domingo, 23 de febrero de 2025

 

EL BOLÍGRAFO

 

 

A escasos cien metros de la oficina del Periódico local, Mercedes se detuvo y pensó en darse la vuelta y desistir en su intento de poner un anuncio. Lo que se proponía era una idea descabellada,  a todas luces sin fundamento y, presumiblemente, estéril. Durante varios días y otras tantas noches, había estado madurando en su inquieta cabeza, este intento desesperado por intentar contactar con el educado y atractivo ejecutivo que ocupó un asiento junto al suyo, en el AVE en el que regresaba a casa, después de haber disfrutado de una excelente jornada de shopping, en la capital de España.

El joven, se había interesado por ella, apenas el tren comenzó a rodar. En menos de una hora, tuvieron tiempo de contarse parcialmente sus vidas, más como un medio de pasar el tiempo que de entablar una relación consistente, aunque en tan breve intervalo de tiempo, ella quedara prendada de la tez morena de su interlocutor y de su elegante traje azul a juego con la corbata. Seguramente no mintió cuando le dijo que recorría toda España como agente de una conocida marca de telefonía. Entre tiempos de conversación y de observación, tuvieron ocasión de hacer un crucigrama a dúo, utilizando un vistoso bolígrafo de Mercedes que, seguramente de forma no intencionada, el joven guardó en su bolsillo cuando la megafonía les anunció la llegada a la estación de término. Allí se despidieron y, entre risas, el muchacho comentó: —El mundo es muy pequeño, tal vez volvamos a encontrarnos. Ella, sintió el deseo de acompañarle, pero mintió pretextando hacer una gestión. La habían educado para no mostrar claramente sus sentimientos y, por principio, no deseaba que ninguna amistad masculina pensara de ella que era una mujer fácil.

Al llegar a casa, notó la falta del bolígrafo, de escaso valor, pero sobre todo echó de menos la presencia del ejecutivo y se lamentó de no haber estado rápida de reflejos para intercambiarse sus teléfonos. Tras varios días de pensar en la forma con la que podía contactar con él, creyó que la pérdida del bolígrafo le daba la oportunidad de hacerlo de una manera discreta, insertando un anunció en el periódico local.

Reanudó la marcha y penetro en la oficina, insertando en la sección de "Objetos Perdidos", el siguiente anuncio: Bolígrafo azul con incrustaciones, extraviado en el AVE del pasado sábado. Alto valor sentimental. Telf. 664......

Dos hombre y una mujer, contestaron a su requerimiento y con ellos quedó citada en una céntrica cafetería. Allí puso comprobar que ninguno de los bolígrafos era el suyo, pero como quiera que uno de los caballeros tenía buena planta y exquisitos modales, acertó a balbucear:—Creo que es este, aunque no estoy segura ¡lo usaba tan poco!. El caballero se lo entregó con una sonrisa de satisfacción diciéndole:—Me alegra haberle podido ser útil. Cuando se iban a despedir, Mercedes, anduvo más rápida de reflejos que la vez anterior y sugirió a su benefactor que aceptara tomar con ella un café, por las molestias que le hubiera podido ocasionar.

Tras el café, pasearon y tuvieron ocasión de comprobar la afinidad de gustos en las más diversas facetas de sus vidas, por lo que decidieron volver a verse de nuevo. Al despedirse, además de los teléfonos anotaron sus direcciones, utilizando el bolígrafo en cuestión. Después de que el hombre escribiera la dirección de Mercedes, dijo entre risas: —Nunca pensé que el bolígrafo que he cogido esta tarde del bolso de mi madre, me traería tanta felicidad.

Mercedes, un poco sonrojada, se rió abiertamente.

jueves, 20 de febrero de 2025

 

BEATRIZ ZAZURCA


Hace unos días, he tenido ocasión de contemplar una exposición pictórica que me ha impresionado por el dibujo, el colorido, la originalidad de las composiciones y la impresión cierta de que me encontraba visionando unas creaciones de muy alta categoría artística.

La autora, Beatriz Zazurca, con la que he tenido el privilegio de cambiar impresiones, es psicóloga y psicoanalista con trayectoria profesional terapéutica y ha cultivado el dibujo y la pintura desde la infancia y adolescencia. Es, sin embargo, en el 2017 cuando se perfecciona en el conocimiento del rostro, de la figura humana por extensión, en toda su versatilidad, dibujando en grafito y carboncillo los modelos de la escuela clásica, hasta depurar tonalidad y volumen, llegando finalmente al pastel seco, explosión de color inmediato, que la seduce con la técnica fotorrealista, una delicia con la que puede jugar y crear imágenes que perduran en la memoria de quien las ve.

Una de las mayores impresiones en la expresión plástica y en la que participa todo el intelecto, el corazón y la sorpresa, es el retrato. En él le queda al pintor una escenificación mínima de la que hacer surgir el milagro de la “presencia real”. Presencia que se va gestando desde que comienza definiendo los ojos con la dirección de la mirada. A partir de ese momento todo estará dependiendo de ella.

“Del lado de los otros está la mirada que me dirigen, — me cuenta, Beatriz— que me reconoce a su vez como vidente, que me sostiene. Yo los veo a ellos, no obstante, en la dirección opuesta. Son los dos términos antinómicos en el campo escópico. Hay algo anterior al encuentro con el ojo del otro, es lo que Lacan llama “el brote del vidente”; soy mirado desde todas partes aun cuando sólo veo desde un punto, desde mis propios ojos. Soy siempre visto.

Me sumerjo en el quehacer de la pintura mientras reflexiono…. ¿Que estará viendo?...  En que estará pensando?,.. y se me para el tiempo, viviendo con el personaje, tratando de sentir lo que pasa en ese momento en su vida”.

La próxima exposición se inaugurará el 5 de marzo en Medina del Campo (Valladolid) bajo el título: “Mujer siglo XXI homenaje a su labor” y también se podrá visitar en la segunda quincena de mayo en el Centro Cívico Esgueva de Valladolid.

Los títulos de las obras que publico son: 1- Luz de luna. 2- El Principito 3- La mirada del cielo  4- Brothers  5- Cruce de miradas.

 



 






domingo, 16 de febrero de 2025

 

LA VIDA DE MAGÍN PUERRO

-XX-

 

 

En los días posteriores

crecía la clientela

de manera que “la pela”

engrosaba con presteza

el bolsillo. La pobreza

tal como viene se vuela.

 

 

En todos sitios ocurre

cuando hay gente rijosa;

en nuestro caso la cosa

partió de la sacristana,

una cotilla, la Ana,

de fama muy envidiosa.

.

 

Después de comprobaciones

supo que la cantinera

que era mujer soltera

convivía con un hombre.

Una conducta sin nombre

para una mente zorrera.

 

 

Tan deprisa como pudo

propagó esta noticia

sabiendo que la malicia

como la pólvora arde.

Así fue, pues a la tarde,  

todo el pueblo lo sabía.

 

 

El sacerdote, don Cosme,

no era del todo sordo,

fino de cara, muy gordo,

al enterarse, la silla

se rompió yendo la astilla

al culo del cura tordo.

jueves, 13 de febrero de 2025

 

LAVAR Y PEINAR

 

 

Estar a punto de cumplir los cincuenta y no haber encontrado un hombre con el que poder compartir amor y ternura, era para Clara, una pesada losa con la que iniciaba su andadura diaria. Perdida la flor de su juventud, las muchas promesas incumplidas y los subsiguientes desengaños amorosos, habían quebrantado hasta tal extremo su deseo de agradar, que no prestaba atención a todo lo concerniente a su arreglo personal, dando la  apariencia de una mujer de mayor edad, descuidada, conformista e indiferente. Contemplaba el mundo sintiéndose ajena a todo cuanto ocurría en él y ni siquiera se molestaba en ser la protagonista de su propia historia personal.

Afortunadamente para ella, las cosas empezaron a tomar otro cariz, el día en que recibió una invitación para asistir a la boda de un pariente lejano. No de muy buena gana, adquirió un vestido de ceremonia y, casi obligada y acompañada de su mejor amiga, penetró en la peluquería de Fran para someterse a un radical cambio de look. Conocedor de su oficio, las hábiles tijeras del estilista, cortaron y recortaron mechones de aquel cabello, durante tanto tiempo maltratado; tiñó canas, suavizó y dio brillo a la abandonada cabellera, modelándola hasta conseguir que fuera el marco ideal en el que el rostro de Clara resplandecía jovial y atrayente. Al concluir la sesión, al mirarse en el espejo se encontró favorecida,  reconociendo, con absoluta sinceridad, que peinado, busto y caderas componían un todo armónico altamente sugerente para los futuros comensales masculinos. 

Y no estaba equivocada. Su presencia en el enlace no pasó desapercibida para parientes y conocidos y mucho menos para Germán, un apuesto y atractivo militar retirado, que desde que enviudó, hacía ya algunos años, buscaba remedio para abandonar a un mismo tiempo soledad y necesidad. Acostumbrado a batirse en mil batallas amorosas en tiempos de austeridad afectiva, no le fue difícil arrancar de Clara el compromiso de verse de nuevo y tratar de conocerse más a fondo. Clara aceptó complacida el ofrecimiento, aunque el militar la aventajara en edad y posición social, si bien su semblante no consiguiera ocultar, pese a la aparente amabilidad, rasgos de autoritarismo. De cualquier forma, desde ese momento, Clara, tomó conciencia de su valía y comenzó a preocuparse por adecentar el porte, comenzando por acudir semanalmente a la peluquería de Fran a quien consideraba artífice importante de su espectacular cambio. A él le confiaba cada encuentro con Germán para que opinara sobre lo que le decía y el modo en que debería actuar para que la relación progresara. Fran, daba su parecer y le advertía: " Da tiempo al tiempo. No te precipites", mientras que con una lentitud inusual componía el cabello de su clienta. A medida que pasaban las semanas, Fran dedicaba más y más tiempo a Clara, pues las pláticas entre ellos le resultaban del todo interesantes, esperando con creciente ansiedad su próxima visita.   

Sin embargo, un buen día, Clara se presentó de improviso en la peluquería y con un gesto de preocupación, dijo a Fran: "Tengo que hablar contigo. Sé que no estoy citada, pero me tienes que teñir. Germán me ha pedido en matrimonio". Fran, reponiéndose de la noticia y tras observarla, dijo con voz afectada: "Ven, siéntate. No necesitas tinte, simplemente, lavar y peinar". Tomó el champú en sus manos, lo extendió sobre la cabeza que se ofrecía sumisa y comenzó diciendo: "Durante el tiempo de tu noviazgo he escuchado pacientemente toda tu relación y pienso haber obrado honestamente aconsejándote sobre el modo de comportarte. He sufrido lo indecible pensando, que cada vez que te acariciaba el cabello, otras manos podrían posarse en él sin la delicadeza con la que yo lo trato. Te pedía que volvieras cada semana con el deseo de verte de nuevo, deleitándome con tu presencia. Confieso, que hasta hoy, me ha faltado el valor necesario para decírtelo por no estropear tu ilusión, pero ha llegado el momento de confesarte que tú y yo podíamos empezar a pensar en recorrer juntos un camino diferente y duradero. Te quiero, Clara; estoy convencido de que te quiero y pienso que conmigo serías más feliz que con Germán"—concluyó mirando en el espejo el rostro de Clara, que se había incorporado".

Con la cabeza empapada, Clara, se colocó una toalla a modo de turbante y pidió a Fran que se sentara junto a ella. "Tengo necesidad de sincerarme contigo—comenzó diciendo—. En los últimos meses, no he te he contado la verdad. Es cierto que con Germán salí dos o tres veces; lo hice hasta desengañarme de su amor fingido, porque su interés por mí era únicamente material: ansiaba mi cuerpo y no mi alma. Entonces, empecé a imaginar conversaciones que me hubieran agradado escuchar, recibiendo por tu parte respuestas con las que me ibas enamorando, día a día. Venía a la peluquería con la única intención de conocer cómo respondías a mis fantasías y de sentir tus manos acariciando mi cabeza, estremeciéndome con el roce de tus dedos sobre mi nuca... Hoy, he decidido no  continuar con la farsa y me inventé la apremiante boda para saber cuál sería tu reacción —con los ojos húmedos, prosiguió—. Te ruego que me perdones por haber utilizado esta estratagema, pero era el recurso que me quedaba para comprobar si era cierto que lo que me aconsejabas que dijera a Germán, era en realidad lo que tú deseabas escuchar.   

Fran la miró con ternura. Con sus manos, apretó suavemente la toalla, acariciando más que secando el cabello y acercando su rostro al suyo la besó con incontenible pasión. Abrazados la llevó casi en volandas  hasta colocar suavemente la cabeza de su amada sobre el lavabo y dijo embargado por la emoción:

"Hoy no tienes necesidad de teñirte, para iniciar nuestro romance basta con un sencillo: lavar y peinar”.

 

 

domingo, 9 de febrero de 2025

 

AMOR IMPOSIBLE

 

En la serena noche descubrí una estrella

rutilante, seductora y firme

como aquella otra que visité, cuando de joven,

recorría fascinado, palmo a palmo,

el universo todo.

Igual que entonces, atrayente y plateada,

orla el camino del infatigable buscador de sueños.

 

Por la mañana perdí su estela

pero no la esperanza de verla,

radiante de nuevo,

en la noche siguiente.

 

Hay amores inalcanzables

por sutiles y lejanos,

que guiñan sus ojos reclamándonos

cuando ya no hay respuesta posible.

 

Hay sueños repetidos,

que a fuerza de soñarlos,

parecen reales y hay realidades

no soñadas, que nos abren por momentos

la visión de lo intangible,

para que no nos sorprenda la noche

sin la ilusión de lo eterno.

 

 

Fotografía de Luismi Villamañán.

jueves, 6 de febrero de 2025

 



EL ASESOR FISCAL

 

(Obra teatral en tres Actos)

 

 

ACTO PRIMERO

(En el despacho de Mateo)

 

MATEO— (Suena el teléfono) ¿Dígame?

LUISMI— Buenos días, Mateo. Soy Luismi. Quisiera pedirte hora para que me hagas la Declaración de la Renta y de paso para que me asesores también sobre una cuestión amorosa. Me ha surgido una duda y he pensado en ti, porque en ciertas cuestiones eres un experto.

MATEO— ¿Has cambiado de estado? ¿Tienes alguna duda sobre los papeles que has de traerme?

LUISMI— Nada de eso; sigo soltero. Lo de experto te lo digo por la cantidad de novias que tuviste antes de que te echara el lazo Tere.

MATEO— Ja, ja, ja. ¡Qué cosas tienes! Novias tuve algunas, pero de eso hace tanto tiempo...

LUISMI— "Quien tuvo, retuvo", dice el refrán y a ti siempre te he considerado un maestro en el arte de ligar.

MATEO— Creo que no soy un mal asesor fiscal, pero si me sacas de los números... Desconozco si en el terreno amoroso te podré asesorar. De todas formas, dime de qué va la cosa.

LUISMI— Pues he pensado en ti, por si me puedes echar una mano en un asunto que últimamente me tiene preocupado. Estoy saliendo con una chica a la que no sé exactamente si la puedo dar el apelativo de "novia". Es más, no sé siquiera si se puede considerar que salgo con ella.

MATEO— ¡Vaya lío, amigo! Eso necesita una explicación detallada. ¿Qué te parece si me vienes a buscar al despacho a eso de las ocho? Nos damos un paseo y ya me cuentas.

LUISMI— Vale. A las ocho estaré allí como un clavo.

 

 

ACTO SEGUNDO

(Paseando por la ciudad, esa misma tarde)

 

LUISMI— Buenas tardes, Mateo.

MATEO— Perdona si te he hecho esperar un ratito. Es que a última hora, todo el mundo quiere que le hagas la Declaración de la Renta.

LUISMI— Ya lo comprendo, Mateo. Son malas fechas, por eso iré rápidamente al grano sobre la cuestión. Además de la de la Renta, quiero que me des tu opinión sobre otra declaración que hice por mi cuenta y que me parece que presenté fuera de plazo.

MATEO— Me tienes en vilo. Cuenta, cuenta...

LUISMI— Es que conocí hace dos meses a una piba estupenda, Marisol, que me dejó tan impactado que dos semanas más tarde le declaré mi amor.

MATEO— ¿Y?

LUISMI— Pues me dijo que acaba de romper con su novio y que no estaba segura si todavía sentía algo por él o no. Me comentó que yo era un chico muy majo y que si quería, podía salir con ella con la condición de que fueran, únicamente, los martes de siete a diez, que era cuando estaba disponible.

MATEO— ¿Como amigos, como novios o en plan de pensiones?

LUISMI— De pensiones y hoteles nada de nada. Como mucho la tomo de la mano y no la rechaza, luego, si se da la circunstancia de que pasamos por un sitio poco iluminado, le doy unos cuantos besos y achuchones y tampoco protesta, solamente me responde con un "qué tonto estás hoy", pero sin que me abrace ni reaccione a mi calentura. ¿Tú qué opinas?

MATEO— Yo diría que has puesto tu capital a muy bajo interés y que para ella, tus besos no la desgravan ¿Sabes cuáles son sus activos y en qué invierte el tiempo del resto de la semana?

LUISMI— No tengo ni idea.

MATEO— Pues haz lo mismo que Hacienda. Vigílala por si tiene cuenta en algún paraíso amoroso y luego tú sacas conclusiones.

LUISMI— Me has dado una idea. A partir de mañana la seguiré discretamente y ya te contaré.

MATEO— Es lo mejor. Así sabrás si está hipotecada o si realiza otro tipo de "inversiones".

 

 

ACTO TERCERO

(En el despacho de Mateo, tres semanas después)

 

LUISMI— Buaaaaa, buaaaaa...

MATEO— ¿Pero qué te pasa, Luismi? Estás desencajado. ¿Has tenido alguna desgracia familiar?

LUISMI (llorando)— Buaaaaa, buaaaa... Es por la Declaracióooon...

MATEO— No te pongas así. Aún no la he calculado. A lo mejor estás llorando a lo tonto y no tienes que pagar lo que supones.

LUISMI (entre sollozos)— No me refiero a la de la Renta... Es por Marisoool.

MATEO— ¡Ah, Marisol! Cuéntame. ¿Cómo fue la vigilancia?

LUISMI— Pues menos los martes que sale conmigo, los demás días de la semana siempre va acompañada de otros chicos. Tiene amores a interés variable.

MATEO— Ya te dije que podía estar hipotecada, y por lo que me dices, multiempleada. Se ve que no sufre ningún tipo de retención, pero no te preocupes, Luismi, ya encontrarás otra mujer que te haga feliz. Mujeres hay muchas y algunas sueñan con un hombre a plazo fijo.

LUISMI— Sí, pero como Marisol...

MATEO— Bueno, olvídala cuanto antes y vamos a hacer la Declaración de este año. Me temo lo peor porque el dinero que se te fue con ella no se puede computar como gasto y tampoco puedes desgravarte por alquiler de inmuebles. ¡En fin!, creo que te tocará pagar. En cuanto a la otra Declaración, la de Marisol, está claro que si sale con un chico, ni sueñes que te salga a DEVOLVER.

LUISMI— Me siento el hombre más desgraciado del mundo. Estoy sin amor y a partir de julio, sin dinero.

MATEO—Tienes que ser más listo. Cómprate un casoplón de seiscientos mil euros en la sierra; desgravas un montón de dinero cada año y hasta puede que te eches novia.

LUISMI— Gracias, Mateo. Tendré que hacer algo así. Oye: ¿Es verdad que Hacienda somos todos?

MATEO—"Todos los tontos", querido Luismi. Hasta pronto, Mateo. Por cierto, tira los pañuelos en la papelera, nunca en el inodoro, pues los atranques sí que los pagamos entre todos los vecinos.

 

FIN

 

domingo, 2 de febrero de 2025

 

HAIKUS DEL MES DE LOS AMORES

 

 

DANA tras DANA

tempestad y borrasca

cruzan España.

 

Algunos brotes

parecen dibujarse

en los almendros.

 

Sol embustero

de futuros estíos

en la ventana.

 

Nunca olvides

el día más hermoso:

viernes, catorce.

 

¡Oh primavera!

En el aire presiento

tu cercanía.

 

Fotografía de Santos Pintor Galán.

jueves, 30 de enero de 2025

 

NIEVE DE ENERO

 

Cuando nieva, el tiempo parece entretenerse

sin querer avanzar.

A ritmo de vals,

bailan los copos de nieve,

dubitativos antes de tomar tierra;

 esta tierra en la que desaparecerá,

más pronto que tarde,

la aventura que partió de nubes algodonosas,

una mañana, a finales de enero.

Nieva sobre los blancos almendros y

sobre el negro asfalto de la ciudad.

Cada vez que nieva, sin poderlo evitar,

siento un retroceso temporal a la infancia.

En el recuerdo, los copos tenían

la blancura total de la inocencia primera,

se moldeaban a impulsos de manos inexpertas,

volaban prestos buscando el objetivo

de un compañero de juegos

 y, finalmente, abandonados, se desvanecían

envejecidos en pequeñas montículos,

hasta su completa desaparición.

Hoy, la nieve me traslada al momento pasado

de la blancura impoluta, aquella que nunca debí perder

con el paso de los años; aquella que era

blancura fugitiva, sin reparar,

 que acabaría ennegrecida

esperando el fatal deshielo.


Fotografía: Joaquín de Jáudenes Ortuño.

 

domingo, 26 de enero de 2025

 

PASAJES DE “CÉCILE, AMORÍOS Y MELANCOLÍAS DE UN JOVEN POETA” (107)

CAPÍTULO X

La Ambición

 

 

 

……………………………..

Don Augusto quedó tan satisfecho por la acogida que, amén de pagar la minuta, rascó con la uña la pintura del recibidor de la notaría y, queriendo agradecer a mi padre la deferencia que iba a tener con él al día siguiente, afirmó solícito:

―Don Álvaro: el tiempo y la luz solar han degenerado los colores de esta pared. Le voy a mandar unos operarios para que, en un plis-plas, esta estancia recobre el colorido primitivo. Y, por supuesto ―añadió―, no tendrá que abonar cantidad alguna.

Los datos recopilados por mi padre y la generosidad demostrada por don Augusto, hicieron que mi progenitor se esforzara, en fechas posteriores, en quedar con el pintor para intercambiar impresiones. Aprovechando la coyuntura de inscribirle como socio en el Círculo de Recreo, los salones de tan noble institución fueron testigos de las animadas charlas entre ambos. La espontaneidad y el agradecimiento de un alma sencilla, deslumbrada por las atenciones de un notario, hicieron que el soriano contara su vida y milagros. Unas veces directamente y otras dando rodeos, mi padre quedó enterado de los humildes orígenes de su interlocutor, de su trabajo incansable en los años de juventud, cuando recorría los pueblos limítrofes a lomos de una caballería, y de su posterior bonanza económica, que le habían llevado a adquirir, amén de las ya conocidas naves, varias fincas en su pueblo natal, todas ellas de gran valor al poder ser regadas por el río Manzano. También supo que tenía dos hijos, de nombre Arsenio y Severino, y que ambos estudiaban Derecho con gran aprovechamiento.

―En la actualidad les llamamos Cuco y Nino. Cuando les bautizamos, yo me empeñé en que llevaran el nombre de los abuelos, pero, aunque mi mujer, en un primer momento, consintió, al mudar de fortuna le parecieron poco finos y me obligó a nombrarles como le he dicho. Por cierto, que ella, de pila Tomasa, con la bonanza también dice a sus parientes y amistades que la llamen “Tasina”.

                                                                                          …………………….

jueves, 23 de enero de 2025

 

FABÚLA DE LOS VEGETALES SOLIDARIOS.

 

Un famoso arquitecto tuvo la genial idea de adornar con árboles y arbustos de diferentes especies, el espacio central que separaba la iglesia, de un convento de frailes. Ambas estructuras diseñados por él, habían recibido un importante premio por su avanzado concepto arquitectónico.

Sobre dos parterres situados a izquierda y derecha de la puerta del convento, mandó plantar especies tan diversas y, según él, tan armónicamente complementarias, como un magnolio, un peral, un carrizo de la pampa y un abeto en el lado izquierdo; situando en el lado derecho, plantones de bambú, acebo, el árbol del amor y un bello ejemplar de secuoya.

Entre ambos jardines se situaba un pequeño estanque alimentado por una semioculta fuente que mantenía constante el nivel del agua. El estanque poseía una pequeña extensión de tierra firme. Allí, el insigne arquitecto indicó que debía crecer un sauce llorón, que dotaría al conjunto de singular belleza.

Todos los vegetales fueron creciendo a su ritmo, pero el sauce lo hizo a mayor velocidad, de manera que, en pocos años, adquirió gran altura, descolgándose sus ramas en una maravillosa cabellera verde que por sí sola llenaba el espacio central y constituía el foco de atención de cuantos visitaban el convento. Consciente de su esplendor y ensoberbecido por esta circunstancia, el Salix babylónica se reía de las especies vecinas a poco que el aire moviera cadenciosamente sus ramas.

Sin embargo, una extraña enfermedad hizo que al arrogante sauce tuvieran que cortarle la mayor parte de las ramas hasta reducirlo a un pequeño tocón que apenas emergía del agua y del que brotaban unas pocas ramificaciones. Durante este penoso proceso, sus vecinos vegetales, lejos de alegrarse de su desgracia le ofrecían el resguardo de sol y del viento, en la medida de sus posibilidades, a la espera de que el disminuido sauce recuperase la frondosidad primitiva.

MORALEJA: Muéstrate solidario con los que estén pasando malos momentos, a pesar de que estos te hayan ofendido.

domingo, 19 de enero de 2025

 

OCURRIÓ EN SAN VALENTÍN

 

 

 

Concluir la carrera de Ciencias de la Información y encontrar donde ejercer la profesión, resultó, en mi caso, una cuestión sencilla. Siendo mi hermano columnista en uno de los mejores diarios nacionales, supo cómo buscarme acomodo en el rotativo, aprovechando la circunstancia de una jubilación en la sección de "Ecos de Sociedad". Con  mis pocos años, teniendo por delante un futuro prometedor, fue imposible dominar mi  "Ego",  y así , tras comprarme un sombrero estilo Bogart y dejarme crecer la barba, conseguí tener  una mesa reservada en un conocido café frecuentado por literatos y  artistas de toda índole. Allí desayunaba y desde allí observaba, manteniendo el periódico desplegado, las entradas y salidas del variopinto personal que se daban cita en aquel lugar; recurso con el que pretendía aportar noticias a mi columna diaria en el periódico.

Entre la multitud de personas que iba conociendo e identificando, gracias al camarero, una joven llamó poderosamente mi atención. Destacaba, además de por su estilizada figura, por el glamur que desprendía en cada movimiento y por el exquisito gusto con el que se vestía. Mi admiración al contemplarla no hubiera pasado de la simple curiosidad, si no hubiera sido porque cada día, volviéndose hacía donde me encontraba, me obsequiaba con una tímida sonrisa. En esos cortos intercambios visuales, pude apreciar un rostro hermosísimo y una boca que parecía dibujar la palabra "amor" en cada sonrisa. De la curiosidad pasé al embelesamiento, cuando el tiempo que dedicaba a observarme, aumentaba, y la sonrisa pasaba de tímida a explícita. El resultado fue que acabé enamorándome de ella, como un idiota. Aquella mujer me fascinaba de tal manera que soñaba con el momento matinal en el que sus ojos me buscarían...

Estaba decidido a terminar con esta situación, hablar con ella y acabar con la ansiedad que me consumía, pero fue ella quien se me anticipó. Una mañana, se acercó con una rosa en la mano hasta donde me encontraba, se sentó a mi lado, apartó suavemente el periódico tras el que me parapetaba y hablando con estudiada voluptuosidad me dijo: "He esperado al día de los enamorados para decirle que siento una atracción irresistible hacia usted. Leo su crítica literaria en el periódico y es tal la riqueza del vocabulario, la sensibilidad con la que describe la personalidad de los protagonistas y la prosa poética con la que impregna todo el comentario, que más de una vez, me he sentido destinataria de sus artículos".—Hizo una pausa, antes de proseguir, cuando ya retenía mi mano entre las suyas— " Créame, usted , sin querer, me ha seducido con sus publicaciones. Desde el título hasta la firma: Augusto de Armendáriz y Fernández de Lozoya, es de una grandiosidad extrema"— . Concluyó con los ojos llorosos.

Augusto es mi hermano— respondí, con un hilillo de voz—, yo me llamo Ricardo.

La muchacha, dio un respingo en el asiento, con evidente desagrado, se deshizo de mi mano, abandonó sobre la mesa la rosa, y sin decir palabra, regresó a la barra junto a sus amigos. Nunca más volví a verla.

 Durante un tiempo conservé la rosa entre las páginas de un libro, hasta que pétalos y recuerdos, se marchitaron.

 

jueves, 16 de enero de 2025

PASAJES DE”LAS LAMENTACIONES DE MI PRIMO JEREMÍAS” (107)

CAPÍTULO VII

Se acerca la Fiesta

 

 

…………………… 

Puede que la camisa a cuadros que vestía aquella tarde Jeremías fuera la de «pon», porque, aunque remendada, tenía los colores más vivos que la de «quita» de por la mañana. Por primera vez en todo el verano, cubría las piernas con un bonito pantalón largo color crema que, a causa del crecimiento, no llegaba a taparle los tobillos. Todo su cuerpo exhalaba una penetrante fragancia a lavanda. No había duda: mi primo se había duchado y perfumado a conciencia, consiguiendo que la piel de su cara y brazos le reluciera como si los hubiera encerado. Descendiendo por las sienes y la frente, rizos de negro cabello impregnados en brillantina, enmarcaban esa mirada altiva con la que Jeremías contemplaba al mundo como si le estuviera diciendo: «Algún día, serás mío».

Con la barriga repleta tras zamparse las almendras garrapiñadas del Tío Catorce, no dudó en aceptar también las mías, según la estratagema prevista, y sin esforzarse «ayudó» a Tinín, ventilándose buena parte del algodón caramelizado del pequeño.

―No se me está dando mal la tarde ―comentó, llevándose la mano al vientre―; y esto es sólo el principio, porque cuando llegue mi tío voy a dejar los puestos temblando.

Imaginando los puestos sin existencias, Jeremías estuvo a un tris de tropezarse con un muchacho que, sentado en el bordillo, se deleitaba aspirando el humo de un cigarrillo. Al verle, le esquivó, saludándole campechanamente con una pregunta que era una obviedad:

―Chimenea, maricón, ¿qué estás haciendo?

A lo que el Chimenea respondió, sacudiendo la ceniza del cigarro:

―Joder, ¿no lo ves? Estoy fumando y haciendo tiempo hasta que lleguen los de «la pedida».

―¡Anda, mi madre! ¡Es verdad! ―dijo Jeremías, llevándose las manos a la cabeza―. Estaba entretenido comprando almendras a mis primos y no me he acordado que ya es la hora de «la pedida». ¡En qué estaría pensando!

Y se despidió de su amigo con un apresurado:

―Hasta luego, Chimenea, ya nos veremos.

                                                                                       ……………………..