domingo, 20 de marzo de 2016

PASAJES DE “LAS LAMENTACIONES DE MI PRIMO JEREMÍAS…”(24)

PRÓLOGO  DE  JOAQUÍN  DÍAZ


Quienes vivimos en este siglo XXI, tan complejo como cambiante, solemos considerar las costumbres o las tradiciones como reliquias de un pasado que sólo nos atañe en la medida en que somos capaces de identificar sus resultados con la vida de quienes nos precedieron. Hemos roto en apariencia el vínculo vital con los individuos que hicieron la historia más reciente y nos hemos convertido en espectadores de todo, más pendientes de lo que pasa en las pantallas de los diferentes artefactos que de nuestra propia existencia.
Por eso y muchas cosas más, me parece muy interesante este libro que prologo. Su autor, Carlos Malillos, describe con maestría y desenfado una situación del pasado reciente de nuestro país, que se desarrolla en unos pocos días, y que pese a parecer predecible, llega a sorprendernos y emocionarnos. Me refiero a un antiquísimo " rito de paso", es decir, a ese momento mágico, ancestral, en el que la vida de uno o varios individuos de una comunidad se movía hacia adelante, rompiendo con un pasado rutinario y estableciendo nuevas pautas de comportamiento alentadas por el misterio y la incertidumbre. Carlos, entre la fabulación y la autobiografía, da fe por boca de Álvaro, protagonista y narrador de la novela, de las vicisitudes que a él, en el umbral entre la infancia y la juventud, le acontecen en un pueblo zamorano, adonde ha ido a pasar unos días de vacaciones junto a su familia, desde Valladolid.
Esas vacaciones le sirven al autor para transcribir sentimientos, personajes, situaciones, hábitos, vicios y virtudes de un periodo de la postguerra que recordamos perfectamente quienes tenemos una cierta edad.
Lo importante es ese "rito de paso" en que Álvaro se adentra inconscientemente en un mundo nuevo y desconocido, cuyas normas se grabarán a fuego en su conciencia para siempre. Para ello deberá salir, previamente, de su mundo natural: la ciudad de Valladolid, y exponerse a los peligros de un ámbito siempre hostil: el rural, al que vienen a añadirse los peligros de haberse alejado, como el héroe de los cuentos, de su casa, protectora y segura.
Y como padrino de esta ceremonia está su primo Jeremías, pariente tan lejano en el árbol genealógico, como cercano en el entorno vacacional. Jeremías apadrina a Álvaro, adoctrinándole sobre la violencia que regirá sus relaciones con los demás, recomendándole determinados comportamientos en sus escarceos con el sexo femenino, mostrándole las habilidades que le darán un control sobre la naturaleza y sus misterios.
A cambio, Jeremías le pedirá a Álvaro que sea su confidente en todas aquellas cuestiones que, fuera de su comprensión y condicionadas por un destino adverso, se convierten en motivo de queja con­tra esa mano invisible que repartió equivocadamente los dones y las riquezas. Las lamentaciones de Jeremías, ese primo rural del protagonista, se transforman así en un leit motiv, en unas endechas por la devastación del templo propio y por el dolor de una vida sin futuro que recorren todo el texto, excusa perfecta para el título del libro.
La exquisita habilidad con que el autor maneja la relatividad de lo sagrado: el Alzamiento Nacional, la Gloria celestial prometida por don Matías, el párroco, el rostro artísticamente humano de la Virgen de la Soledad, el brazo incorrupto de Santa Teresa… dejan al lector una sensación de comodidad y de distancia que le acompañará a lo largo de todos los capítulos en que se dividen aquellas vacaciones de 1952, que tanto marcaron a Álvaro: el viaje, el pueblo, la casa del abuelo, la fiesta...
El autor, con maestría, nos hace partícipes y comensales de la mesa familiar, de las celebraciones vecinales, de la Misa y las procesiones patronales, de los preparativos rituales de la Fiesta, del respeto por las normas consuetudinarias, etc. Otros ceremoniales encubiertos, como el desprecio ritual a los neófitos, o hacia quienes no pertenecieran a la fraternidad iniciática, el uso de palabras con un sentido crítico, el bautizo de los miembros de la comunidad con el nombre que en verdad los pudiera definir, o sea, el mote correspondiente, la adscripción de Álvaro a la hermandad de cazadores de ranas, tras una ceremonia tan engañosa como indispensable, convierten la obra de Carlos Malillos en un manual de antropología cuya principal finalidad viene a ser el recuerdo. Revivir para recordar y recordar para revivir.
No obstante, a pesar de mi tendencia ―quizá por deformación profesional― a descubrir hasta en los sucesos más elementales complicados procesos rituales que tratan de conectar al individuo actual con sus antepasados inmediatos, el texto de Carlos es sobre todo un relato divertido y desenfadado.
D. Joaquín Díaz



jueves, 17 de marzo de 2016

PASAJES DE "CÉCILE. AMORÍOS Y MELANCOLÍAS..." (24)
 CAPÍTULO IV
La Compasión

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Cuando el taxi se paró frente al portal de nuestra casa, ya estaba Domi, la portera, haciendo como que barría el suelo, para fisgar a la nueva inquilina, de cuya hora de llegada ya tenía noticia porque, no en balde, tenía a gala decir que “sabía los acontecimientos, antes de que ocurrieran”, aunque algunos vecinos echaran por tierra sus facultades premonitorias al sorprenderla varias veces con la oreja pegada a la puerta del piso del que se percibía alguna conversación.
Con la angustia reflejada en el rostro y agarrada a mi madre, subió Petra en el ascensor, recitando una plegaria “por si las cuerdas de este cacharro se rompen”. Y cuando por fin tata Lola nos franqueó la puerta, se fundió con ella en un abrazo.
―¡Madre del Amor Hermoso! ¡Qué bien te conservas! Se ve que aquí no te matan de hambre, como mi cuñada “la diabla” ―luego se revolvió como una lagartija para preguntar por el que creía “su salvador”―: ¿Y el señorito Álvaro? ¿Dónde está ese santo?
Las respuestas a sus preguntas fueron atendidas de inmediato. Como si su invocación hubiera sido escuchada en las Esferas Celestiales, casi al momento apareció en el salón mi padre, con el rostro circunspecto. Se frotaba lentamente las manos a la altura del pecho, en una clara maniobra para que Petra, que hizo ademán de abrazarle, se contuviera.
―¡Ay Señorito, qué bueno que es usted! Si no hubiese mandado que viniera, en dos meses no tendría ni una onza de carne pegada a los huesos.
Mi padre, con aires de Redentor, abriendo y cerrando comedidamente los brazos, como un predicador, casi le soltó el mismo discurso por el que me reprobó, días atrás:
―Petra, Petra. Si los que somos verdaderos cristianos no nos acordamos de los que pasan necesidades, ¿con qué méritos vamos a pedir al Creador que nos proteja en salud y hacienda? En nuestra casa recuperarás las carnes perdidas porque alimento no te ha de faltar, y en cuanto al trato, serás una más de la familia en agradecimiento al tiempo que estuviste dedicada al cuidado del abuelo Tino.
 Al escucharle, mi madre me miró y se sonrió. Como Petra no cesaba de llorar y sus palabras de agradecimiento eran berridos que no se entendían, cogiéndola del brazo, le dijo con dulzura:
―Ahora no es tiempo de lloros, sino de alegrías. Voy a enseñarte el cuarto que te hemos preparado para que dejes tus cosas. Está junto al de tata Lola, pero a diferencia de aquél, sin ser tan amplio, está mejor situado, porque tiene la ventaja de estar comunicado con la cocina.
Cuando constató el calorcillo de la habitación y la amplitud de la cama y del armario empotrado, no pudo por menos de exclamar:
―¡Un palacio! ¡Esto es un palacio! Y no el cuchitril en donde me tenía encerrada “la diabla”. ¡Que se joda! ―dijo, pateando el suelo―. Seguro que cuando llegue la noticia al pueblo, ni ella ni nadie se va a creer que a mis años vivo como una reina.
Siguiendo sus costumbres y como estaba fatigada por el viaje, a las seis de la tarde tomó un vaso de leche y se fue a la cama. Mi madre comprobó poco después que dormía plácidamente.
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domingo, 13 de marzo de 2016

HISTORIA DE UN CANALLA

Estoy convencido: la sexta novela de Julia Navarro, será un completo éxito de ventas. El nombre de la autora y la campaña de marketing con que las grandes editoriales lanzan sus novedades, hacen que un tomo voluminoso, sea, casi siempre, el socorrido obsequio al que recurre gente poco experta en temas literarios, para homenajear a familiares o amigos cumpleañeros.

El argumento se basa en la narración en primera persona, de la historia de un hombre sin escrúpulos, Thomas Spencer, el cual, aquejado de una grave dolencia, que le advierte de su próximo su final, revisa su nefasta actuación como magnate de la comunicación, en el entramado político y financiero de Nueva York. Para llegar a la desahogada situación económica de la que goza, nuestro protagonista no ha dudado en recurrir a los más bajos y deleznables recursos, imprescindibles para alimentar su enfermiza obsesión por  el triunfo. ¿Qué hubiera ocurrido si en determinadas circunstancias, su forma de proceder no hubiese sido la misma?—Se pregunta Spencer— y la respuesta, contra la lógica que cabria esperar de un hombre abocado a dejar este mundo, es una falta de arrepentimiento total y una autojustificacion  de su conducta pasada.

La autora desarrolla en la acción de la novela dos temas de rabiosa actualidad: la interconexión  de intereses corruptos existentes entre el mundo de la comunicación y de la política, y el maltrato físico y psicológico hacia las mujeres. Quizás haya pretendido con tales argumentos, obtener el interés lector y el éxito de la  publicación. Ambos temas son tratados de forma extensa, aunque un tanto reiterada. Y es que, 864 páginas, son muchas páginas en las que, por muy malo que sea el personaje central, no hay más remedio que repetir canalladas e introducir personajes femeninos que poco aportan al mensaje que se quiere hacer llegar a los lectores, como no sea el distinto comportamiento con las que cada una de ellas, responde a este ser misógino, egocéntrico y nada escrupuloso.
El hecho de que la autora haya querido introducirse en la piel de un personaje masculino, hace que, en ocasiones, el relato carezca de la credibilidad necesaria, pues es sabido que mujeres y hombres respondemos a esquemas psicológicos diferentes. Por otra parte, al estar escrito en primera persona, la autora incurre en el error de suponer que el malvado Spencer, es capaz de saber lo que otros 
personajes están pensando.

En definitiva, una novela que gustará a los seguidores de Julia Navarro, que ha demostrado ser una experta narradora, pero que se le caerá de las manos a más de uno, harto de leer, varias veces repetidas, las repugnantes villanías de este grandísimo canalla.


jueves, 3 de marzo de 2016

UNA INVESTIDURA,  LINGÜISTICAMENTE,  FALLIDA

Durante el día de ayer, he seguido ante el televisor, buena parte de la sesión de investidura, interesado en escuchar las razones esgrimidas por los representantes de los distintos Partidos políticos en un tema tan crucial para nuestro país, cual es la designación del futuro Presidente del Gobierno de la Nación.
Me reservo la opinión que me mereció cada uno, pues mi blog pretende ser fundamentalmente literario. Tampoco citaré nombre alguno de orador, atendiendo al viejo refrán: "Se dice el pecado, pero no el pecador" y, también, porque no quiero que ninguno de ustedes se sienta ofendido. Sí digo, que varios de los oradores intervinientes incurrieron, algunos machaconamente, en un mal uso del empleo del plural: "Ciudadanos y ciudadanas" "Españoles y españolas" " Diputados y diputadas" "Aquellos jóvenes y aquellas jóvenes" etc. etc. son un pequeño muestrario de "muletillas" que tuvimos que escuchar por boca de nuestros representantes. Si su nivel en otras áreas de las Ciencias, la Economía o el Derecho es semejante a su conocimiento del idioma castellano ¡Estamos apañados!
A título informativo reproduzco, lo que al respecto, nos dice el Diccionario panhispánico de dudas de la Real Academia Española:

Uso del masculino en referencia a seres de ambos sexos

2.1. En los sustantivos que designan seres animados, el masculino gramatical no solo se emplea para referirse a los individuos de sexo masculino, sino también para designar la clase, esto es, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos: El hombre es el único animal racional; El gato es un buen animal de compañía. Consecuentemente, los nombres apelativos masculinos, cuando se emplean en plural, pueden incluir en su designación a seres de uno y otro sexo: Los hombres prehistóricos se vestían con pieles de animales; En mi barrio hay muchos gatos (de la referencia no quedan excluidas ni las mujeres prehistóricas ni las gatas). Así, con la expresión los alumnos podemos referirnos a un colectivo formado exclusivamente por alumnos varones, pero también a un colectivo mixto, formado por chicos y chicas. A pesar de ello, en los últimos tiempos, por razones de corrección política, que no de corrección lingüística, se está extendiendo la costumbre de hacer explícita en estos casos la alusión a ambos sexos: «Decidió luchar ella, y ayudar a sus compañeros y compañeras» (Excélsior [Méx.] 5.9.96). Se olvida que en la lengua está prevista la posibilidad de referirse a colectivos mixtos a través del género gramatical masculino, posibilidad en la que no debe verse intención discriminatoria alguna, sino la aplicación de la ley lingüística de la economía expresiva; así pues, en el ejemplo citado pudo —y debió— decirse, simplemente, ayudar a sus compañeros. Solo cuando la oposición de sexos es un factor relevante en el contexto, es necesaria la presencia explícita de ambos géneros: La proporción de alumnos y alumnas en las aulas se ha ido invirtiendo progresivamente; En las actividades deportivas deberán participar por igual alumnos y alumnas. Por otra parte, el afán por evitar esa supuesta discriminación lingüística, unido al deseo de mitigar la pesadez en la expresión provocada por tales repeticiones, ha suscitado la creación de soluciones artificiosas que contravienen las normas de la gramática: http://lema.rae.es/dpd/img/bolaspa.gif.pagespeed.ce.b2UULyyXBr.giflas y los ciudadanos

jueves, 25 de febrero de 2016



ENCUENTRO EN LEÓN

Tal y como estaba previsto, el martes 23, visité el Colegio Maristas Champagnat de León. Hacía tiempo que la charla sobre mi novela: "Cécile. Amoríos y melancolías de un joven poeta", había sido programada con esmero por la profesora Dª Camino Salvador, excelente docente y mejor persona, cuya preocupación por la  buena formación literaria de sus alumnos, es encomiable.

El Acto resultó entretenido y provechoso, gracias a la actitud respetuosa y atenta del alumnado. Durante casi dos horas, disfruté exponiendo las razones que me llevaron a escribir una obra que intenta despertar en los jóvenes lectores, la afición por la poesía y por la música clásica. En el audiovisual con el que amenicé la charla, abundaron los ejemplos poéticos e insinuantes audiciones musicales.

El coloquio que  se desarrolló a continuación, puso brillante colofón a esta entrañable visita. Después de firmar ejemplares di por concluida mi estancia en tan espléndido Colegio del que conservaré por siempre su entrañable acogida, junto a un grabado de la catedral de León que recibí como inmerecido obsequio, por parte de la Dirección del Centro.

Por la tarde, de 6 a 8, estuve en la librería PASTOR, firmando ejemplares de mis novelas, en donde recibí la vista de cuantos leoneses quisieron acercarse a saludarme. Mi agradecimiento a todos ellos por su gentileza, así como a la Dirección y empleados de tan emblemática librería, por el excelente trato y la disponibilidad dispensada.


En suma, una feliz y provechosa jornada. ¡Gracias, León!

domingo, 21 de febrero de 2016


DESTINO: LEÓN

Este Blog que actúa como vocero de mis inquietudes literarias, en múltiples facetas que abarcan desde la primicia poética a la crítica novelista, quiere hoy convertirse en el feliz anunciador de la visita que el martes, 23 de febrero, realizaré a la ciudad de León.

No es éste, lugar adecuado para describir la belleza de cuantos monumentos jalonan con su belleza esta ciudad, pero sí quiero resaltar que León atesora, además de su riqueza arquitectónica, de la que es muestra destacada la Catedral, un ámbito cultural muy importante, en donde el Colegio Maristas Champagnat realiza una labor digna de resaltar, celebrando, año tras año, el DIA de las LETRAS LEONESAS, ya en su XXX edición. Y como quiera que su labor  de difusión literaria no se ciñe únicamente a escritores leoneses, es por lo que tengo el privilegio de haber sido invitado a exponer en sus instalaciones, mi última novela. "Cécile. Amoriós y melancolías de un joven poeta", cuya lectura ya han realizado alumnos adolescentes que cursan sus estudios en dicho Centro.

Agradezco, sinceramente, esta atención y espero que la charla, junto con el audiovisual que proyectaré sobre mi novela no les defraude.

Por la tarde, de 18,00 a 20,00 h., tendré el privilegio de reunirme en la librería PASTOR, sita en la Plaza de Sto. Domingo,  con amigos, conocidos y cuantas personas  quieran acercarse. Allí os espero y firmaré, si es vuestro deseo, ejemplares de mis dos novelas.

De estos acontecimientos, os tendré informados en sucesivas entradas.

jueves, 11 de febrero de 2016

PASAJES DE "LAS LAMENTACIONES DE MI PRIMO JEREMÍAS" (23)

CAPÍTULO I
El Viaje
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Y es que, en efecto, mi madre era, en los momentos difíciles, nuestro paño de lágrimas, pero sobre todo poseía una gran virtud: «escuchaba». A cada uno le dedicaba el tiempo necesario. Margarita ―¡la muy pesada!― estaba casi siempre pegada a ella; le cuchicheaba al oído mil y una confidencias, seguramente relacionadas con su estrenada pubertad, (digo esto, porque a veces, haciéndome el distraído, escuchaba: «…Margarita, no debes comportarte así, con tus catorce años, ya eres una señorita») y jamás, por muy cargante que estuviera, la apartaba de su lado. Con mi hermano Tinín jugaba cuanto fuera preciso, al tiempo que reía sus «gracias», mientras le cubría de besos. Y conmigo… bueno, me da un poco de vergüenza decirlo, pero se ganó mi confianza desde el momento que le confesé estar enamorado de Cristina, la amiga íntima de Margarita y al oír la noticia, no se rió de mí, al contrario, con gesto grave, se me acercó, susurrándome en tono confidencial: «Pórtate como un caballero; Cristina es una gran chica y tú debes ser digno de ella». Esta respuesta confirmaba, de manera inequívoca, lo que desde hacía algún tiempo venía observando al ducharme: equidistante de mis tetillas, sobre la piel blanca que cubría mi esternón, afloraba una incipiente pelambrera. Efectivamente, a pesar de mi voz un tanto aflautada, a mis doce años ya era un hombre «de pelo en pecho», apto para iniciarme en galanteos amorosos. Cristina encontraría en mí el hombre de sus sueños, del que se sentiría orgullosa cuando paseáramos nuestro amor en la plazuela Santa Cruz. ¡Qué importaba la edad! ¡Qué importaban unos cuantos centímetros de menos! El amor acabaría imponiéndose, aún a pesar de que ella coqueteara con Felipe, un grandullón de quinto de bachillerato que pasaba por ser el botín más codiciado entre las féminas de las Carmelitas. ¡Qué plastón de tío!


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domingo, 7 de febrero de 2016

PASAJES DE "CÉCILE. AMORÍOS Y MELANCOLÍAS..." (23)

CAPÍTULO V
La Acogida
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En la puerta, quedamos en contactar en cuanto supiéramos el día en que llegaría Nacho, y nos saludamos intercambiando besos de despedida.
―Es una costumbre muy francesa ―intentó justificar Daniel, cuando besó a mi hermana.
―Es una costumbre que no hay que perder ―dije mientras besaba a Cécile.
―No seas malo… no seas malo ―repitió la muchacha, con gesto complaciente, antes de que su figura se perdiera escaleras abajo.
Era tal la ilusión que sentí al cerrar la puerta, que creí que una nueva resurrección se operaba dentro de mí. Recapitulando los momentos vividos, compuse este sexteto que titulé “Algo está cambiando” en referencia a la ilusión que la presencia de Cécile me proporcionaba.

ALGO ESTÁ CAMBIANDO
Por fin la oscura noche ve la aurora.
El corazón ya libre y antes preso,
quiere lanzar al aire melodías.
Revivo con pasión, hora tras hora,
el momento feliz, tu dulce beso,
que borró de mi ser melancolías.

Aquella noche pensé con todo fundamento, que el Cielo, de cuya existencia llegué a dudar, se ocultaba en algunas personas de este mundo. Y yo acababa de encontrarlo. ¡El Cielo era Cécile!
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Fotografía de Santos Pintor Galán

domingo, 31 de enero de 2016


ÁNGELA HERNÁNDEZ BENITO

Esta excelente poetisa y escritora salmantina, afincada en Valladolid desde hace más de cuatro décadas, ha recibido el pasado día 28, un merecido homenaje con motivo de su cese por jubilación como Directora de la Casa Museo de Zorrilla. Al Acto, que resultó  emotivo y sumamente entretenido, se sumaron representantes de varios colectivos que tienen como espacio multicultural la Casa del ilustre vallisoletano.

Ángela es una mujer estudiosa de la obra de Zorrilla que ha sabido dirigir sabiamente la andadura cultural del lugar donde viviera el poeta, haciendo que, en poco tiempo, pasara de frío Museo, a lugar de encuentro de múltiples colectivos potenciadores de la poesía, la narrativa, el teatro o la música.
Ganadora de numerosos premios literarios: José Rodao" "Antonio Reyes Huertas" "Relatos breves de mujer" , entre otros, así como el premio internacional "Vivendia- Villeirs", ha sido galardonada en multitud de ocasiones en reconocimiento a su labor en pro de la cultura. Ha escrito varias novelas de corte intimista, la última de las cuales, "Escribo para decirte que te odio" , que ha sido traducida a varios idiomas, toma como punto de partida la vida del escritor, Ángel Vázquez Molina.

Pese a su enorme altura literaria, Ángela destaca por su sencillez y cercanía a cuantas personas hemos tenido la suerte de conocerla y charlar con ella. Merecedora del cariño de todos nosotros, deseamos  que continúe su apasionante vida, disfrutando con la creación, más sosegada ahora, de su obra literaria.

Durante su homenaje, recibió junto a otros regalos, un libro con trabajos inéditos de sus amigos escritores, entre los que tengo la fortuna de encontrarme. Os dejo, mi aportación:

En la Casa-Museo, el viento mece
el jardín, barruntando despedida.
Dejó Ángela aquí su media vida
de la otra media, hoy es el empiece.

Hay un silencio hablado, me parece,
de poesía, en el verdor leída,
o quizás, por su  ingenio entretejida,
junto al balcón donde la parra crece.
Extrañarán los muros su figura,
la dulce voz, el juicio y el consejo
que a todos prodigaba con dulzura.

La virtud en el verso, su manejo,
quedará como ejemplo de escritura,
para mirarse en ella como espejo.

                                    

jueves, 28 de enero de 2016


LA HOGUERA DEL ODIO

Ayer fue el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, y por eso, he creído oportuno traer a mi blog una referencia, crítica, de la novela "La hoguera del odio", escrita por María Barbancho;  novela que me dedicó la autora en una de sus visitas a Valladolid, allá por el mes de mayo del pasado año. Desde entonces, he alternado su lectura con intervalos de abandono. Las tareas en las que estoy embarcado me impiden dedicar un tiempo continuado a narraciones que superen las 300 páginas, y ¡ésta tiene 702!. Espero, me disculpéis, esta característica de "Guadiana lector", al igual que hacéis con muchas de mis múltiples limitaciones.  

La novela narra en flash-back la historia de la familia Von Fischer, que comienza cuando la abogada Nehira Fischer recibe en herencia una maleta con documentación acerca de la historia de su familia. Tras unos prolegómenos en los que se narra el nacimiento del nazismo después de concluida la I guerra Mundial, el relato se centra en la apasionante historia de amor acaecida entre el nazi, posteriormente arrepentido, Christian Von Fischer y la judía Moria Fresser. Un amor, por cierto, épico, inconmensurable, capaz de vencer todas las dificultades que se entrecruzan en su tortuoso camino, y que no son pocas. No obstante, la razón de ser de la novela radica, como eje central de su argumento, en la descripción del nazismo y de sus horrores, motivo más que reiterado en un sinfín de películas y de publicaciones, que nunca está de más recordar como enseñanza del pasado. ¡Lástima que no existan igual número de referencias dedicadas a comentar los errores bolcheviques o las atrocidades japonesas!


La descripción de todas estas crueldades, referidas a hechos no ficticios, está bien documentada, por lo que es de elogiar el buen trabajo de recopilación llevado a cabo por María Barbancho, material, que por otra parte, es posible encontrar en enciclopedias o por testimonios directos de los supervivientes. La descripción de ambientes y la fluidez de la narración son dos grandes cualidades de la escritora que ayudan a " digerir" tan extenso relato. Tal vez la parte ficticia de la narración, no convenza tanto, por cuanto los protagonistas, más que dirigir la acción novelada, parecen servir como pretexto para el propósito último, que no es otro, que la condena del nazismo: meta, para nuestro bien, alcanzada. Recordemos aquí las palabras del filósofo Jorge Santayana:"Quien olvida su historia está condenado a repetirla".

domingo, 24 de enero de 2016


PASAJES DE " CÉCILE. AMORÍOS Y MELANCOLÍAS..."  (22)

CAPÍTULO I
La Ostentación

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El señor Echegáriz rivalizaba con mi padre en el uso de la palabra. Se notaba que en el ejercicio de su profesión, había adquirido destreza en los diferentes modos de entablar conversación, de amistad o comercial, con quien tuviera delante.
―Soy vasco de toda la vida ―comenzó diciendo―, pero en cierta ocasión en que fui a León acompañando a mi difunto padre ―dijo, cerrando los ojos en una sincera evocación―, tuve ocasión de conocer, amén de las murallas de la ciudad, la casa de los Botines, el Palacio de los Guzmanes, San Marcos y las vidrieras de su magnífica Catedral, un monumento de carne y hueso que cambiaría el rumbo de mi vida: la hija de unos clientes de mi progenitor, llamada Camino. Quedé tan prendado de esa mujer, que al poco tiempo la pedí en matrimonio, y no pudiendo traerme a Zarautz a “la Pulchra leonina”, me traje a las Vascongadas, esta preciosa mujer que ha enriquecido mi vida con estas tres joyas ―dijo señalando con el índice a sus hijos, ante una ruborizada esposa.
                                                         
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domingo, 17 de enero de 2016

PASAJES DE "LAS LAMENTACIONES DE MI PRIMO JEREMÍAS"(22)

CAPÍTULO I
El Viaje

Bajo un cielo limpio y un sol empeñado en terminar de secar la mies que aún quedaba en pie, surgieron de repente ante mis cansados ojos las cúpulas de la catedral de Salamanca, convertidas por los juegos de luces mañaneras en una suerte de gigantes nacarados.

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CAPÍTULO VII
Se acerca la Fiesta

A la puerta del bar de Rufino las cuadrillas, fumando, comentaban acerca de la fiesta, en tanto que los porrones iban de mano en mano. De pie, envalentonado por el alcohol, Rafa, el Gasolina, cantaba intentando imitar a su tocayo Farina, con estrofas que le salían del alma.
Salamanca campero
Toro, torito fiero
Con divisa verde y blanca
Ay que te quiero, te quiero
Ay que te quiero, te quiero
Ay que te quiero
Cuanto te quiero ay… mi Salamanca.
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CAPÍTULO IX
Post festum, pestum
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Mira hijo: si tu tío dijera en todo la verdad, no habría puesto como pretexto necesitar una guía para ir hoy a Salamanca a conocer la ciudad y sus monumentos.
Jeremías se quedó turbado al oír la noticia. Entre otras razones porque su tío le había prometido enseñarle «cualquier día de éstos», la catedral, el convento de San Esteban y la Casa de las Conchas, y sobre todo la Plaza Mayor, que en su opinión le dejaría con la boca abierta, porque una Plaza tan incomparablemente bella, no se la puede encontrar ni siquiera en Francia.
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CAPÍTULO X
Últimos días de vacaciones
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Muy de mañana, con el abuelo abrigado en demasía para el calor que se presumía iba a hacer cuando el sol apretara, partió la comitiva hacia Salamanca. El abuelo subió a duras penas al coche izado suavemente por los portentosos músculos de Abel, el taxista de Corrales.
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De regreso al pueblo y seguramente debido al calor, el abuelo, desorientado, dijo al taxista:
―Cuando lleguemos a la capilla del Cristo de Morales, ya sabes que debes parar. Quiero rezarle lo mismo que hacía cuando vivía la Macrina y de paso aprovecho para orinar, no siendo que luego tengas que secar las alfombrillas.
―¡Pero qué dice usted, don Constantino! ―respondió Abel―. Venimos de Salamanca, no de Zamora.
―Tienes razón ¡qué cabeza la mía! ―dijo, el abuelo―. Entonces párate cuanto antes, aunque no hayamos llegado a Topas.
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jueves, 7 de enero de 2016


ALBERTO HERNÁNDEZ

Hasta la fecha, no he tenido el placer de conocer personalmente a este gran poeta y periodista venezolano y parece poco probable que tal hecho pueda producirse. Un océano por medio me lo impide; sin embargo, gracias las nuevas tecnologías y a un cúmulo de casualidades, o mejor dicho, de causalidades, tengo la fortuna de seguir sus escritos desde no hace mucho tiempo en facebook, en donde publica con regularidad "Crónicas del olvido", unos magníficos epistolarios en donde desfilan personajes de todo tiempo y lugar; espléndidos retratos de gente sencilla o de poetas renombrados a los que la experta pluma del escritor alumbra, rescatándoles del olvido a los que les conduciría el tiempo, que con su transcurso, todo lo empolva. Desde la más estricta objetividad  sus vidas y su obra poética son analizadas con una prosa cuidada y cercana al lector; prosa que, las más de las veces, es prosa poética y en la que la nostalgia de tiempos pasados o el resquemor por la actual coyuntura por la que atraviesa su país, son una constante subyacente.

Venezuela es para nuestro hombre su país de origen, y también Venezuela fue el destino soñado, "el dorado" al que emigró una prima carnal mía cuando los pozos petrolíferos suponían un poderoso atractivo para los españoles que por aquellas fechas se morían de hambre, cuando no de vergüenza, tras una guerra cruel como todas, pero además fratricida como ninguna, en la que mostramos al resto del mundo sin ningún éxito, (como se vio meses más tarde), lo que es pasar calamidades.
Mi prima, casi centenaria, ha creado una familia en Caracas, y el vínculo que me une con ella, reforzado en los últimos tiempos, ha sido acicate más que suficiente para interesarme  por el país que acoge parte de mi sangre. En este aprendizaje he contado con la ayuda de parientes y amigos y la causalidad se convirtió en casualidad cuando contacté con Alberto Hernández. No somos parientes, aunque  su primer apellido sea el cuarto de mi padre, lo que indica claramente el mestizaje y el origen hispano de muchos venezolanos. De la poesía de Alberto Hernández me encantan sus aforismos (Crónicas de un desatino) y de sus escritos, la profundidad de un pensamiento que se ensortija con un léxico del que he rescatado en propio provecho varios vocablos que, aunque admitidos por la R.AE., no son de uso frecuente en España. ¡Grandeza del idioma!

Os recomiendo, leáis con atención sus "Crónicas" para adentraros en el acervo cultural de Venezuela y también su excelente poesía, aguda, filosófica y, en cierta forma, profética.


domingo, 27 de diciembre de 2015



ZAMORA, ZAMORA

Ya he comentado varias veces en mi blog, que cada vez que visito Zamora, siento una emoción especial. Sus iglesias , palacios y el cinturón amurallado que la rodea con el Duero tendido a sus pies, son motivos más que suficientes para evocar, nostálgicamente, los años felices de mi infancia, cuando correteaba por sus calles.



El día 18 de este mismo mes de diciembre, tuve oportunidad de dar dos charlas sobre mi novela. "Las lamentaciones de mi primo Jeremías" a los alumnos de 1º y 2º de ESO, que realizan sus estudios en el Instituto "Río Duero". La invitación cursada por el Departamento de Lengua y Literatura Castellana, cuya jefatura ostenta Dª Verónica de la Prieta, me llenó de satisfacción y el recibimiento, cuidadosamente preparado, me sorprendió gratamente: En las paredes que daban acceso a la Sala de Conferencias, colgaban carteles con datos de la novela, de mi biografía y algunos poemas extraídos de mi blog. ¡Todo un detalle, que agradezco infinito! Por si esto fuera poco, mis explicaciones fueron seguidas con gran interés por el auditorio, que tuvo oportunidad de preguntarme acerca de situaciones y protagonistas de la novela, en una ambiente relajado y tranquilo, pese a la cercanía de las vacaciones.

Mi agradecimiento más sincero a profesores y alumnos por su acogida y amabilidad.


Por la tarde, antes de firmar ejemplares en la Librería "Mil Hojas" tuve ocasión de recorrer la ciudad de punta a punta, saboreando la belleza monumental que atesora, de manera que, cuando regresaba a mi lugar de origen, una sensación de felicidad me embargaba.