada confesión «para que en lo sucesivo procures tener tu alma tan limpia como mi fachada».
Don Matías, regordete, campechano, hablador empedernido y muy comprometido con su ministerio sacerdotal, solía acudir cada tarde al bar que lindaba con su casa para tomarse un «carajillo» y echar un tute con las fuerzas vivas del pueblo, aunque su fin era siempre la captación de feligreses. Miraba por encima de las lentes la entrada y salida de los clientes, aprovechando cada ocasión que se le presentaba para granjearse la amistad de los descarriados.
―¡Veinte en copas! ¿Has visto como canto, Manolo?
―Ya veo, don Matías; está usted, muy cantarín.
―Pues si fueras a la iglesia, me oirías cantar… ¡hasta en latín!
Manolo, republicano en excedencia forzosa, que nunca quemó iglesias por huir de ellas, sonreía, y sabiéndose escuchado, le contestaba:
―¡Cómo es usted, padre! Con lo que le gustan los rezos, ¡hace tiempo que tenía que ser Papa!
―Tienes razón en lo de rezar. Rezo mucho, sobre todo por ti, Manolo, y por mi úlcera de estómago.
―No sabía lo de su úlcera ―contestaba Manolo, sorprendido.
―Todavía no la tengo hecha, pero me duele mucho el estómago cuando, desde mi ventana, te veo los domingos jugando a la pelota en el trinquete a las doce menos cuarto. Y tú sabes muy bien que la Santa Misa es a las doce.
―No se preocupe, don Matías. Voy a ver si le curo la úlcera. El domingo me dejaré caer por la iglesia.
―Cáete, pero no te hagas daño ―reía don Matías. Y de nuevo, ya serio, continuaba su partida, colocándose las gafas, arqueando las cejas, recogiendo de la mesa el rey y el caballo de copas y, tras un suspiro, haciendo partícipes a sus compañeros de tute de su íntima preocupación, concretada en un texto evangélico: «Tengo ovejas que no son de mi rebaño, dice el Señor»
A continuación del bar, después de un corralón que continuaba con la casa de Rosario, la Peineta, el carromato se detuvo en la Plaza Mayor, frente por frente del Ayuntamiento, justo ante el portalón de la casa de mi abuelo.






jueves, 11 de enero de 2018

CONVERSACIONES CON ÓSCAR (VII)


.Hay fijaciones que son difíciles de eliminar. A mí me atrae la filmografía de Woody Allen un actor, guionista y director de categoría indudable pero que, en cuestión de gustos, resulta muy controvertido.

Su último film de 2017 se titula Wonder Wheel, película que tiene su atractivo, pero que no figurará como uno de sus más valorados trabajos. Sobre cuatro actores principales: Kate Winslet, Justin Timberlake, Juno Temple y Jim Belushi, Woody, escribe una historia en donde la miseria y la mezquindad del ser humano se manifiesta con crudeza. En este mundo sórdido, no es de extrañar que los gags con los que suele aderezar sus relatos, queden en esta ocasión, reducidos a la mínima expresión y una atmósfera de asfixia y frustración nos acompañe durante la proyección.

Mickey Rubin (Timberlake), un estudiante que trabaja temporalmente en el parque de atracciones y que sueña con ser dramaturgo, cuenta a cámara la turbulenta historia de Humpty (Jim Belushi) operador del parque, hombre rudo y dado a la bebida, con su esposa Ginny  ( Kate Winslet), una ex actriz que trabaja como camarera y que posee un carácter un tanto peculiar. La relación entre ellos, ya de por sí complicada, se vuelve más tensa cuando aparece Carolina (Juno Temple), hija de Mickey, que viene huyendo de unos mafiosos y que intenta reconciliarse con su padre del que se encuentra hace tiempo distanciada.

Ginny, que está casada con un hombre al que no quiere, tiene una aventura con Mickey, sin que ello suponga que ambos tengan la oportunidad de realizar sus sueños. La película se hace a ratos pesada, con un tema ya visionado en otras oportunidades (Un tranvía llamado deseo). Sin embargo, es de justicia destacar la impresionante interpretación que del personaje de mujer frustrada realiza Kate Winslet. Sobresaliente, también, el adecuado vestuario y la excelente iluminación y ambientación de los años 50, en gran parte debida a la mano del Director de Fotografía, Vittorio Storaro. Ya sabemos que Woody Allen cuida al máximo la ambientación y ese aire nostálgico que sabe imprimir a todos sus films.


Película, al fin, cuyo visionado deja un poso de amargura, quizás porque buscamos en el cine que la noria de la fortuna (en este caso de Coney Island) gire llevando a sus personajes a otear panoramas más afortunados.