domingo, 30 de junio de 2019


                                   CUERDAS QUE DESATAN

Hace tan solo unos minutos que he regresado de escuchar una audición musical doblemente interesante. Por una parte, el proyecto tenía un fin altruista y necesario como era el de recaudar fondos por los derechos del niño, que en su Principio 10 de la Declaración de los Derechos del Niño dice:

El niño debe ser protegido contra las prácticas que puedan fomentar la discriminación racial, religiosa o de cualquier otra índole. Debe ser educado en un espíritu de comprensión tolerancia, amistad entre los pueblos, paz y fraternidad universal, y con plena conciencia de que debe consagrar sus energía y aptitudes al servicio de sus semejantes.

Por otra parte, los artistas que se han prestado a colaborar en una causa tan justa, Natalia Mota Ibañez (soprano) y Miguel Ángel Recio Muñoz (pianista) han demostrado sobre el escenario unas cualidades musicales difícilmente igualables. La voz potente y cálida de la soprano ha brillado en cada melodía con una variación de registros que han conmovido al auditorio, en tanto que el acompañamiento musical del pianista se ha ajustado a la perfección, cuando era menester, al tema interpretado por la diva, y, en otras, ha hecho verdaderas recreaciones de temas en solitario, favoreciendo un ambiente melódico muy intimista. Ambos ha sido largamente aplaudidos en cada una de las tonadas y muy especialmente, en las últimas composiciones del recital en el que, gentilmente, se ha invitado al público a acompañarles tatareando su balada. En definitiva, un verdadero éxito cosechado por esta pareja de jóvenes intérpretes.

Las piezas interpretadas han sido:

Vaisnava Jana To Tene- Oración favorita de Gandhi.
Ave María- L. Luzzi.
Lascia ch'io pianga- Rinaldo- G. H. Haendel.
O mio babbino caro- Gianni Schicchi- G. Puccini.
When I am laid- Dido y Eneas- H. Puercell.
Over the rainbow- H. Arlen.
A Chloris- R. Hahn.
Habanera- Carmen. G. Bizet.
El día que me quieras- Gardel.
Dos cantares populares- F.J. Obradors.
El vito- Canción popular- F.J. Obradors.
Los cuatro muleros- Canciones populares. F.G. Lorca.
Los Reyes de la Baraja- Canciones populares- F.G. Lorca.
La tarara- Canción popular- F.G. Lorca.
(Adaptaciones pianísticas: M.A. Recio)

Añado un breve curriculo de los intervinientes:

Miguel Ángel Recio Muñoz

Natural de Valladolid. Realiza los estudios superiores de piano, Música de Cámara. Armonía e Improvisación en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid obteniendo diferentes Premios de Honor y Menciones Honoríficas así como la máxima calificación que otorga la Unión Europea para los estudios de Posgrado. Realiza Conciertos en las más importantes ciudades de España, así como en Londres, Berlín, Nueva York, Oporto, Guadalajara (México), Praga y Budapest. Profesor de Música y pianista acompañante en la Escuela Profesional de Danza de Castilla y León -FUESCyL- en Valladolid.

Natalia Mota Ibañez

Profesora se Piano por el Conservatorio Profesional de Música de Palencia. Titulada Superior  de Música en Canto, especialidad Teatro Lírico por la Escuela Superior de Canto de Madrid. Cursa Máster en Neuropsicología y Educación por la UNIR. Formación específica de Canto con Belén Genicio y Elena Dourgarian. Compatibiliza la actividad artística como soprano y actriz con la docencia. Profesora de Voz y Canto en la Escuela Superior de Arte dramático de Castilla y León- FUESCyL- en Valladolid. Profesora Asociada de la Universidad de Valladolid, Facultad de Educación de Palencia. Directora del Coro del AMPA del Conservatorio profesional de Música de Palencia; de los coros del Proyecto MIRADAS DE LA OSCyL en el C.E.I.P. Buenos Aires y C.E.E. Carrechiquilla de Palencia y de la Escolanía del Colegio Corazón de María, Fundación Música y Persona, Palencia.



domingo, 23 de junio de 2019


                HACE CUARENTA Y CINCO AÑOS

Esta es la efemérides que hemos celebramos hace unos días en familia. No se trata del cumpleaños del patriarca o de la matriarca, ¡qué más quisiéramos! sino del aniversario de nuestra boda.

Llegar hasta aquí juntos y bien avenidos, no ha sido una empresa que nos haya supuesto un esfuerzo especial, salvo el que supone el roce inevitable del día a día con sus más y sus menos, con momentos de agradable convivencia y otros algo más nublados, pero que en un análisis global, han sido lo suficientemente satisfactorios como para que estemos dispuestos a seguir haciendo camino el tiempo que Dios quiera y de la manera que Él disponga.

En este espacio de tiempo, que ha discurrido en un suspiro, hemos cumplido el sueño que nos llevó a dar este paso tan fundamental en nuestras vidas como era el de crear una familia. Dos hijos estupendos y cuatro nietos vivaces y hermosos, constituyen nuestro patrimonio y eso, creedme, tiene una valor incalculable.

Nuestro aspecto físico actual, tan diferente de las estilizadas figuras de juventud, dan fe de que no hay acontecimiento que no se celebre sin una buena comida. Para abrir boca, hicimos una pequeña excursión a Madrigal de las Altas Torres, ciudad que viera nacer en el Palacio de Juan II, su padre, a la Reina Isabel de Castilla, mujer a la que admiro por adelantada a su tiempo. Junto al Palacio, el Hospital de la Purísima y a pocos pasos de allí las iglesias de San Nicolás de Bari y de Santa María del Castillo. Todo un lujo arquitectónico en el que predomina el estilo mudéjar.

Desde allí continuamos viaje a Peñaranda de Bracamonte, ciudad salmantina que nos impactó por el sabor que se percibe en sus tres Plazas sucesivas que concluyen en la iglesia de San Miguel y también, por qué no decirlo, por el sabor de los platos que disfrutamos en un afamado restaurante. Así, con la promesa de andar lo suficiente como para que la báscula no nos diera más sustos, regresamos a la ciudad de la que partimos para tratar de conseguir el más difícil todavía: ¡llegar a los cuarenta y seis!... y poder contarlo.



jueves, 6 de junio de 2019

PASAJES DE "CÉCILE.AMORÍOS Y MELANCOLÍAS DE UN            JOVEN POETA" (57)

CAPÍTULO IX
La Ruptura
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Antes de que la banda de música que cerraba el cortejo acabara de pasar ante nosotros, Arancha recompuso su figura, pues entre el gentío vio aproximarse a nuestros padres, que nos buscaban para iniciar el regreso. Algún incidente debía haber pasado entre ellos, porque doña Camino, adelantándose al resto, asió a su hija por el brazo y la conminó desabridamente:
―¡Vamos! ¡Regresemos! Aquí no se nos ha perdido nada.
Como jamás había observado tal actitud en las educadas maneras del proceder de doña Camino, supuse que algo muy serio tenía que haber ocurrido entre nuestros mayores. La misma pregunta se hacían Nacho y Margarita en el viaje de vuelta. La incertidumbre se manifestaba en silencios prolongados, creando una atmósfera tan fría dentro del vehículo como la que, desde el exterior, empañaba los cristales del taxi. La tensión se acrecentó a la llegada de los coches al hotel que ocupaban nuestros invitados. Sin apearse y con un escueto: “¡Hasta la vista!” y “¡Tengan los señores un feliz regreso!”, mi padre se despidió de la que, hasta ese momento, ostentaba el privilegio de ser la familia con más posibilidades de emparentar con nosotros.
El verdadero drama tuvo lugar apenas rebasamos la puerta de entrada a casa. Margarita, llorando, intentaba buscar una explicación a lo sucedido y se dirigía a mi padre accionando nerviosamente su delicada anatomía.
―Pero, ¿qué ha pasado? ¿Tan grave ha sido el problema para que nos hayamos despedido de esta manera? ―se preguntaba, a punto de volverse loca―. ¿Cuándo volveré a ver a Nacho? ―repetía sin consuelo.
Mi madre, sentada en un sillón del comedor, sollozaba sin pronunciar palabra, secándose las lágrimas con el pañuelo, en tanto que las tatas, recién levantadas de la cama, esta vez ataviadas con camisón y bata, asistían como inamovibles columnas al desarrollo de los acontecimientos.
Fue mi padre, quien dirigiéndose a Margarita, quiso despejar sus dudas, hablándole con la rotundidad que acostumbraba, convencido, como siempre, de que sus palabras contenían la Ley Eterna que salvaba a su familia de los peligros que la acechaban.
―¡Cuántas gracias hemos de dar a Dios que nos ha dado la oportunidad de conocer a tiempo la clase de personas con las que pensábamos emparentar! ―dijo de pie, con el rostro encendido, antes de abandonarse sobre el sillón contiguo al que ocupaba mi madre―. Ya sospechaba algo, cuando en todo este tiempo no osaban contradecirme en ninguno de mis comentarios, se me adelantaban para pagar todas y cada una de las consumiciones que hemos hecho y, sobre todo, al escuchar el concluyente comentario de don Ignacio sobre la situación por la que atraviesa el sector del mueble en las vascongadas y las pocas ventas que últimamente efectuaba. Todos esos malos presagios se han confirmado cuando esta tarde, el capitalista venido a menos, ha tenido la desfachatez de pedirme un millón de pesetas. Repito: ¡un millón de pesetas! para salvar a su fábrica de la quiebra que se le avecina. ¿Qué se habrá creído ese señor? ¿Que soy el rey Midas? ¿No sabe que he amasado mi patrimonio como un humilde trabajador, esforzándome día tras día en mi despacho para lograr con esfuerzo y con sudor el sustento para mis hijos? ―Hizo una breve pausa, que le sirvió para tomar impulso, y continuó diciendo―: Pero lo que más me ha molestado ha sido el engaño. Nos han hecho creer que eran unos adinerados fabricantes, cuando en realidad rozaban la indigencia. Dime, Margarita: ¿qué porvenir te esperaba junto a quien no tiene posibles, no digo para mantener una familia, sino incluso para poder mantenerse a sí mismo?
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Fotografía del autor



domingo, 2 de junio de 2019


                                                         QUASI (CASI)

Hay días que adquieren en nuestra memoria el calificativo de "imborrables". El 8 de octubre del pasado año, fue uno de ellos. Junto a la fortuna de conocer el encanto de Bolonia, mi mujer y yo tuvimos la inmensa alegría de compartir unas horas con Giovanna y Paolo, un matrimonio entrañable que, además de brindarnos su amistad y de contarnos los secretos que encierra esta bella ciudad, nos obsequió con varios regalos. Entre ellos, el poemario "Quasi" de Oscar Farinetti, que, he leído y releído varias veces, hasta llegar a la conclusión de que sus versos encierran junto a la originalidad de su escritura, una aparente sencillez que encierra toda una filosofía de vida.

Deseo haceros partícipes de uno de sus poemas, gentilmente traducido por la propia Giovanna. Otro regalo que añadir a la extensa lista de obsequios con que me continúa agasajando. Mil gracias, Giovanna.









IL GRANO

Santo cielo!
Sono nel bel mezzo di un campo de grano
è giugno, poco prima del raccolto
c'è il sole e tira un gran vento

Il grano danza
Santo cielo!è meraviglioso
le sighe ongeddiano
a volte sunuose a volte frenetiche

Quelle intorno a me
sfiorano sensuali le lie gambe e più in alto
là dovere parono i turbamenti
dolci sirene dorante che cantano di vento

Mi abbandono e il pensiero corre:
improvvisamente comprendo
quel primo uomo sedotto dalle spighe di grano
che dolcemente si lasciò addomesticare

"Piegati,coltivaci, dissetaci,
curaci e noi ti ameremo
ci farai viver bene e a lungo
ti ripagheremo con polvere d' oro"

Il grano ci ha addomesticato
e noi che pensavamo il contrario
ci ha piegato a portar pesanti secchi d' acqua
ci ha riditto a fedeli servi innamorati

 Santo cielo, cosa si fa per un piatto di pasta!


EL TRIGO


¡cielos!
Estoy en medio de un campo de trigo 
es junio, poco antes de la cosecha 
hace sol y sopla un gran viento. 

El trigo danza 
¡cielos! es maravilloso 
las espigas ondean 
a veces sinuosas, a veces frenéticas .

Las que me rodean 
rozan voluptuosas mis piernas  y más  arriba 
allá  donde salen las turbaciones
dulces sirenas doradas que cantan por el viento. 

Me dejo llevar y el pensamiento corre :
de repente comprendo
a aquel primer hombre seducido por las espigas de trigo 
quien  suavemente se dejó domesticar. 

"Agáchate, cultívanos, sacia nuestra sed, 
cuídanos y nosotras te amaremos 
nos harás llevar buena vida y a la larga 
te recompensaremos con polvo de oro".

El trigo nos ha domesticado 
y nosotros quienes pensábamos en lo contrario 
nos ha sometido a llevar pesados cubos de agua 
nos ha convertido en fieles siervos enamorados. 

¡cielos!, ¡qué se puede hacer por  un plato de pasta! 

Traducción de Giovanna Arnoldi
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Biografía del autor.

Oscar Farinetti,cuyo nombre  de pila es Natale, es un empresario italiano,nacido en 1954 en Alba (Piemonte),la ciudad de la industria del chocolate "Ferrero",de las trufas y de las avellanas.
Su padre, Paolo, fundó  un supermercado que, a lo largo del tiempo y, gracias a la colaboración  de su hijo, se convirtió en la primera cadena de tiendas especializadas en electrónica :"la Unieuro"que hoy en día cuenta con 457 comercios. En 1972 se matriculó  en la Universidad de Torino, facultad de Economía  y Comercio, pero, cuatro años después, dejó  la Universidad para dedicarse totalmente al trabajo en Unieuro y llegando a ser, antes su Gerente y luego su Presidente.
En 2003 cedió la Unieuro a la Británica  Dixon's y, con el provecho de la venta, fundó Eataly cuyo nombre nace de la crasis entre el verbo inglés  "eat"( comer) e Italy convirtiéndose , en el carismático embajador de las excelencias de la comida italiana ,en todo el mundo .
Farinetti es también escritor y editor. En 2009 publicó su primer libro "Coccodé" al que  siguieron otros , hasta el último editado  en 2018, que lleva un título muy emblemático "Quasi"(Casi).
Por su trabajo y sus excelentes capacidades empresariales, Farinetti ha sido galardonado con numerosos premios.




jueves, 30 de mayo de 2019


PASAJES DE "LAS LAMENTACIONES DE MI PRIMO JEREMÍAS" (57)
CAPÍTULO IV
Conociendo el pueblo

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La leche invitaba a la degustación; tenía tanta nata que retirándola con una cucharilla la coloqué encima de una de las magdalenas, jugando a imaginarme a Cristina vestida de novia. «¡Qué guapa estás!» ―pensé inconscientemente―. «¡Estás para comerte!» ―pensé con todo mi ser―, y allí mismo me convertí en un incruento caníbal al engullirme tres «Cristinas» con el hambre propio de mi edad.
La leche no se parecía en nada a la que puntualmente, cada mañana, Julián el lechero, con su jumento y su tartana, nos llevaba a nuestra casa de la calle del Regalado.
Más de una vez, cuando tata Lola observaba al hervirla que sólo una débil telilla ascendía en el cuece leches, le faltaba tiempo para recriminarle al día siguiente:
 ―Julián, otra vez te han visto «bautizando» las garrafas en el Caño Argales.
 A lo que Julián respondía con una pícara sonrisa:
―Allí enjuago las garrafas después del reparto; sólo las enjuago.
No tardaron en bajar a desayunar mis padres, un tanto cariacontecidos. Por su aspecto deduje que se encontraban contrariados, sobre todo mi padre, que al tiempo que untaba con mantequilla unas rebanadas de pan, dirigiéndose a Petra, le ordenó:
―Tienes que hablar cuanto antes con un carpintero. A pesar de haberlo intentado esta noche varias veces, me ha sido imposible cerrar por completo la puerta de nuestra habitación, y como puedes comprender, ¡así no hay quien tenga intimidad!
―No creo que el carpintero quiera hacerse cargo de estas pequeñeces ―respondió Petra―; se lo diré a Cosme, el de «la mueva no se mesa»: es un chico que entiende de todo.
―Díselo a quien quieras, pero la puerta tiene que estar arreglada al mediodía ―concluyó mi padre, con la autoridad de un Mariscal de Campo, mientras mi madre, mirándole de soslayo, no comprendía las urgencias de su marido.
En el pueblo, raro era el individuo o la familia que no tuviera mote o apodo. Unos se lo habían ganado a pulso personalmente, como el «mecagüen» de mi tío Mariano; otros, como nuestro «mulero», eran herencia de los antepasados, pero nunca había oído un mote tan largo como el de «la mueva no se mesa» que ostentaba el arregla todo del pueblo. No le sorprendió a Petra que, curioso, preguntara sobre el origen de tan singular apodo, y la mujer, sin dejar su tarea en el fregadero, accedió a contarnos la historia, esta vez sonriendo.
―Fue hace tan solo unos años ―comenzó a decir―, cuando Cosme se encontraba en el bar intentando arreglar la cojera de una mesa y se le ocurrió decir: «con un pequeño calzo en esta pata conseguiré que la mueva no se mesa» y aunque al darse cuenta del yerro, inmediatamente se desdijo aclarando «quise decir, para que la mesa no se mueva»; fue demasiado tarde, porque las carcajadas de los que miraban atrajeron la atención del resto de la clientela, que sin ponerse de acuerdo, entre risas y aspavientos, celebraron allí mismo el segundo bautizo de Cosme. «Asín» son las cosas en los pueblos ―prosiguió Petra―; yo misma soy Petra, la Tunanta, porque siendo muy niña, un domingo que me encontraba jugando en la calle, mi madre, asomándose a la ventana, me gritó: «Petra, no seas tunanta y ven a peinarte, que ya han dado las todas y llegamos tarde a misa». A Mercedes, la Busca novios, que pasaba por allí toda emperifollada, le faltó tiempo para contar la anécdota y hacerme de por vida la puñeta. ¡La muy pelleja…!
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Fotografía de Juli Garrido Velasco




domingo, 26 de mayo de 2019

LA REFORMA

Crónicas de mi Periódico              26 de de mayo de 2019

ANUNCIOS, ANUNCIOS...

Los anuncios televisivos son muchas veces lo mejor de la programación de algunas cadenas televisivas. Ellos, con sus luminosas imágenes y su pequeña subida de volumen de emisión, nos rescatan del sopor en que estábamos sumidos en un extremo del sofá y nos hacen soñar aun antes de apretar sabiamente el botón que oscurece la pantalla.

Algunos son verdaderamente creativos e ilusionantes, pero no todos son dignos de la misma consideración. Para comenzar, les hablaré de uno que ha llamado mi atención esta semana y que no saben ustedes hasta que punto me desagrada. Es de la conocida marca de bebidas "Coca Cola" y cuya intención es de que todos gocemos al beber su producto de Zero azúcar, Zero cafeíana, con el sugerente eslogan: "Que disfrutar no te quite el sueño". Eso parece suceder a una pareja que, después de tomar el bebedizo y de hacer los rituales del dulce traqueteo del amor, caen rendidos en el lecho. Unos cuantos menores, testigos de la escena pierden su inocencia y serán los que a la postre, visto lo visto, no podrán conciliar el sueño, desvelados por tan impactantes imágenes.

El anuncio me merece un cero (sin zeta) por las provocadoras imágenes que nunca desearíamos que visionaran nuestros pequeños. Está claro que el spot ha conseguido en mí el efecto contrario al que perseguía. Me declaro abstemio de tomar tal brebaje, aunque me aseguren de que no elevará mi índice de hemoglobina glicosilada, y que dormiré plácidamente; función esta que realizo sin dificultad.

Un verdadero ejemplo de pareja bien avenida y de cómo se han de llevar las relaciones entre personas que comparten vivienda lo encontramos en el anuncio de "Securitas Direct". No es que los protagonistas sean el colmo de la alegría, pero se comprende si tenemos en cuenta que ella le comenta que acaban de robar en casa de Carmen, su vecina. "Se han colado por el jardín—asegura—."No me digas—responde él—, podía haber sido la nuestra". "Yo ya no voy a poder dormir tranquila—se sincera ella. Quiero que pongamos una alarma". "Vale, pues la ponemos"—remata él, segundos antes de que su mujer llame para contratar el seguro. Así, sin discutir, sin una palabra más alta que otra, sin importar el coste, con el marido entregado a la sugerencia de su compañera, como el que está acostumbrado a hacer caso a la mínima petición que le indique su mujer, dando la impresión de que, más que la seguridad de la casa, lo que parece contratar es la felicidad de su hogar. Algo así como: lo que tú quieras con tal de tener la fiesta en paz.

Al filo de la medianoche, el anuncio que eleva la moral de toda mujer madurita es la de una crema de la marca Vichy que para empezar, lanza el siguiente eslogan: ¡Sin pausa en la menopausia! para continuar describiendo los componentes del ungüento- milagro: "con agua termal mineralizante, proxilan, ácido hialurónico...y para la noche un tratamiento refrescante para una piel radiante al despertar", Díganme ustedes, qué mujer no desea alcanzar la menopausia con tal de sentir los efectos de esa untura o, si llegado a ese estadio, no ansía aplicarse la crema que no le da tregua en la menopausia, justo en el momento en que va a conciliar el sueño que le proporcionará al despertar un cutis redensificado en un contorno remodelado. ¡Qué maravilla! Y yo, torpe de mí, regalé a mi mujer un pañuelo por el día de la Madre. ¡No tengo perdón!

jueves, 23 de mayo de 2019


SEGUNDAS OPORTUNIDADES

Después de tres años de ausencia en el que había sido siempre su hogar, los primeros días tras el regreso, no fueron fáciles. Pese a que su madre le ofreció todo su cariño y se esforzaba en allanarle la readptación, le parecía distinguir en la  mirada paterna un cierto reproche, como si estuviera esperando el momento  de echarle en cara su  huída apresurada.

Cloti, su hermana mayor, no estaba muy de acuerdo con que hubiera sido desalojada de la habitación que dejara libre su hermano cuando decidió marcharse y tuviera que ocupar su antiguo alojamiento, de menores dimensiones y Suan, la pequeña, le observaba con la incredulidad de quien le cuesta reconocer en un joven barbudo, a su propio hermano. Hasta Miki, una preciosa gata de angora, eludía dejarse acariciar por un desconocido.

Tener que estudiar Ciencias Exactas, cuando su afición se centraba en dibujar arquetipos de esculturas griegas y romanas, plasmar en acuarela el bello colorido de un atardecer o, simplemente, trazar en carboncillo la imagen de una ciudad en ebullición, fue una dura prueba que Miguel no pudo superar. En un principio, decidió acatar la decisión paterna después de meses de enfrentamiento en los que se hartó de escuchar: "Del Arte, jamás se vive", y se matriculó en aquella odiosa carrera de "porvenir". Acceder al emblemático edificio de la Facultad le producía náuseas. Dos meses fueron más que suficientes para constatar que aquello no iba con él. Los folios emborrados con formas de retratos inacabados de compañeros, era lo que llevaba a casa tras la escucha en la Facultad de "Retículos y álgebras de Boole" y de una pavorosa lista de Teoremas. Eso originaba, por la estrecha vigilancia al que le sometían sus padres, discusiones diarias que cesaron cuando Miguel decidió marcharse a Madrid sin previo aviso, si bien tranquilizó a sus progenitores, dejando en la mesita de noche, una nota explicativa.

En poco tiempo, conoció los pasillos de todas las estaciones de "Metro", supo lo que era vivir en libertad y el alto precio a pagar. Deambuló por infinidad de calles, visitó iglesias para poder entrar en calor, confraternizó con la bohemia madrileña e incluso se permitió el lujo de enamorarse de una joven que soñaba con llegar a ser bailarina del Bolshòi y escuchar junto a ella la melodía de sus tripas vacías. Teniendo en la intemperie una competencia brutal, raro era el día en que podía permitirse el lujo de pagar una cama en una mugrienta pensión de sábanas oscuras. Desesperado, buscó de mil maneras la forma de compatibilizar su vocación con otras actividades que le aportaran un mínimo para poder sobrevivir: descargó camiones de fruta en el Mercado Central, actuó de titiritero en más de una ocasión, fingió estar ciego y pidió limosna en San Ginés, comprobando que toda actividad acarrea riesgos como en esta última en la que pudo perder realmente la visión, vapuleado por la mafia que controlaba los puestos de mendicidad.

Como en la parábola del Hijo Pródigo, se acordó del calor de su hogar, de la comida que nunca le faltaba y del cariño que recibía en familia y tras meditarlo largamente, comiéndose el orgullo, inició, finalmente, el camino de regreso a casa.

Aunque fue recibido con alegría, su padre distaba mucho de ser el amoroso Padre del Evangelio y tras un breve periodo de recuperación, le planteó la necesidad de estudiar si quería seguir gozando de los beneficios familiares. "Te doy una semana para que te lo pienses—aseveró—. O estudias como tus hermanas y te haces un hombre de provecho o dejarás de comer de mi sueldo".

Nuestro protagonista pasó unos días de intensa angustia con un dilema a resolver: o entraba por el aro de las exigencias paternas, con renuncia expresa a su vocación o volvía a intentar convertir sus sueños en realidad.

Cuando el séptimo día amanecía, seguía dudando qué camino elegir...





domingo, 12 de mayo de 2019

   CHARLA EN EL COLEGIO NTRA. SRA. DEL ROSARIO   
              P.P. DOMINICOS (VALLADOLID)

No estoy de acuerdo con esta frase que Joaquín Sabina sitúa en su canción "Peces de Ciudad" y que dice así: "En Macondo comprendí, que al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de volver". Yo, en el lugar en donde me he sentido querido y, por tanto, feliz, intento regresar una y mil veces.

El jueves volví al Colegio de los P.P. Dominicos de Arcas Reales en donde estuve trabajando como profesor durante cuarenta años y, aunque en un espacio de tiempo tan dilatado hubo días mejores que otros, el cómputo general fue muy positivo. Evolucioné como persona y como profesor en una actividad para la que sentía auténtica vocación y ahora, ya jubilado, tengo la fortuna de visitar cada año sus instalaciones, saludar a mis compañeros y relacionarme con ese mundo bullicioso y juvenil que ocupa sus aulas. Soy feliz al contemplar el mismo uniforme en distintas caras, con el denominador común de la pujanza que aporta su joven sangre a la mía, en cada primavera.

Alguna vez he escrito que el mejor Premio que puede recibir un escritor, es el de que sus publicaciones se lean y yo tengo la gran suerte de que mis novelas se leen, año tras año, en este hermoso edificio construido por Miguel Fisac.

Comencé la mañana con los alumnos de 6º de Primaria que, habían leído durante este año, "Fábulas carolingias"; una recopilación de enseñanzas escritas en lectura de fácil comprensión e ilustradas con excelentes dibujos, que resultan muy convenientes en orden a formar las mentes de los jóvenes lectores en Valores. La atención con que siguieron mis explicaciones fue exquisita, demostrando un gran interés en que les relatara aquellas fábulas que más les habían impactado.

Tras la firma de ejemplares, llegó el turno a los alumnos de 1º y 2º de ESO, cuya lectura obligada era, "Las lamentaciones de mi primo Jeremías", una obra que muestra la sociedad rural española a mediados del siglo XX, desde la perspectiva de un niño de ciudad (Alvarito), hijo de un notario y el de un desgraciado muchacho (Jeremías) nacido y criado en el medio rural, con todas las deficiencias que, por aquellos años, conllevaba esta situación.

También en esta segunda charla, mis explicaciones fueron seguidas con interés por no menos de cincuenta alumnos que, al término de la exposición, preguntaron sobre diferentes personajes y pasajes de la novela. Debo decir que cada vez que visito un Centro escolar, las preguntas a las que tengo que contestar suelen ser diferentes, lo que me indica que un mismo relato puede ser analizado desde distintos puntos de vista. Un gran aprendizaje, sin duda, para el escritor.

Durante mis charlas, estuve siempre acompañado por doña Cristina (Jefe del Departamento de Lengua y Literatura) y de los profesores, Asun, Aida y Manu, a los que agradezco su inestimable colaboración.

Con una agradable sensación de bienestar, que espero fuera compartida por alumnos y profesores, inmersos en esta fecha en la celebración de "El Día de Europa", abandoné las instalaciones de este Colegio al que pienso regresar D.m. el año próximo.

Sabina: Al lugar donde has sido feliz, siempre debes soñar con volver.



jueves, 9 de mayo de 2019


CONCIERTO DE GALA DEL XXV ANIVERSARIO DE LA CREACIÓN DE LA UNIVERSIDAD DE BURGOS

Con un magnífico Concierto que tuvo lugar el pasado 4 de mayo en el escenario de la sala Frühbeck de Burgos del Fórum Evolución, la Universidad burgalesa celebró el vigésimo quinto aniversario de su creación.

Para la ocasión, se eligieron tres obras; dos de contrastada musicalidad: "Música acuática" de G.F. Händel y "Vesperae solennes de Confessore KV 339" de Mozart y un estreno mundial, el Introitus del "Réquiem por Alfonso VIII y Leonor de Plantagenet, reyes de Castilla" del joven e eminente músico, Javier Centeno.

Esta última obra, que forma parte de un proyecto más ambicioso, aún por componer, causó la admiración de los escuchantes por su delicada sonoridad y la amplia gama de registros que, en la audición de la misma, se pudieron distinguir. Está Inspirada en los reyes de Castilla Alfonso VIII y Leonor de Plantagenet que fueron los impulsores de dos grandes construcciones burgalesas, el Monasterio de Santa María la Real de las Huelgas y el Hospital del Rey (siglo XII) en la actualidad, buque insignia de la Universidad de Burgos.

Bajo la batuta de Iván Martín, actuaron, además de los componentes de la Orquesta Sinfónica de Burgos, los siguientes solistas: soprano, Jone Martínez; Mezzosoprano, Manuela del Caño; tenor, Karim Farhan; barítono, Javier Centeno y estas seis agrupaciones corales:  Coro "Ángel Barja" (Universidad de León), Coro de la Universidad de Salamanca, Coro "Tomás Luis de Victoria" (Universidad Pontificia de Salamanca), Grupo de Música Antigua (Universidad de Valladolid). Coro de la Universidad de Valladolid y Coro de la Universidad de Burgos. Siendo sus respectivos directores; Aitor Olivares, Bernardo García Bernalt, Francisco Udaondo, Ignacio Nieto, Javier Fajardo, y Javier Centeno. En total, más de doscientas voces que deleitaron con un estallido de vibrante musicalidad en los momentos en los que intervinieron.

Con la interpretación del Gaudeamis Igitur, concluyó está extraordinaria gala musical que satisfizo al numeroso público asistente, entre el que se contabilizaba una extensa representación de foráneos llegados desde distintas localidades de nuestra Comunidad.

Vaya mi felicitación a la Universidad de Burgos por sus fecundos veinticinco años de intensa actividad académica y a todos los intervinientes en esta gala de alta calificación musical, con una mención especial al compositor y profesor de la UBU Javier Centeno.

¡Enhorabuena, Javier!