jueves, 16 de enero de 2020



PASAJES DE ·CÉCILE. AMORÍOS Y MELANCOLÍAS DE UN JOVEN POETA" (64)
CAPÍTULO X
La Ambición

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Esta frase, que quedó flotando en el ambiente junto a las volutas de humo, la pronunció cerrando los ojos y levantando los brazos, como si estuviera declamando. Otras muchas muletillas de este tipo escucharía en los días venideros; con ellas jalonaba su exquisita conversación, siempre educada y correcta, tratando en todo momento de no establecer distancias entre profesor y alumno. Al principio desconocía si esas filigranas lingüísticas eran de su propia invención o si procedían de textos ajenos, que retenía en la memoria para adorno de su entretenida conversación. Con el tiempo, y a medida que aumentaban mis conocimientos literarios, me fue desvelando el origen de algunas de estas frases y la obra de la que procedían, aunque, en general, eran producto de su invención y las pronunciaba tan espontáneamente y con tanto gracejo, que le retrataban como un hombre culto y singularmente genial. A mí tanto me daba que fueran suyas o que procedieran de otros escritores, porque lo que yo admiraba de mi profesor era el oportunismo con el que las insertaba en nuestro diálogo y la vena poética que rezumaba al declamarlas.
Las primeras clases fueron algo áridas y de duro trabajo, dado mi supino desconocimiento para poder diferenciar el tipo de oración que se me proponía y el lugar en que debía ubicarla en una clasificación que él se esforzaba en explicarme, atendiendo a si eran simples o compuestas, y dentro de éstas, si pertenecían al grupo de coordinadas, subordinadas o de yuxtaposición, con las consiguientes subdivisiones de cada una de ellas. ¡En fin!, un lío morrocotudo del que no sabía salir airoso, aunque mis fallos nunca le desanimaban, al contrario, recitando teatralmente, me decía: “Tu desconocimiento es enorme, como un océano ―para luego, con un sonrisa, añadir―: Pero no te preocupes, que en lo profundo de los océanos se encuentran los tesoros más valiosos”.
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domingo, 12 de enero de 2020



PASAJES DE "LAS LAMENTACIONES DE MI PRIMO JEREMÍAS" (64)

CAPÍTULO IV
Conociendo el pueblo


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En aquella cocina uno se podía poner de cualquier manera, menos cómodo. En un ambiente tan cargado, tenía la impresión de que el banco y los taburetes estarían impregnados de hollín o de grasa, y decidí continuar de pie, intentando aspirar el poco aire que circulaba por el pasillo.
Cuando mi tía entró en la cocina, me besó y me dijo con la mejor de las intenciones:
―He preparado para ti una comida especial; espero que te guste. Tenemos de primero, arroz a la zamorana y, si te quedas con hambre, conejo al «mecagüen» ―dijo, entre sonrisas.
―El arroz me encanta ―apostilló Jeremías―, pero ya es la cuarta vez que como conejo esta semana.
―No te quejes y da gracias a Dios ―le contestó Lucía―, que a tu padre, esta temporada, se le está dando bien bichear en los bardos del Parranda.
―Con tanto bichear, un día de estos a padre le va a sorprender la guardia civil y va a tener que dormir en el cuartelillo.
―¡Ojalá, bendito de Dios! Así apreciará lo que tiene en casa y de paso deja descansar el hígado. No creo que los guardias le den aguardiente para desayunar ―dijo Lucía, tomando con una cuchara de brezo un poco de arroz para hacer la probatura.
―¡Exquisito! Ya va cogiendo el punto. Lo voy a retirar del fuego para que repose y, entre tanto, Jeremías, vete poniendo la mesa ―dijo Lucía, satisfecha.
Hasta ese momento, yo creía que poner la mesa consistía en vestirla con el mantel, sacar las servilletas y colocar todo lo necesario para poder comer, como platos, vasos y cubiertos, pero en casa de mis tíos tenía otro significado, porque todo lo que hizo Jeremías fue separar la gaveta de la pared, arrimar el banco y los taburetes, colocar encima de la mesita una gruesa plancha de madera y anunciar:
―Madre, ya está puesta la mesa.
Con la mesa «puesta» en medio de la cocina, el arroz a la zamorana viajó, en brazos de Lucía desde el hogar hasta la plancha de madera, donde reposó tan sólo el tiempo que tardó mi tía en repartir a cada uno una cuchara de madera.
―Vamos a comer rápido, antes que se nos pase el arroz, como le sucedió a Justina, la Piquer, que cantando coplas de su artista favorita, no se dio cuenta de que de moza es cuando una tiene que echarse novio y ahora a los cuarenta está más sola que la luna ―comentó Lucía en tono jocoso.
―¿No esperamos a padre? ―preguntó Jeremías.
―Como esperemos a tu padre ―respondió Lucía― puede que en vez de arroz, comamos engrudo. Mariano hace lo mismo que un buen representante de vinos; no vendrá a comer hasta que no haya visitado la última cantina. Si viene a pie, a gatas, o lo tienen que traer, pronto lo sabremos. A veces no sé como el Mecagüen da con la casa ―concluyó Lucía, mofándose del apodo de su marido.
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jueves, 9 de enero de 2020


EL ROSCÓN DE REYES

Volver al trabajo tras unos días de descanso, produce en el ánimo, una resistencia difícil de superar. Tras la ducha, Raimundo se dispuso a desayunar con evidente desgana. Tenía la moral baja, y el estómago le protestaba con sensación de llenura, después de unos días en las que había abusado del marisco, de los dulces y de los licores tan propios de las fechas precedentes y a los que su organismo no estaba acostumbrado a ingerir en tanta cantidad. Quiso acompañar el café con un trocito de pan con fiambre, pero su mujer se lo desaconsejó: "No tomes el jamón de york. Aún queda mucho roscón de Reyes y ya sabes que la nata lo puede echar a perder".

Ante tan precisa recomendación, dirigió la mirada hacia un extremo de la península de la cocina. Todavía, encerrado en una brillante caja, descansaban los restos del roscón del día anterior. Quedaba bastante más de la mitad, si bien se encontraba horadado en varios puntos y mancillado por la curiosidad de su hijo pequeño, siempre dispuesto a encontrar el regalo escondido y el haba. El primero sería para el explorador y el haba, para su padre, al que entregaba la legumbre entre las risas de la familia.
Tomó un trocito del empalagoso dulce, no pudiendo evitar que la nata manchara sus labios y parte cayera sobre el mantel. "Maldita nata", dijo, para luego arrepentirse,  porque por similitud fonética, recordó a Natalia, una joven recién licenciada que ocupaba desde noviembre el puesto de asesora en la misma consultoría en la que él trabajaba y en la que no había dejado de pensar desde entonces. Se limpió la boca con cuidado, meditando la locura que suponía para un hombre casado como él estar absorto repasando imágenes que su cerebro reproducía sin cesar.

"¿Me puedo firmar este escrito o espero un poquito, don Raimundo?" Peticiones como esta o parecidas, resonaban en sus oídos con musicalidad aterciopelada y cuando ella se colocaba a su lado para señalarle el lugar exacto en donde debía estampar la firma, tardaba a propósito un tiempo en encontrar las gafas, se las colocaba sin ninguna prisa e, incluso, hacía un comentario banal sobre el tiempo; todo con tal de sentirse embriagado, por unos instantes, por el aroma que exhalaba la joven.

Aquel siete de enero, al incorporarse al trabajo, Natalia le recibió con la mejor de las sonrisas. "¿Sabe, don Raimundo? El director me ha dado una gran sorpresa: me ha concedido el traslado a Madrid en donde podré reunirme con  mi amorcito". Un silencio de segundos invadió la estancia. "¿No me dice nada?" . "Sí, sí, claro... me alegro mucho. Perdona, estaba despistado", respondió Raimundo totalmente atorado.

"Bueno, antes de despedirme—dijo la joven— quiero darle las gracias por la cordialidad con que me ha tratado en el corto espacio de tiempo que he compartido con usted. No lo olvidaré fácilmente". "Para mí también será difícil olvidarte", agregó Raimundo, sin que su subordinada se percatara del verdadero sentido de sus palabras.

De vuelta a casa, Raimundo preguntó por el roscón. " No queda nada, papá. Nos lo hemos comido entre mis hermanos y yo—dijo el niño pequeño—, pero te he guardado el haba".




domingo, 5 de enero de 2020


GOZOSO DÍA


Hoy no hablaré
de corazones desgarrados
ni del discurrir del tiempo,
cilicio contumaz de la existencia.
Hoy, solo voy a dejarme arrastrar
por la corriente del amable recuerdo,
hasta donde pueda,
hasta que el ahíto cerebro
grite no querer más,
inundado de ideales sensaciones.

Que mi boca cante lo que calló hasta ahora
y lata el corazón sin temor a lastimarse.
Al iniciar la senda de un nuevo año
siento la fuerza adicional
del sol acariciándome el cuerpo
con dubitativos rayos.

Quiero añorar tus manos y presagiar
la suavidad de su roce en mi rostro.

¿Vanas ilusiones? Lo desconozco...

Pero se han vuelto a iluminar las oscuras grutas
en donde reposan amenazantes pensamientos.

Hoy solo quiero sentir el amor
por las venas endurecidas de mi ser,
con un deseo enorme de vivir esperanzado
y de poder hacer en paz mi recorrido.

Fotografía de Pedro de la Fuente.


domingo, 29 de diciembre de 2019




FERNANDO SALDÓN BARCENILLA


Es Fernando, entre mucha cualidades, un ejemplo de hombre honesto, ilusionado, artista  infatigable y enamorado del dibujo y la pintura, tareas a las que dedica buena parte de su tiempo libre.

Nos conocimos a través de Facebook, y así supe que preparaba en Palencia una exposición de dibujos a plumilla. No falté a la inauguración de la muestra y allí tuve ocasión de saludarle personalmente, saber de la cordialidad y el cariño con el que me recibió y trató, además de comprobar la calidad de sus cuadros, que son verdaderas obras de arte. Desde entonces nos hicimos amigos, manteniendo a través de messenger puntuales noticias de nuestra mutua actividad. En este último septiembre acudí de nuevo a la Biblioteca Pública de Palencia en donde su postrera exposición batió récord de asistencia de público.

La generosidad de Fernando llega a tal extremo, que prometió regalarme un dibujo a plumilla sobre el tema que yo eligiera. Me descanté por el edificio de la Academia de Caballería de Valladolid del que él me iba mostrando, paso a paso, detalles de su ejecución. Para corresponder a tal esplendidez, yo preparaba, calladamente, un soneto dedicado a su arte y a su figura.

El día 20, con motivo de mi visita a Palencia, tuvimos ocasión de vernos y hacernos mutua entrega de nuestros trabajos. Ambos regalos quedan aquí reflejados.






A  FERNANDO  SALDÓN  BARCENILLA

Iglesias y murallas se te ofrecen
pidiendo ser plasmadas por tu mano
 y tú, siendo Fernando, tan cercano,
las llevas a tu estudio y ahí florecen.

Sobre el papel las piedras reverdecen
irguiéndose con aire tan lozano
que a pesar de su origen, ya lejano,
refulgen con la gloria que merecen.

Ante tanta belleza cautivado,
pienso si es don que en tu plumilla habita
o que un ángel dirige su trazado.

Y así, mirando el cuadro, ensimismado,
el corazón rendido me palpita
al sentirse de gozo alborozado.

 Las paredes de nuestros respectivos hogares lucen estas Navidades con dibujo y poesía y dan testimonio de una amistad que ha de perdurar por siempre. ¡Gracias, Fernando!



jueves, 26 de diciembre de 2019


AGRADECIMIENTO


Queridos amigos: Coincidiendo con mi cumpleaños, he recibido muchísimas felicitaciones, tantas, que únicamente pude contestar a algunas, pues no tuve tiempo material de responder a todas. El día de Nochebuena es tan especial, que debo repartir mi tiempo entre visitas y llamadas de familiares y amigos y esto me resta posibilidades de trataros como os merecéis. Por eso, con más calma, he compuesto para vosotros estos tercetos encadenados rematados con un serventesio, que sirvan de agradecimiento para todos y muy especialmente, como expiación para los que no obtuvieron de mí respuesta.

Os he de confesar, amigos todos.
que el martes recibí tal aluvión
de mensajes escritos de mil modos

que resultó difícil la misión
de responder a tiempo, y lo siento,
tanta muestra de felicitación.

Poco a poco notaba el incremento
de notas que llegaban sin cesar
juntándose sin darlas cumplimiento

pues el móvil no dejaba de sonar
con llamadas de otras amistades
que no pude dejar de contestar.

Resumo: Al cumplir ciertas edades,
se acabaron los tiempos de acrobacias
pero siempre tendrás mil amistades
a quien luego poder darles las gracias.



domingo, 22 de diciembre de 2019


 VISITA AL COLEGIO BLANCA DE CASTILLA. PALENCIA

Como si se tratara de un ritual y cuando está a punto de concluir el primer trimestre escolar, llevo varios años visitando a este emblemático Colegio palentino al que me siento ligado de una manera especial por la amistad que mantengo con Fran Ganges, profesor de Lengua y Literatura en tan prestigioso Centro.

Además, tengo la gran fortuna de que, entre los Centros educativos que eligen mis novelas dentro del Plan para el Fomento de la Lectura, el "Blanca de Castilla" se encuentra a tan solo 50 Km. de distancia de mi localidad de residencia, lo que me permite desplazarme hasta allí y así conocer y dar una pequeña charla a los alumnos que previamente han leído mis publicaciones.

Motivo de satisfacción es saber que mis explicaciones van dirigidas a alumnos de 1º y 2º de bachillerato, en donde en otros Centros suelen recomendar la lectura de autores consagrados cuando no "Clásicos", lo que otorga a mis escritos una cierta prestancia. En esta ocasión puedo afirmar, que la experiencia ha resultado muy positiva, sin duda, por la excelente educación de los alumnos que han escuchado con exquisita atención  cuanto les he comentado, lo que ha hecho que el tiempo se me pasara volando y que, al terminar,  me quedara con una sensación tan positiva que sería una gran suerte que el próximo año pudiera visitarles, si de nuevo soy requerido.

En el presente Curso, "Las lamentaciones de mi primo Jeremías" fue la novela que leyeron los más jóvenes, siendo ·Cécile. Amoríos y melancolías de un joven poeta" el título comentado por los futuros universitarios.

Para un profesor jubilado, volver a un aula y poder dialogar con el alumnado, es una experiencia que me aporta una gran dosis de energía. Por unas horas, me parece entrar en un túnel del tiempo que me da pie a revivir momentos pasados cuando mi jornada laboral discurría rodeado de jóvenes. Por esto, por  la buena acogida recibida por parte del profesorado y por infinidad de detalles que han tenido conmigo cuantos he tenido el placer de conocer, me siento agradecido y satisfecho.

En el viaje de regreso, repasaba todas estas sensaciones antes del paréntesis vacacional. Después, otros centros escolares me esperan para seguir aportándome gratificantes experiencias.


Fotografías de Fran Ganges.


jueves, 19 de diciembre de 2019



Crónicas de mi Periódico                    19 de diciembre de 2019


NAVIDAD, NAVIDAD


Me encantan las luces navideñas, el ajetreo mercantil de tiendas y restaurantes, el apresurado ir y venir de mayores y pequeños sosteniendo en sus manos paquetes delicadamente envueltos y la alegría que transmite escuchar, mientras paseas, las dulces notas de un villancico. Disfruto contemplando el pálpito de la ciudad enfebrecida y entregada a la siempre grata sensación de ser visitada por los que regresan para gozar, siquiera por unos días, de la presencia de familiares y amigos. Quisiera deducir de lo que escucho y veo que me encuentro en un paraíso de felicidad  y que esa bendita sensación hace de mi pequeño mundo un oasis de bienestar en una sociedad extraordinariamente convulsa.

Por unos días me parece que todo es Paz y Amor. El personal se olvida de los problemas que les angustian, de la carestía de la vida, del futuro incierto de la nación y del pariente con el que no hay manera de entablar una relación un poco más cordial. La buscada evasión de las circunstancias que nos rodean, nos lleva incluso a olvidarnos del temido enero y de su interminable cuesta...  

Imprimimos tal velocidad a nuestro apresurado caminar, que llegamos a olvidarnos hasta del fin último que la Navidad representa. Una sociedad cada vez menos creyente, va arrinconando los signos sagrados sustituyéndolos por otros consumistas cuando no paganos. En mi ciudad, cada año adquiere más altura "el árbol de los deseos" mientras se achica el espacio dedicado al belén. Fuerzas que trabajan por el bien animal impiden que las inocentes ocas se paseen felices en la Cabalgata de Reyes, en tanto que organizan un desfile prenavideño, en torno a Papá Noel y otros muchos personajes de la factoría Disney. más espectacular y deslumbrante que el tradicional de la noche mágica del cinco de enero ¡Todo un contrasentido!

En la Plaza Mayor, sólo dos casetas ofrecen figuritas de belenes, los veinticuatro restantes venden churros, dulces, quesos, artesanía, etc. etc.... Convirtiendo el recinto en un mercadillo, que podría organizarse en cualquier otra fecha del año.

Caminamos hacia una paganización en la que cualquier defensor de los valores tradicionales corre el peligro de ser tachado de carca o de anticuado. Y mientras muchos se apresuran a celebrar la fiesta en honor de quien no creen, pocos reparan en que un Niño anuncia con su venida la salvación de este enloquecido mundo. Yo defiendo la tradición y el derecho de cada uno a vivir la fiesta como más le guste, pero también quiero que se escuche mi voz: La Navidad de hoy se está vaciando de auténtico contenido y corremos el riesgo de acabar también vacíos de experiencias profundas; aquellas que, a semejanza de las queridas por el recién nacido, preconizan disfrutar con mesura, compartir como medio de paliar la pobreza y eliminar desigualdades.

Si llegamos a convencernos de que la felicidad no radica en las luces de neón ni el consumismo y sí en el compartir y luchar por la justicia, iremos en la buena dirección. Entonces las fiestas navideñas recobrarán su original y transcendental sentido.

¡Feliz Navidad a todos mis amigos de Facebook!

 Fotografías del autor.





jueves, 12 de diciembre de 2019



PASAJES DE "CÉCILE. AMORIOS Y MELANCOLÍAS DE UN JOVEN POETA" ( 63)
CAPÍTULO X
La Ambición
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Con cierto atropellamiento, narré la inesperada visita de los señores de Echegáriz y el imprevisto desenlace de la ruptura de relaciones entre Margarita y Nacho. De “mis acompañamientos” con Arancha, di únicamente algunos pequeños detalles, y debí de hacerlo tan bien que Cécile no me hizo ninguna referencia a ella, pues su preocupación se centró en la figura de mi hermana.
―¡Cómo siento lo de Margarita! ¡Parecía tan enamorada! ¿Quién iba a pensar que Nacho la tuviera engañada? ―Después, un tanto cabizbaja, trasladó su preocupación a nuestra situación―: A nosotros no nos pasará lo mismo, ¿verdad?
―¡Imposible! ―afirmé rotundo―. Sin tu amor, no podría vivir. Además, en lo nuestro no existe la palabra “FIN”. Un achuchón correspondido ratificó que Cécile compartía mi pensamiento.
El frío de la noche se metía en nuestros cuerpos, aunque nuestras almas habían reavivado el fuego de la pasión con la charla que mantuvimos. El reloj de la Catedral daba las nueve, hora límite para el retorno, cuando la despedí en el portal con un tierno beso. Después de lo vivido aquella tarde, me pareció demasiado premio para mis merecimientos.

El día que Daniel me presentó a don Julián Clavijo, tuve la intuición de que su carácter templado y su sonrisa franca avalaban que me iba a sentir a gusto en su compañía, y el tiempo me dio la razón. Cuando llamé a su puerta para recibir la primera clase, oí antes del consabido “Ya va”, el deslizar de sus zapatillas por el pasillo. Al franquearme la entrada, una sonrisa bonachona acompañó su saludo de bienvenida, mientras nubes de humo azulado, desprendidas del puro que sostenían su labios, se mezclaban con el impoluto aire del descansillo.
―Cada vez me cuesta más trabajo andar; voy a dejar una llave del piso debajo del felpudo ―me anunció, con familiaridad―, así podrás entrar sin tener que llamar: eres un joven poeta y la poesía siempre ha tenido el paso expedito en mi casa.
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Fotografía de Santos Pintor Galán.




domingo, 8 de diciembre de 2019



PASAJES DE "LAS LAMENTACIONES DE MI PRIMO JEREMÍAS" (63)

CAPÍTULO IV
Conociendo el pueblo
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La última casa del barrio del Barrero era la de mis tíos. Lindaba con una huerta, y esta circunstancia le favorecía, porque podía pasar, más que por casa, por almacén de aperos. El exterior de la vivienda mostraba al desnudo el rojo ladrillo empleado en su construcción, sin que una débil capa de cemento tapara, al menos, los agujeros, ni disimulara la deficiente alineación de los ladrillos, colocados sin duda, por manos no profesionales. El hueco de la entrada era un irregular rectángulo en el que a duras penas se anclaba una puerta de dos hojas que, en su parte superior, permanecía abierta. La cortina, totalmente decolorada, trataba de impedir el tránsito de moscas a través del hueco, sin que a ciencia cierta se supiera si eran más a las que se las impedía la entrada que las que pugnaban por salir.
―¡Madreeee…! Ya está aquí Alvarito ―gritó Jeremías, agitando la cortina primero y descorriendo después el pasador de la parte inferior de la puerta.
―Pásale a la cocina, que estoy aquí entretenida, dando de comer a la cabra ―se oyó decir a Lucía desde el fondo del pasillo.
El angosto pasillo que daba paso a todas las estancias de la casa, carecía de baldosas; pisábamos sobre tierra apisonada, con innumerables oquedades en las que se podían ver diseminadas algunas cagarrutas de la cabra, que habían evitado ser barridas, gracias a las irregularidades del terreno, por una rústica escoba de tamujo que permanecía como un centinela a la entrada. Todo parecía indicar que el pasillo era un lugar de tránsito compartido por mis familiares y la cabra.
 Ante semejante panorama, empecé a perder el apetito, y más aún cuando, al entrar en la cocina, percibí olor a paja quemada, que no conseguía enmascarar otros aromas más persistentes, y a la vez desagradables, que parecían desprenderse de una olla de barro y de un perol apoyados en las trébedes, bajo las cuales, los rescoldos de encina aportaban el calor necesario para que el condumio hirviese intermitentemente. La poca luz que penetraba en la estancia llegaba gracias a una claraboya, y lo que al principio eran objetos informes, a medida que mis ojos se acomodaron a la penumbra, fueron descubriendo platos, tazones y una fotografía de boda de mis tíos decorando el vasar de la chimenea, que ocupaba la mitad de la cocina. En la pared de la derecha colgaban sin orden alguno, sartenes, espumaderas y utensilios varios, que rozaban una manta de tocino que pendía del techo. En un rincón se hallaba una gran tinaja de agua, seguramente empleada para guisar, pues la botella de clarete y el botijo reposaban sobre un taburete, y bajo éste, extendidas sobre papel de periódico, yacían desparramadas un buen montón de patatas. Completaban el mobiliario un rústico banco de madera, una gaveta con la cajonera medio desprendida y otro par de taburetes de un rechiscante color azul cielo, y justo a la entrada, un palanganero que en ese momento, con la palangana llena de papel, hacía las veces de improvisado revistero.
―Ponte cómodo ―dijo Jeremías, señalándome con el dedo el rústico banco―, que voy a ver si mi madre acaba de apañar a la cabra.
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Fotografía de Maribel Díez Salgado.



jueves, 5 de diciembre de 2019




EN VACACIONES, LECTURA

Tenemos a la vista unas mini vacaciones y pocos días después, dos semanas de descanso y celebraciones, sobre todo para los que aún se encuentran estudiando y para los que son sus profesores.

Me parecen ambos periodos muy apropiados para el cambio de aires y también para la realización de actividades que no podemos realizar, en otros periodos, por falta de tiempo. En cualquiera de los casos, la lectura que siempre debe acompañar a los que quieren tener despierta la imaginación, encuentra aquí una ocasión muy favorable para aumentar las horas dedicadas a ella.

Los libros deberían de ser para adultos y pequeños un regalo que no podría  faltar en cualquiera de nuestros hogares, y puestos a indicaros títulos, me parece oportuno recordaros los que hasta la fecha he escrito, indicándoos la edad aproximada para la que resultan apropiados en los más jóvenes, puesto que en los adultos no existe ningún condicionamiento.

FÁBULAS CAROLINGIAS
De lectura fácil, complementada con excelentes dibujos, se recomienda como iniciación a la lectura de cierta comprensión, es decir, de 9 a12 años.

LAS LAMENTACIONES DE MI PRIMO JEREMÍAS
Un tratado de Antropología al decir de don Joaquín Díaz, que lo prologa. Apropiada lectura para jóvenes entre 10 y 13 años.

CÉCILE. AMORÍOS Y MELANCOLÍAS DE UN JOVEN POETA.
Prosa y poesía en cada uno de sus capítulos. Premio Sarmiento de Poesía. Muy recomendado para adolescentes  de 12-16 años.
                                                                                    
Las edades prescritas, lo son a título informativo, dependiendo del criterio de padres y profesores.
Los podéis adquirir, en la Librería "El sueño de Pepa" Telf. 0034 983 01 66 02, cuando  se trate de ejemplares sueltos. Si lo deseáis, pueden ir dedicados.

Para un mayor número de ejemplares, contactar con galeondifusion@gmail.com  Telf. 630 31 09 01. Este contacto vale para Colegios e Institutos. En el caso de que estos Centros pertenezcan a Madrid capital o a la Comunidad de Castilla y León, yo mismo me desplazaría al Centro para dar una charla con audiovisual incluido, sin gasto adicional alguno.

Desde este momento queda abierto el plazo para admitir solicitudes cara al 2º o 3ª trimestre. Para cualquier duda, poneros en contacto con el teléfono de la editorial.

Os deseo un feliz "puente " de la Constitución.

domingo, 1 de diciembre de 2019



       RECUERDOS DE UNA PRESENTACIÓN

Como es mi costumbre, cada vez que os anuncio un acontecimiento procuro que también vosotros tengáis un recuerdo del mismo, aunque se trate de una visión incompleta al ser, únicamente, un reportaje fotográfico.

A través de las imágenes os podéis hacer una idea  de la presentación de la novela "Tras el cielo de Urano" del escritor Antonio José López Serrano, que tuvo lugar el pasado jueves.

Aunque no soy el más indicado para decirlo, creo que el Acto resultó a plena satisfacción de los asistentes. Después de que yo mismo hiciera una breve presentación de la novela y una semblanza del escritor, el verbo fluido y cálido del autor fue desgranando con todo detalle, la gestación de la novela y el desarrollo de la misma, indicando la intencionalidad que persiguió al escribir su obra y también 

las dificultades que tuvo que vencer para que la historia resultara creíble y ajustada a la realidad que condicionan las actuales Leyes de la Física y las que pueden descubrirse en un futuro.

En definitiva, una hermosa e intelectual tarde, con un público entusiasmado por las explicaciones de Antonio José. Prueba del interés que produjeron sus palabras fue la larga cola que se formó al término de la charla, para obtener un ejemplar dedicado.

Gracias en su nombre y en el mío a cuantos quisieron acompañarnos a tan emotivo Acto.

 










Fotografías de Pepa María José González.