domingo, 20 de agosto de 2017


 

En la pandilla de Juan, uno de sus componentes, Ceferino, siempre llevaba la voz cantante. Ya estuvieran echando la partida, viendo la tele o paseando, era raro que no diera la opinión de cualquier tema del que se hablara, por ajeno que le fuera, absolutamente convencido de que su punto de vista era el más acertado. Si la conversación atañía a temas personales, también lo suyo era, sin duda, lo mejor.

Cuando la cuadrilla iba de vinos, la voz autorizada de Ceferino, no tardaba en decir: “Este vino no está mal, pero el que tengo en mi bodega, le supera con creces. Se lo compré a un amigo que…”. Si en la conversación surgía el tema de los destinos veraniegos, Ceferino, parecía haberse recorrido el mundo entero al afirmar: “Nada es comparable al aire puro que se respira en el pueblo de mi cuñada; allí, ni siquiera los tísicos necesitan medicación…”. Tampoco se quedaba corto elogiando a su mujer: “¡Mira que he comido paellas en mi vida!, pero como las que hace mi mujer, ninguna. Yo creo que es el toque especial que da al rehogado…”. Por supuesto, tampoco olvidaba el autobombo: “Dibujo y pinto, bastante bien. Modestia aparte, he expuesto en varios Centros Cívicos con críticas muy elogiosas. No sé a dónde podría haber llegado si me hubiera dedicado en cuerpo y alma a la pintura, pero tampoco era cosa de humillar a mis compañeros de academia. Además…”

Los amigos de pandilla, escuchaban y callaban para evitar discusiones, porque en caso de contradecirle, sabían que Ceferino se alteraba, elevando el volumen con el que trataba de argumentar lo que, difícilmente, era defendible.

Un día, Juan, quiso invitar a sus amigos y esposas, para inaugurar el chalet que había  adquirido recientemente. El chalet, estratégicamente ubicado en la cima de una colina, era una edificación de dos alturas que poseía unas vistas maravillosas. En el sótano, además del garaje, Juan, había hecho construir una magnífica bodega, que causó la admiración de los visitantes. Las paredes, decoradas con cuadros al óleo, llevaban la firma de su mujer. “Son de Clara—dijo Juan, con toda sencillez— Estuvieron expuestos en Roma y París, pero estos, le parecieron tan apropiados para la bodega, que no quiso venderlos”. Al escuchar este comentario, Ceferino, enrojeció de envidia, máxime cuando el anfitrión, dirigiéndose a él le enseñó el muestrario de botellas que descansaban horizontalmente, esperando el turno de ser consumidas  y le dijo: “Cefe, tú que entiendes, elige el vino apropiado. Tienes de la Ribera del Duero, Rioja, Cigales, Toro, Rueda, Albariño… y si te gustan extranjeros, también encontrarás de Oporto, Burdeos, y aquel Tokaj de Hungría, de elaboración complicada, que por su dulzor, es pura ambrosía como vino de postre. Esas botellas, concretamente, las adquirimos en nuestro último viaje, en el que visitamos, además de los países balcánicos, aquellos otros que constituyeron el imperio austrohúngaro.” Ceferino, anonadado y abrumado, no supo siquiera cuál de ellos ligaría mejor con los entremeses y, para que no quedara al descubierto su ignorancia, prefirió que fuera Juan el que eligiera.

El plato estrella de la comida, una espléndida paella extraordinariamente presentada, hizo que un ¡Ohhhh! se escapara de la garganta de los comensales al contemplarla; exclamación que se prolongó al degustarla. El arroz estaba en su punto y los ingredientes le daban un sabor inigualable. “¿Cuál es el secreto de este maravilloso manjar?”—preguntó una de las invitadas. “No hay secreto—dijo, Clara, sin darse importancia—. Soy alicantina y lo vengo haciendo toda la vida al modo que me enseñó mi madre”. Ceferino, entre dientes, sólo acertó a decir: "No está mal", permaneciendo callado el resto de la comida y de la sobremesa, recapacitando en cómo, personas que le superaban en todos los campos en el que se creía un experto, no alardeaban de lo que poseían.

Parece ser, que lo visto y comido en esta jornada festiva, tuvo la virtud de hacer que, a partir de entonces, Ceferino, fuera más comedido en sus juicios.

 

jueves, 17 de agosto de 2017




 
PASAJES DE " LAS LAMENTACIONES DE MI PRIMO JEREMÍAS" (37)
CAPÍTULO II
La bienvenida
           Mi padre, alargando la cabeza por la ventanilla, nos aseguró que el pueblo seguía estando en su sitio. Haciendo de pregonero, leyó en voz alta el nombre del municipio, que se encontraba escrito con letras mayúsculas, impresas en el frontis lateral de la estación sobre auténtica cerámica talaverana, e inmediatamente movilizó al personal. Con suficiente antelación, había dispuesto las maletas, listas para la descarga, mientras nosotros, en fila, esperábamos pacientemente el desembarco. La maniobra fue un éxito, porque cada uno actuó según el plan previsto, entre otras cosas, porque el protocolo a seguir se repetía en cada parada y las indicaciones paternas eran muy parecidas: «Consuelo, Margarita, Lola: coged una maleta cada una sin haceros daño. Tinín: baja el primero. Alvarito: asegúrate que no nos dejamos nada en el vagón. Yo bajo con el niño, y cuando tome posición en el andén, me vais dando las maletas. ¡Deprisita! ¡No os durmáis!, el tren no espera».
 Con toda sinceridad he de decir que, aunque nuestra llegada no fuera el acontecimiento social más esperado del verano, al menos la estación no estaba desierta. Además del anciano señor Rogelio, al que su nuera, la Edelina, tan pronto hubiera desayunado, sentaba todas las mañanas en un banco del andén con el pretexto de «así, se distrae», nos esperaba la embajada enviada por el abuelo. Delante del repetido edificio ferroviario, abierto a los cuatro vientos, se encontraba, banderín rojo en ristre, el jefe de estación, señor Facundo; un poco más atrás, los primos de mi padre, Lucía y Mariano, y donde el escueto piso de cemento se continuaba con la tierra, el hijo de ambos, Jeremías, que con su carta, constituía la promesa de un verano distraído e inolvidable. Con él había jugado algunos días el pasado verano y aún así, me costó trabajo reconocerle, tal era el estirón que había experimentado, y sobre todo el cambio en sus facciones, ahora más angulosas y varoniles. «Parece un hombre delgadito», pensé, mientras me aseguraba de que todo el equipaje se hubiera descargado, en espera de los inevitables saludos, que no tardarían en producirse.
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domingo, 6 de agosto de 2017


ROSA DE PASIÓN

¿Cuál es tu flor más hermosa?

La rosa.

¿De qué color se te antoja?

Pues, roja.

De esta elección ¿La razón?

Pasión.

 

Hoy, sólo siento emoción

al ver tu rostro encendido,

feliz, porque he conocido,

rosa roja, de pasión.

 

 

 

jueves, 3 de agosto de 2017


 
LA REFORMA

Crónicas de mi Periódico                3 de agosto de 2017

 PEATONALIZAR

Este asunto de peatonalizar calles, nos resulta altamente gratificante cuando leemos o escuchamos la noticia en algún medio de comunicación. Acostumbrados a soportar continuas subidas de todo tipo de impuestos municipales, en pro de una ciudad más habitable, nos sentimos embargados de una íntima satisfacción, al saber que nuestros dineros se emplean ¡por fin! en obras provechosas y que otra calle de nuestra querida ciudad, se incorpora a las que ya gozan del Paraíso idílico de las no contaminadas.

Luego, cuando la obra llega a su término, después de unos cuantos meses de inevitables molestias (¡qué se le va a hacer!), nos damos cuenta de que ese Paraíso soñado, no es tal. La contaminación química, aquella que todos deseamos eliminar, no comienza a disminuir hasta las once de la mañana, hora en que los camiones que abastecen a las tiendas dejan de actuar. Procure, hasta esa hora, no pasear confiadamente por esas calles, bajo grave riesgo de morir atropellado. Después, también ha de hacerlo con precaución, pues en alguna de ellas, la circulación de taxis está permitida, amén de la lógica presencia motorizada de policías o de ambulancias ¡Faltaría más! En el resto de la jornada, no acabe de confiarse, pues durante todo el día, los sufridos ocupantes de los garajes de la zona, pueden hacer uso de su legítimo derecho a utilizarlos. Posiblemente, sea este colectivo el más afectado. Ellos, han visto vulneradas las originales condiciones de compra, pues cuando adquirieron su vivienda en un emplazamiento céntrico con garaje incluido, nunca pensaron que para acceder a él, tendrían que hacer, día tras día, una yincana, a velocidad reducida, sorteando peatones de mirada sorprendida, algunos de los cuales les dedican epítetos, no necesariamente cariñosos. En su recorrido, también han de salvar el obstáculo del cada vez mayor número de terrazas instaladas. Estas, amenizan el descanso de los vecinos con las más variadas conversaciones que sustituyen (no sé si ventajosamente), la contaminación química por la acústica.


Muy a tener en cuenta es también el impacto que sobre el pequeño comercio tiene la peatonalización. Algunos comercios se ven obligados a cerrar, porque no todo el mundo tiene la energía suficiente para cargar con sus compras y así, mientras el centro de la ciudad languidece, las Grandes Superficies situadas en el alfoz, se frotan las manos.

Otra de “las ventajas” de la peatonalización, se evidencia en los días de lluvia. El pavimento de estas calles, no tiene la consistencia del asfalto y el trasiego diario de los camiones de reparto, provocan ondulaciones y baches que son charcos o piscinas, cuando la lluvia hace acto de presencia.

Con estas premisas, ustedes pensarán que soy enemigo de la peatonalización. ¡Nada más lejos de la realidad! Como a cualquier españolito, me gustan todo tipo de mejoras que hagan mi espacio vital más saludable, eso sí, siempre que las consecuencias negativas que conllevan, no me afecten y, por el momento, mi calle no figura en la lista de las que el ayuntamiento piensa dedicar a “uso exclusivo de peatones”.

Otro tanto me sucede/nos sucede, cuando se habla de nuevas zonas verdes. Hasta la plantación de un solo árbol, merece la aprobación general, aunque su ubicación se realice en un minúsculo espacio entre dos coches aparcados en batería. Lo malo es que el arbolito crece y crece y ya conozco a un amigo al que el ramaje impide conocer si es día o de noche. Todos contentos, menos él, que paga una elevada factura de consumo eléctrico que se elevará, considerablemente, cuando se vayan cerrando las centrales nucleares. Pero de este tema, ya hablaré en otro momento. A ver si para entonces, antes de opinar sobre lo que a cada uno nos conviene, somos un poco más solidarios.






 

domingo, 23 de julio de 2017


LA NIÑA REGALADA

Hace unos días, he acabado de leer esta interesante novela de Bona Balda, editada en el año 2013 (Sinindice Editorial), pero, que en razón de los hechos que relata, no ha perdido un ápice de actualidad.
Bona, es una magnífica escritora, además de excelente pintora, a la que he tenido la fortuna de conocer recientemente. Nacida en Logroño (La Rioja), ha vivido varios años, concretamente, desde 1972 a 1977, en Ecuador Allí, según me ha contado, encontró marcados contrastes: gente estupenda, solidaria, dulce y educada, con la que se sentía como en su propia casa. Pero lo que más le impactó, porque le dolía a tope, eran todos esos acontecimientos injustos y machacantes para los más indefensos, que ha reunido aquí a modo de puzzle y que tal vez puedan resultar, para nuestra forma de vida, tan increíbles como lo fueron para ella.
La propia escritora, nos relata la sinopsis de su novela:
Adriana llegó a Machala (Ecuador) buscando trabajo. Sólo era una de tantas jóvenes solteras embarazadas, pero ésta cargaba sobre sus hombros una dramática historia. Era una niña regalada, sin papeles, sin autonomía. Una esclava de hecho, aunque las leyes lo prohibieran. En la primera casa vivió sometimientos a trabajos inadecuados a su edad, a los caprichos de los dueños, a duros castigos. A través de Nancy, la joven dueña de la casa, se llega a conocer determinadas situaciones de la sociedad ecuatoriana: Ricos y pobres, los niños de la calle, la violación, el tema de los espíritus y los curanderos. La estancia de Adriana en La Sierra nos pone en contacto con el indio, con su conciencia de no ser nadie, y con el gran trabajo que la Teología de la Liberación hizo, en los años setenta, porque llegaran a manejaran su vida como seres adultos. Aunque el relato esté novelado, su base es real. De hecho me decidí a escribir porque Adriana, la protagonista, me contaba una historia tan inverosímil sobre ella misma, que no me la pude creer hasta que vi las cicatrices en su espalda. Me gustaría suavizar los hechos, pero… es que… son así.
Como pueden deducir por los párrafos anteriores, se trata de una novela de contenido duro, porque dura era la vida que la autora vio y vivió durante aquellos años. Un relato que agita la conciencia de los que estamos instalados en el estado del bienestar y en la sociedad de consumo y que nos impulsa a reflexionar sobre nuestros hábitos de vida, a la vez que nos anima, en la medida de lo posible, a ser solidarios con los que soportan tan duras condiciones de vida.
En cualquier caso, una lectura muy recomendable.




jueves, 20 de julio de 2017


PASAJES DE "CÉCILE.AMORÍOS Y MELANCOLÍAS DE UN JOVEN POETA"(36)

CAPÍTULO V

La Acogida

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―¿Qué planes tenéis para el año nuevo? ―nos preguntó a Daniel y a mí, para iniciar la tertulia.

Por puro azar, la pregunta acertó de lleno en el motivo de mi visita, y como era de esperar, me acordé de Goyita y contraje la mandíbula de manera involuntaria, mordiendo el bombón que, al ser de licor, derramó en mi boca su contenido, con tan mala fortuna que el líquido se me fue por la laringe. ¡Creí morir por atoramiento y por vergüenza! Parte del bombón salió despedido, salpicando los alrededores, mientras que en mi ahogamiento lanzaba sonidos extraños. Inmediatamente, todos me rodearon, ofreciéndome servilletas de papel, en tanto recibía una lluvia de consejos: “Levanta el brazo”, “Respira profundamente” o “Intenta tragar saliva”, pero que, de momento, no detuvieron los tosidos ni la sensación de estar pasándolo mal. Cuando por fin conseguí rehacerme, con voz ronca di las gracias y pedí disculpas por las molestias ocasionadas, mientras un par de lágrimas brotaban de mis ojos por el esfuerzo realizado. ¡Mi visita a los Casarell-Dupont no podía comenzar peor!

Tanto madame Stéphanie como Charlotte, me disculparon, intentando no abochornarme más de lo que estaba, alegrándose de que el incidente se hubiera pasado.

―Quédate un ratito sin hablar y ya verás cómo te recuperas ―sugirió Charlotte, actuando en el papel de hermana mayor.

No me quedó otra que hacerle caso. Charlotte era una joven muy bella de figura estilizada, que al igual que su madre, cruzaba las piernas al sentarse, mostrando unas rodillas preciosas comienzo de unas piernas interminables. Intentaba, sin éxito, estirar a cada poco la longitud de la falda tubo, en un ademán coqueto. Me dijo que se sentía encantada de conocerme. Comprendí que sus palabras eran pura cortesía y una manera de que pasara el tiempo para que me pudiera reponer de la sofoquina. Intentando que mi voz se aclarara, pidió a su hermana que me trajera un vaso de agua. Cuando Cécile me acercó el vaso, se inició en mí una súbita mejoría. Sentándose a mi lado, me lo ofreció, y mientras mojaba mis labios en él, noté como su mano se deslizaba por mi espalda en un intento de que el tránsito fuera placentero. Seguramente en la Gloria experimentaremos sensaciones parecidas a las que yo sentí en aquel momento. Al volver la cabeza para darle las gracias, me encontré con unos ojos maravillosamente azules que me miraron fijamente, envolviéndome con una luz desconocida para mí hasta entonces.

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domingo, 16 de julio de 2017


 
SAN SEBASTIÁN

Gaviotas de cristal surcan el aire tibio

con aromas de salitre.

En blanca espuma, alineadas olas

se rompen, sin estruendo, contra

escolleras de hormigonados bloques

que protegen la blanca barandilla de la costa.

¡Casco Viejo! Trajín y bullicio

ante las barras repletas de pintxos,

ramilletes de colores y sabores

del jardín de las delicias.

Navegan apacibles los veleros a los pies del monte Igeldo,

mientras sobre la arena descansan,

cuerpos tendidos al sol de la mañana.

Arriba, en el paseo, desfile de pamelas y sombreros,

 y en las terrazas, la calma y el sosiego

de mecidos soñadores de esperanza.

¡Que nadie turbe esta quietud de pájaros piando!

¡Que nadie ose alterar la hermosura del momento idílico!

Porque, hoy, los árboles se han vestido de un verdor inusitado

cuando  la paz ondea su bandera y resulta difícil distinguir,

 en la neblina, el tránsito entre mar y cielo.

En Zurriola, esperan, impacientes, los surfistas,

 el mar embravecido,

que, dulcemente entretenido,

 se besa con el Urumea,

Desde el puente del Kursaal,

observo el idilio feliz de los amantes

y vuelvo a aspirar ese olor de los recuerdos.

¡Gaviotas de cristal, surcan el aire!

domingo, 9 de julio de 2017




PASAJES DE "LAS LAMENTACIONES DE MI PRIMO JEREMÍAS" (36)

CAPÍTULO I

El Viaje

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Con la vista borrosa, me incorporé en el asiento y contemplé con qué velocidad desfilaban ante mis ojos encinas y alcornoques. También las vacas que, solitarias o en pequeños grupos, pastaban en los claros de la dehesa, junto a las charcas, aparecían y desaparecían como fotogramas de película de principios de siglo; «se asustan del tren» ―pensé―, y al girar un poco más la cabeza, en la última curva del recorrido, muy cerca de la estación, divisé el ciprés que indicaba el lugar exacto donde descansaban, entre otros, mis antepasados: «los González Hontañera», conocidos entre las gentes del pueblo como los muleros, aunque esta referencia disgustara enormemente a mi progenitor. Por un momento pensé en la abuela Macrina que, desde enero, alimentaba con su cuerpo el descomunal ciprés. «¡Se acabó el jamón en tacos y la propina del domingo!» ―pensé egoístamente, al tiempo que mi Certina chapado en oro, regalo de la primera comunión, señalaba inexorablemente las once y media de la mañana.

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jueves, 6 de julio de 2017


LA REFORMA

Crónicas de mi Periódico           6 de Julio de 2017

DESPOBLACIÓN

Según los últimos datos estadísticos, España ha ganado población, lo cual quiere decir que este ente nacional, que algunos no tienen claro, al menos, teóricamente, ha aumentado el número de contribuyentes. Sin embargo, los Castellanos-Leoneses, sentimos no ser solidarios en ese aspecto. La razón: por enésima vez, seguimos disminuyendo el número de habitantes de  nuestros pueblos y ciudades, al tiempo que seguimos siendo líderes porcentuales en ocupantes de cementerios.

Con todo respeto para los fallecidos, el estar mucho tiempo con la boca cerrada, deviene en estar callados para siempre. Castilla y León, como otras tantas Comunidades, que luego citaré,  está compuesto por personas dispuestas a aguantar lo que les echen, sin alzar la voz, sin rebelarse, siempre sumisas por el bien de la Unidad Nacional, por el bien de todos. Soporta estoicamente, que otras se arroguen el  bonito título de “Comunidades Históricas”, con todos los beneficios prerrogativas y Conciertos especiales que ello conlleva, cuando lo verdaderamente “Histórico”, nace en Asturias y se continúa con los Reinos de León, de Castilla y de Aragón.

“El que no llora no mama”, dice el refrán, y algunos, han sabido llorar en todo momento con una intensidad tal, que han acaparado “históricamente” la riqueza que generaba el país entero, con la creación de un tejido industrial notable que les asegura una renta per capita importante,  a la que han contribuido de manera decisiva, gentes procedentes del interior, que, paulatinamente, se ha ido despoblando.

Para los que la situación geográfica no nos ha dotado de costa, y que por tanto, no podemos fijar población con los puestos de trabajo que genera el turismo, sólo nos queda exprimir como un limón, nuestro impresionante Patrimonio Artístico y Cultura (el mejor de Europa), muchas veces exhibido sin contraprestación económica.

Sin industria, no hay porvenir  ¿Se imaginan lo que se podría haber hecho en Soria, Zamora o Teruel, por citar algunos ejemplos, con el dinero extra aportado al País Vasco para que dieran su aprobación a los Presupuestos Generales del Estado? Y lo que es prácticamente imposible de imaginar es lo que recibiría la Generalidad de Cataluña si, a última hora, el señor Puigdemont decidiera dar marcha atrás en su proceso independentista.

Antonio Machado dijo de los andaluces que todas las primaveras estaban buscando escaleras para subir a la cruz. Nosotros no necesitamos escaleras. En todas las estaciones caminamos con la cruz a cuestas del abandono, y lo que es peor, algunos no logran levantarse de sus caídas.

 

 

domingo, 25 de junio de 2017



ENTREGA  DE  LOS  PREMIOS  "SARMIENTO"

Fue un acto, sencillo, emotivo, lleno de contenido para cuantos recibimos el Premio y para nuestros familiares y amigos. Un galardón así, siempre resulta ser un estímulo importante para que el escritor sienta que sus poemas, esas pequeñas criaturas a las que ha dado viva, se asomen  a la observación de los ojos que los leen, de alguna manera ratificados por un Jurado que les ha concedido el marchamo de calidad a la que aspiraban.

Permitirme que me sienta moderadamente orgulloso y, a la vez, enormemente agradecido a quienes tuvieron a bien tocarme con la varita mágica de la fortuna, otorgándome un Premio, que seguramente todos los que actuamos desde octubre a junio, merecimos.

La lección final de Curso a cargo de Carlos Aganzo, director de "El Norte de Castilla",  que versó sobre la obra poética de San Juan de la Cruz y Santa Teresa fue francamente emotiva. Junto a él y dando empaque al Acto, se encontraban los excelentes poetas: Araceli Sagüillo, directora de los Viernes de Sarmiento, José María Muñoz Quirós, Antonio Piedra, Santiago Redondo y José Antonio Valle.

Las fotografías con las que acompaño este reportaje, se sienten incapaces de comunicar las emociones vividas, pero, como las había prometido, al menos así tendréis una idea de lo allí acontecido.


jueves, 22 de junio de 2017

PREMIO  "SARMIENTO"  DE POESÍA

Cécile está encantada  y, sin duda, enamorada. A mí me ocurre lo mismo. Cuando le comuniqué que pensaba escribir una novela sobre nuestros amores juveniles, se quedó un poco sorprendida y un tanto arrebolada. Pronto se tranquilizó cuando le aseguré que únicamente desvelaría aquellos pasajes románticos que me llevaron a elegirla entre todas las muchachas de su edad. Ella era mi amor, mi poesía, mi forma de entender la vida. Jamás—le dije—, he sido con nadie tan feliz como contigo y el relato de nuestros encuentros y de los poemas que te escribí, pueden ayudar a que otras parejas busquen, como nosotros, lo más elevado en una relación que no es otra cosa que el amor sublime.
Con un mohín cariñoso, me dio su aprobación y, desempolvando cartas y poemas, me puse manos a la obra hasta concluir la novela que titule: "Cécile. Amoríos y melancolías de un joven poeta".
Con ella revivo épocas pasadas, que actualizo cada vez que tengo la ocasión de exponerlas ante un público mayoritariamente juvenil.

Luego surgió aquella invitación que se consolidó, recuerdo: un 10 de febrero. Por vez primera, pude declamar mis versos en ese ámbito cultural que durante cuarenta años ha ido iluminando de versos las tardes de los viernes vallisoletanos.

Estos encuentros poéticos nacieron del empeño poético  del escritor y poeta Andrés Quintanilla Buey, durante muchos años presidente de la Academia Castellano-Leonesa de poesía, promotor de esta idea bautizada como "Los viernes del Sarmiento", que se han continuado desde su fallecimiento en 2008, bajo la dirección de su esposa, Araceli Sagüillo.

Aquella tarde los versos resonaron en la Cátedra de los grandes poetas  con efusión lírica desconocida. Cécile, en la distancia, me impulsaba a declamarlos con el mismo entusiasmo con el que fueron compuestos, y al concluir mi intervención, ayudado en mi empeño por la soprano Natalia Mota, me sentí transportado al momento justo en el que fueron imaginados, pues el azul intenso de los ojos de Cécile, es el mar sosegado por el que navego y sueño día tras día.

El Premio SARMIENTO que se me ha otorgado y por el que me siento agradecido y feliz, es fruto de la fuerza creadora de quien me lo ha inspirado: Cécile, y a su amor eternal, sentimiento que me impulsa a seguir construyendo poemas como este:

 TU PRESENCIA

Nada me conforta más que tu presencia.
No importa el lugar donde te halle.
Tanto me da que el sol dore las copas de los árboles
o que el aire gélido vaporice las palabras.
Iré a buscar las flores que te agradan
para amueblar con sus pétalos mi estancia
 y rellenar los espacios del alma
cuando no te sienta cerca.
Tu perfección me enloquece hasta transformar
los tristes recuerdos melancólicos
en sentimientos de gozosa plenitud.
Me siento fuerte al sentir
la fragilidad de tu cuerpo abrazándome.
Si algún día no pudiera besar tu boca,
besaría aquellas palabras
con que me anunciabas el amanecer,
alejando de mi mente
toda sombra de melancolía que me acecha.
Voy a rellenar los espacios del alma
con pétalos de las flores que te agradan,
para sentir tu aroma, por si una catástrofe
derribara los muros de este mundo
llevándote a donde no pudiera verte.
No importará que el Sol ya no me alumbre
ni que la noche sea eterna.
¡Llevo grabada en el alma tu presencia!




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domingo, 18 de junio de 2017



 CON LA AYUDA DEL MARQUÉS

O mejor, gracias al Palacio del Marqués de Camarena, sede del Ateneo de Cáceres, la presentación de Fábulas carolingias pudo celebrarse a una temperatura inferior a los 40 ºC existentes en el exterior del recinto. Acompañados de un puñado de valientes para los que la elevada temperatura no supuso hándicap, y que contribuyeron con sus brillantes aportaciones a que el ambiente resultara enormemente agradable, la hora y media que duró el evento, se nos pasara casi sin darnos cuenta.

Os muestro algunas fotografías de tan maravilloso encuentro, acompañadas del texto escrito que el presentador, Juan Verde Asorey, catedrático de Filosofía, compuso para la ocasión y que recibí como obsequio al finalizar el Acto.

Es para mí un honor y un placer poder presentar este libro escrito por Carlos, hermano de mi querido amigo Manuel Malillos, quien, además, lo ha ilustrado. La palabra ilustrar indica dirigir o infundir luz en algo para que resalten sus cualidades o se hagan evidentes algunas que a simple vista pasaban desapercibidas. La raíz indoeuropea leuk (luz, brillo, esplendor) está en el origen de las palabras como luz, lumbre, luna o elucubrar.

Podréis comprobar que las ilustraciones de Manolo no solo iluminan las ideas de Carlos, sino que gozan de esa capacidad del arte, de iluminación por sí solas. La portada y la contraportada del libro contienen, en tamaño reducido, las 22 pinturas que ilustran las 22 fábulas que componen el libro.

Carlos, el autor del texto, es una persona renacentista. Además de licenciado y profesor de Física y Química, es músico ( autor de letra y música de la canción ganadora en el II Festival de la Canción Testimonio Castellano-Leonesa (1989), es poeta (autor del mejor soneto para El sermón de las Siete Palabras de Valladolid (2012), es autor de relatos, cuentos y novelista (Las lamentaciones de mi primo Jeremías -2012, Cécile. Amoríos y melancolías de un joven poeta-2014-). Etc.

En 22 fábulas breves, Carlos trata sobre asuntos fundamentalmente relacionados con valores humanos de los que depende que la vida de las personas sea más justa y agradable, tales como el altruismo, la generosidad, el diálogo, la humildad, la belleza, el amor, el esfuerzo, etc.

Es capaz de situar la acción con brevedad, creo que debería decirse con graciana exquisitez, lo que no le impide, sino que casi le obliga a expresarse con un estilo límpido y muy atractivo. Escribe para el público en general, pero pensando principalmente en la adolescencia y la juventud.

Las ilustraciones de Manuel son, como ya hemos dicho, verdaderas obras de arte en sí mismas. También licenciado y profesor de Física y Química, pero con una ya larga experiencia en lo relacionado con la pintura, ya que figura en el libro Artistas extremeños contemporáneos (2002), ha ilustrado mi libro La palabra y su imagen (2015). Etc,

Podéis seguir a ambos en sus Blogs Acuarelas Malillos y Carlos Malillos Rodríguez

                                                                   Juan Verde Asorey

 

jueves, 15 de junio de 2017



AHORA, CÁCERES

Este mes de Junio ha propiciado con sus altas temperaturas, que mi comportamiento sea similar a la de una ave migratoria, viajando de aquí para allá con mi libro a cuestas, lo que me está dando la oportunidad de conocer  y relacionarme con gente maravillosa. Así, mañana, viernes, si nada ni nadie lo impide, estaré en Cáceres promocionando mi libro Fábulas carolingias, que tan buena acogida está teniendo entre el público de todas las edades, especialmente entre los docentes que ven de alto contenido moral cada una de las Fábulas y piensan en él, como segura elección para la programación lectora en sus aulas, en el próximo Curso académico.

El evento tendrá lugar, a las siete de la tarde en el Ateneo de Cáceres, actualmente ubicado en el Palacio de  Camarena, a escasos metros de la Plaza Mayor. A mi hermano Manuel, autor de las ilustraciones, y a mí, nos presentará el conocido escritor y catedrático de Filosofía, Juan Verde Asorey ¡Todo un lujo!

Espero que el Acto que reúne por vez primera a los dos hermanos que hemos confeccionado el libro, os resulte ameno. Por nuestra parte, haremos lo posible para que así sea y os invitamos a que acudáis a escucharnos. Gracias anticipadas.

 

domingo, 11 de junio de 2017


                            TARDE DE PRESENTACIÓN EN ZAMORA

En la Biblioteca Pública, tras la escultura del profesor y poeta Ignacio Sardá, que tanto hiciera por Zamora, tuvo lugar el jueves, la presentación de mi libro Fábulas carolingias. Como había prometido y en atención a los que no pudisteis estar presentes en este cultural acontecimiento, os muestro unas instantáneas del acto. Es una lástima que no pueda transmitiros la ilusión que sentí al estar de nuevo allí y tampoco disponga del audio de la magnífica intervención del profesor Julio Eguaras, ensalzando libro y autor ¡Gracias, Julio!


El no muy numeroso, pero entendido público asistente, fue una aliciente añadido para que la hora que duró el Acto se nos pasara en un suspiro. Muchas gracias a todos los que pudieron ir y también, a cuantos queriendo estar, no les fue posible acompañarnos.