domingo, 28 de abril de 2019



NOTRE  DAME


Un espacio del alma llora, silenciosamente.
Sobre los tejados, la llama amenazante
que nunca debió ascender tan alto,
se yergue ufana, poderosa, desafiante,
hasta destruir la aguja de esperanza.

Arden mis recuerdos de París
y el denso humo amenaza con asfixiarme
a kilómetros de distancia,
a segundos en el recuerdo
de una tarde primaveral
en la que el cielo de París
era azul, radiante y primoroso.

Sobre las ruinas, se alzan indemnes
dos torres como dos enormes piernas
para seguir caminando pese a los daños,
pese al implacable paso de los años,
casi como yo, o tal vez, como casi
la mayoría de nosotros.

Se nace una vez y se renace cada día.

Notre Dame de París: espero tu reconstrucción
para que mi alma recupere el equilibrio.



NOTRE DAME

Un espace de l´âme pleure, en silence.
Sur les toits, la flamme menaçante
qui  ne devrait jamais monter si haut,
elle se dresse fière, puissante, défiante,
jusqu´à détruire l´aiguille de l´espoir.

Mes souvenirs de Paris brûlent
et la fumée dense menace de m´étouffer
en kilomètres de distance.
en secondes dans la mémoire
d´un après-midi de printemps
dans lequel le ciel de Paris
était bleu, rayonnant et exquis

Sur les ruines, elles s´élèvent indemnes
deux tours comme deux énormes jambes
pour continuer à marcher malgré les dégâts,
malgré le passage implacable des années,
presque comme moi, ou peut-être, comme presque
la plupart de  nous.

On est né une fois et on renaît tous les jours.

Notre Dame de Paris: j´attends votre reconstruction
pour que mon âme retrouve son équilibre.


Traducción de María José Martínez Girón

jueves, 25 de abril de 2019

LA REFORMA
Crónicas de mi Periódico              25 de de abril de 2019


MANUEL ALCÁNTARA

Hace tan solo una semana nos abandonaba, tras una larga vida dedicada a la comunicación escrita, el poeta y periodista Manuel Porras Alcántara, al que todos conocimos por el seudónimo con el que siempre firmaba sus escritos, Manuel Alcántara. (1928-2019)

Malagueño de nacimiento, por necesidades del trabajo paterno, se traslada a Madrid en plena juventud y aunque comienza los estudios de Derecho, nunca los concluiría llevado por un desbordado amor por la poesía, lo que le hace frecuentar las tertulias literarias de la época en los cafés, Lisboa, Molinero, Lira y sobre todo en Varela en donde a las doce de la noche de cada viernes recita sus primeros versos. Estos eventos de “En Versos a  Medianoche” le dan la oportunidad de dar a conocer su poesía, llena de de gran consistencia y lirismo. Después de varios galardones, obtiene el “Antonio Machado” por su poemario “Manera de silencio”(1955) y poco después el Premio Nacional de Literatura (modalidad poesía) por su “Ciudad de entonces” (1961).

Por entonces, es ya un poeta conocido que traba amistad con escritores como Julio Camba o César González Ruano. Quizás esta sea la razón por la que se inicia tardíamente en el mundo periodístico. Trabaja en rotativos como “Arriba”, “Pueblo”, “Ya”, “La Hoja del Lunes” y “Marca” en donde escribe crónicas boxísticas  y futbolísticas. Sin embargo, la columna diaria que publicaba como cierre en la contraportada de los periódicos del grupo Vocento, fue la que le dio prestigio nacional.

Con cierto gracejo se le escuchó decir que: “solo hago cosas que puedo empezar y concluir en un mismo día, como un poema, un soneto o un artículo”. Estos artículos hacían que yo comenzara a leer “El Norte de Castilla”, siempre por la última página. Era una delicia comprobar cómo en una estrecha columna de escueto número de palabras, era capaz de comenzar, desarrollar y concluir, a veces con una espectacular Larga cambiada, cualquier tema de actualidad que su pluma desgranara.

Fue galardonado con innumerables premios periodísticos como el Luca de Tena, el Mariano de Cavia, el González Ruano o el Joaquín Romero Murube. Los 30.000 artículos que escribió hasta el pasado mes de enero, fueron, sin duda, su gran aval.

Desde el año 1993 instituyó el Premio de Poesía que llevaba su nombre, uno de los mejor dotados de España.

Pocos años antes de morir escribió sobre la muerte que barruntaba: “La muerte es como un libro o un espejo en donde uno mira y mira sin ver nunca”. Roto el espejo, ojalá haya podido satisfacer su curiosidad y ver cara a cara la Verdad como en un libro abierto.

Descanse en paz tan excelente escritor.

Fotografía de Francis Silva


domingo, 21 de abril de 2019


PASAJES DE “CÉCILE. AMORÍOS Y MELANCOLÍAS DE UN JOVEN POETA” (56)
CAPÍTULO IX
La Ruptura
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A las diez de la mañana del día siguiente ya estaba mi padre zascandileando por la casa, preparando la siguiente visita turística con la que honrar a nuestros huéspedes y que en esta ocasión tendría como destino la cercana villa de Medina de Rioseco. Dudó entre comer en nuestra casa o hacerlo en Villanubla o en cualquier mesón que nos pillara de camino. Finalmente, se decidió por la primera opción, que le pareció la más apropiada para que tanto Tinín como Nerea, dada su corta edad y la más que probable tardía llegada, estuvieran más tiempo en familia. También en esta ocasión, no pareció oportuno que viajaran con nosotros, para no someterles a los rigores de una primavera excepcionalmente fría.

De cualquier forma, el horario paterno había que cumplirlo a rajatabla y, sin apenas tiempo para reposar la comida, mi padre puso en marcha la maquinaría que nos llevaría acto seguido a la Ciudad de los Almirantes, dando, como solía, razones convincentes:

―Resulta sorprendente ―dijo― que un pueblo que apenas cuenta con cinco mil habitantes, conserve tal cantidad de arte, y sus gentes sientan con inusitado fervor tamaña devoción por sus procesiones y de manera tan excepcional. La procesión del Mandato, en Medina de Rioseco, suele empezar hacia las ocho de la noche, pero no hay que perderse el toque agudo del Pardal, reuniendo a los gremios y su desfile, Rúa Mayor abajo, para cumplimentar a las autoridades en el Ayuntamiento. Después, cuando hayamos contemplado los prolegómenos con un buen bocadillo y café con leche calentito, resguardados en los soportales de la Rúa, nos deleitaremos viendo el paso de la procesión, que posee una valor plástico fuera de lo común ―afirmó mi padre, convencido de que los acontecimientos iban a discurrir al modo en que los tenía planificados.


Los taxis nos condujeron aquella tarde hasta nuestro destino, pero la angosta carretera, el lento fluir de los vehículos y el gentío congregado en la villa, hizo que no llegásemos a tiempo de vislumbrar la ceremonia de la Plaza Mayor.


Un cielo grisáceo, anunciador del frío que nos envolvió y nos hizo tiritar a todos, se hizo patente cuando los últimos rayos de la tarde abandonaron la esbelta torre de Santa María. Buscamos refugio en los soportales, junto a una carnicería en la que dos amenazantes ganchos, situados a ambos lados de la puerta, señalaban el lugar que en otro momento ocuparan los marranos sacrificados y abiertos en canal, para contemplación de futuros compradores, según la costumbre del lugar.


Con la picardía que proporciona la edad, Nacho hizo saber a sus padres que buscaríamos acomodo no lejos de ellos, pero en algún lugar desde el que las chicas pudieran tener buena visión del espectáculo, y una vez les convenció, se alejaron también de donde nos encontrábamos Arancha y yo. En estas circunstancias, mi acompañante no tuvo ninguna dificultad en exagerar el frío que le cercaba por fuera y el calor que le agobiaba por dentro. Mostrando una pericia impropia de su edad, introdujo sus manos en los bolsillos de mi pantalón, buscando calor, me dio friegas en la espalda para transmitirme confort, rodeó mi cuello con sus brazos, intentando que nuestros rostros se juntaran, y por último me susurró varias veces al oído que yo era la persona con la que soñaba desde el instante en que me conoció. 


Al principio no hice más que retirar la cara y reprimir sus excesos, esperando que, ante mi negativa, acabarían por amortiguarse y ceder, ¡pero en vano! Infatigable, ella redoblaba sus esfuerzos por atraerme cada vez que la rechazaba, de modo que cuando desfiló ante nuestros ojos “Jesús atado a la columna”, yo ya estaba sujeto por sus zalamerías. Imitando a la “Santa Verónica”, jugueteó con un pañuelo de seda sobre mi cara, para sorprenderme después con un beso. En “La Desnudez” me sentí totalmente falto de recursos para defenderme del aluvión de caricias que se me venían encima. Al “Cristo de la Pasión” y a “La Dolorosa” pedí perdón por mi falta de firmeza al dejarme arrastrar por la pasión encendida de Arancha. Los graves sonidos de los Tapetanes que acompañaban cada Paso, actualizaban mi infidelidad en un alma tan destemplada en aquellos momentos como el sonido producido por las baquetas al golpear la membrana del tambor, recubierta del grueso paño.
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Fotografía del autor. Iglesia de Santa María de Mediavilla. Medina de Rioseco (Valladolid)



jueves, 18 de abril de 2019


SEPTUAGÉSIMO QUINTO ANIVERSARIO DEL PREGÓN DE “LAS SIETE PALABRAS”

Desde el año 1944, la Cofradía de “Las Siete Palabras” de Valladolid organiza un acontecimiento que realza y prestigia la Semana Santa de esta hermosa ciudad castellana.

En la mañana del Viernes Santo, un pregonero, acompañado de un conjunto de cofrades a caballo, da lectura en lugares emblemáticos de la urbe, el soneto que resultó ganador en el Concurso Literario anual previamente celebrado. En él, convoca a los ciudadanos, a que ese mismo día, a las doce de la mañana, acudan a la Plaza Mayor para escuchar el llamado “Pregón de las Siete Palabras” en las que un eminente orador explicará ante la multitud allí congregada, las Siete Palabras que Cristo pronunció en la Cruz.

El Paso de “Jesús entre los ladrones”, preside este Acto de reflexión cristiana. El “Cristo de las Mercedes” que centra el monumental Paso es obra del escultor milanés Pompeyo Leoni y fue esculpido a principios del siglo XVII, cuando Felipe III decidió que Valladolid fuera capital del reino (1601-1606).

Tengo el honor de ser uno de los poetas cuyo soneto fuera elegido para este acontecimiento excepcional. Ocurrió en el año 2012 y supuso para mí una enorme satisfacción personal y me permitió, además, dar a conocer algunos de mis escritos que permanecían hasta ese momento sin publicarse.

Aunque pueda parecer una pedantería, no me resisto a daros a conocer este soneto, que tan buenos recuerdos aportan en mi vida. Dice así:
       
       Venid, contemplad al Cristo, herido,
          hecho Luz, que ilumina verdadera,
    esta mañana azul de primavera,
    todo aquel corazón que esté dormido.

        En su rostro veréis lo que ha sufrido
        soñando cada instante en ardua espera,
    no se pierda su sangre sementera
    sin que el mundo se haya convertido.

    Aún antes que la tarde haya venido,
    oiréis desde la Cruz el testamento,
        de un hombre por tres clavos sostenido,

    Siete Palabras, son el alimento
    que dan al corazón nuevo latido,
    para vivir de Amor, no de lamento.
                            
               Soneto ganador del Pregón de las Siete Palabras 2012
                     Autor: Carlos Malillos Rodríguez
          
                       https://youtu.be/nJE6vA2wLd4
          




jueves, 11 de abril de 2019



PASAJES DE "LAS LAMENTACIONES DE MI PRIMO JEREMÍAS" (56)

CAPÍTULO IV
Conociendo el pueblo


Los rayos de sol, filtrándose a través de la persiana, iluminaron tempranamente la habitación en la que habíamos dormido los dos hermanos, decorando la estancia con un rayado de distinta intensidad luminosa que alcanzaba nuestros pijamas. Sin poder evitarlo, me acordé con tristeza de los famélicos niños judíos que, con indumentaria similar a la que parecíamos tener nosotros, hacían cola ignorando su suerte en los campos de exterminio de Auschwitz, y me sentí muy afortunado al comprobar que el rayado se desprendía del pijama simplemente con moverme.
 Tinín permanecía sumido en un profundo sueño casi desde el momento en que se tumbó en la cama. No había mostrado temor al acostarse frente el colosal armario que ocupaba gran parte de la destartalada habitación, ni extrañó el hecho de dormir a más de tres metros del techo. Abrazaba la almohada con su gesto habitual, confiado en mi compañía. A mí, sin embargo, me costó trabajo conciliar el sueño: extrañé la cama, los inesperados crujidos de la madera; sentí, de vez en cuando, ruido de pasos acompañados del consiguiente abrir y cerrar de puertas y de las inevitables toses, que se percibían con tanta claridad como en los entreactos de un concierto. Para colmo de males, a media noche, algún desinhibido labrador rasgó el silencio con su recio vozarrón, intentando conducir a los bueyes camino de las tierras, donde esperaban los haces de mies para su acarreo, y por si fuera poco, del corral de Rosario, la Peineta, me llegaron antes del amanecer los cánticos destemplados de los gallos. Así, me sorprendió la alborada, hambriento y somnoliento. Ante la urgencia de ambas necesidades, opté por engañar al hambre mientras pudiera, permaneciendo acurrucado entre las sábanas, semidormido, haciendo tiempo hasta que el estómago me indicara que había llegado la hora de su ración, hecho que no tardó en producirse, por lo que, calzándome las zapatillas, me levanté sigilosamente para no despertar a Tinín, deteniéndome coquetamente ante el espejo del cuerpo central del armario. En el corto diálogo visual, el descomunal espejo fue mi aliado porque al mirarme en él sólo percibí la silueta de un muchacho delgaducho y despeinado, sin que se pudiese apreciar en mi difuminada cara vestigios de la mala noche pasada.
Cuando bajé a desayunar, hacía tiempo que Petra se había hecho con el control de la cocina, preocupándose de paso en recordar a tata Lola dónde se encontraban los utensilios y las viandas, para que la intendencia funcionara a la perfección, y ella misma había dispuesto, como en un hostal, las tazas, los platos, las servilletas y la mantequilla sobre la consistente mesa rectangular de la cocina, que servía el resto del año, en ausencia de invitados, de mesa de comedor.
 Aunque en un primer momento, Petra me había impresionado con su tétrico aspecto, esta mujer ocultaba bajo su rudo aspecto, un corazón noble y una actitud de servicio como la que sólo pueden tener aquellas personas que desde su nacimiento vienen a este mundo a estar a las órdenes de otros. En este caso, Petra estaba orgullosa de servir a mi abuelo, «su señorito», y tenía a gala tanto los muchos años de servicio como que su propia madre hubiera quitado los pañales al ahora su jefe, objeto de sus actuales desvelos.
Nada más verme, corrió a ofrecerme un gran vaso de leche y unas magdalenas, diciéndome cariñosamente:
―Come rapaz, que entavía tienes mucho que crecer.
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Fotografía de Juli Garrido Velasco



domingo, 31 de marzo de 2019

LA REFORMA
Crónicas de mi Periódico              31 de de marzo de 2019
                                  PEDIR PERDÓN
Por ser tiempo de Cuaresma, he estado reflexionando un rato sobre aquellas personas a las que tendría que pedir perdón por haberme portado con ellas de forma inapropiada, teniendo al final que desistir de ello por varias razones. La primera y fundamental es que, al ser tantas, tendría el tiempo ocupado en este menester hasta enlazar con el siguiente ciclo cuaresmal; la segunda, es que al no ser, a mi entender, agravios de gran entidad, alguien que visita las iglesias con más frecuencia que yo, me ha dicho que con persignarme con agua bendita me basta y me sobra; y la tercera razón, escuchada a uno que nunca visita iglesias, es de que no sea gilipollas, que pequeñas puñeterías con nuestros semejantes, las cometemos todos y de que ir por ahí pidiendo perdón me convertiría en un "nenazas".

La duda que me corroe es cómo pedir perdón a los que ya pasaron a mejor vida, y en mayor grado de corrosión me encuentro si el mal fue hecho por alguno de mis ascendientes directos de los que aún conservo algo de su sangre. Si se tratara de un fraude contra la Administración, es bien sabido que Hacienda me reclamaría hasta el último céntimo de la deuda en caso de que fuera el heredero, así hubieran pasado mil años.

Para pedir perdón por las malas acciones cometidas por quienes eran mis ascendientes en este mundo, lo primordial es buscar información y saber, exactamente, quiénes fueron. Un tío mío (q.e.p.d) se aventuró a buscar los antepasados que llevaron su apellido que es el mío: Malillos, recorriéndose juzgados e iglesias de buena parte de las provincias de Zamora y León en donde, al parecer, se asentaron nuestros ancestros comunes. El estudio fue completísimo y se complicaba en múltiples ramas a medida que retrocedía en el tiempo. Su investigación se interrumpió, ¡oh desilusión!, cuando a principios del XIX, las huestes napoleónicas quemaron, además de más de un lugareño, los archivos de cuantas iglesias encontraban a su paso y con ellos las Actas bautismales. Sus buenas intenciones quedaron frustradas y aún estoy esperando que algún gobernante francés haya reparado el mal causado o, al menos, haya pedido perdón a la familia Malillos por este hecho. Si mi tío hubiera podido continuar su estudio, sabe Dios cuántos árabes, visigodos, romanos, iberos, celtas, etc. me hubiera visto en la necesidad de solicitar su perdón y cuántos tendrían con mi sangre y mi apellido deudas pendientes.

Hacernos responsables de lo que hicieron o dejaron de hacer (que también se peca por omisión) los que nos precedieron, es una auténtica estupidez. Entre otras cosas, porque al ser momentos históricos diferentes, lo que hoy sería delito o una violación de los Derechos Humanos, no tenía la misma consideración tiempo atrás. Piénsese que en los tiempos de la conquista de América, los indígenas, no tenían la consideración de personas, es decir, se pensaba que no poseían alma y gracias a Misioneros como fray Bartolomé de las Casas o fray Junípero Serra. se les reconoció por la Corona de España la condición de tales.

A mí me hubiera gustado que el muy ilustre Presidente de la República de México, Andrés Manuel López Obrador, junto a la solicitud de petición de perdón exigida al actual Rey de España y al actual Pontífice, por los males causados a sus antepasados, añadiera una lista de todas las gracias antaño recibidas.

Es cierto que la conquista, no se realizó repartiendo besos pero gracias a los conquistadores y a sus mandatarios, se establecieron Leyes, se crearon Universidades y se evitó el canibalismo y masacres entre los propios indígenas. Tres órdenes religiosas : dominicos, franciscanos y jesuitas (el Papa Francisco es jesuita) fueron los difusores de la fe cristiana y los mejores defensores de los siempre maltratados indígenas.

Bien haría el Señor Presidente en no andarse por las ramas y en ocuparse de los indígenas y del lamentable estado en que se encuentran en la actualidad y dejar de reclamar hechos ocurridos hace quinientos años. Como mucho, podría protestar que la civilización no le alcanzó a él, visto que todavía nadie le bajó del árbol.





jueves, 21 de marzo de 2019



PASAJES DE "CÉCILE. AMORÍOS Y MELANCOLÍAS DE UN JOVEN POETA" (55)

CAPÍTULO VII
La sanación
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A bote pronto, pensé decir: “las maracas”, un regalo de tía Gertru, con las que acompañaba, a veces, las canciones de Machín que tanto gustaban a tata Lola, pero me pareció harto vulgar la respuesta en un ambiente tan distinguido y decidí contestar con una frase que hiciera honor a mis progenitores, porque no en balde poseía genes de materna humildad en la misma proporción que otros de prepotencia paterna.
―No, no toco ningún instrumento porque no sé ni siquiera solfeo, pero no lo considero imprescindible. Ya he compuesto varias canciones, entre ellas un villancico que conoce Daniel.
―Mais... vous êtes un génie! ―exclamó mi anfitriona―. Ahora comprendo la admiración que despiertas en Cécile. Ella me habla constantemente de ti y de tus ocurrencias. Puesto que no sabes solfeo, si lo deseas, yo podría plasmar en una partitura tu villancico.
―De acuerdo ―respondí agradecido―. A Cécile también le hará mucha ilusión.
―Mi hija está francamente ilusionada contigo. Espero que con el tiempo seáis grandes amigos, aunque por el momento, dada vuestra juventud, os recomendaría a ambos paciencia. Desearía que, una vez disfrutadas las vacaciones y reiniciado el curso, espaciarais vuestros encuentros y no os vierais, salvo en momentos puntuales como cumpleaños y celebraciones. Créeme, lo más importante a vuestra edad es el estudio. Te lo digo por la experiencia que te aportan los años: sin la suficiente madurez, menudear los encuentros produce hartazgo y decepción. Quisiera para mi hija y para ti lo mejor. Lo comprendes, ¿verdad? Pero... ¿cuál era el objeto de tu visita?
Derrotado y herido de muerte en mis aspiraciones, me dieron ganas de inventarme cualquier excusa y largarme. Solamente pensar que faltaban dos meses largos para mi cumpleaños, que sería la próxima celebración, me angustiaba. ¡Dos meses para poder disfrazarme de Humphrey Bogart! Demasiado tiempo para un corazón que ardía cuando sentía el de Cécile latiendo cerca del mío. Sin embargo, instintivamente pensé que “algo” es mejor que “nada” y tal vez con las clases de francés tendría la oportunidad de verla, aunque fuera sólo un instante.
―Bueno, he venido a ver si fuera posible que pudiéramos conversar en francés. Los idiomas, según mi padre, son fundamentales.
―Y tiene razón tu padre. Hoy en día los idiomas son imprescindibles para conocer mundo y para obtener puestos de responsabilidad. Además, el francés está considerado como el idioma culto por excelencia. Debo confesarte que ambos saldremos beneficiados, pues a mí también me vendrá muy bien practicarlo. Sin un repaso adecuado, las normas gramaticales acaban por olvidarse. ¿Cuántos días vas a venir y cuándo quieres empezar? ―me preguntó con aparente interés.
Sobre la marcha, improvisé que con dos días a la semana sería suficiente. Pensé que uno de ellos fuera el sábado, por si la suerte me acompañaba y al término de la clase pudiera salir con Cécile. 
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Fotografía de Juli Garrido Velasco
                                                                          



domingo, 17 de marzo de 2019



PASAJES DE "LAS LAMENTACIONES DE MI PRIMO JEREMÍAS" (55)
CAPÍTULO III
La casa del abuelo
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Jeremías no pudo contenerse y soltó una carcajada. Tinín se rió, sin saber por qué. Margarita, mi madre y tata Lola se enrojecieron sabiendo de qué, mientras yo me desternillaba de risa, con la mano tapándome la cara para que la risa no irritara a mi padre.
De esta manera acabó la primera comida en el pueblo: las mujeres llorando de pena, los chicos llorando de risa y mi padre muy serio y muy quieto en su silla, como si fuera un apóstol que se hubiera caído del cuadro de la Sagrada Cena que presidía el comedor.
Afortunadamente para mí, Jeremías, con el estómago más que lleno, olvidó mi proposición de enseñarme a pescar ranas y, en su lugar, me invitó a pasar la tarde en el lugar donde solía ir en ocasiones a pensar y a lamentarse de su escasa fortuna y de su condición de niño mal nacido. El paraje estaba situado a escasos quinientos metros de la iglesia, cerca de los lavaderos, pero lo suficientemente alejado del pueblo para que los ruidos del quehacer cotidiano no perturbaran la paz que se podía disfrutar en esa enorme pradera, surcada por un zigzagueante regato que discurría paralelo en aquel lugar, a las vías del ferrocarril Zamora-Salamanca, parte del recorrido Gijón-Sevilla, llamado con orgullo por los lugareños como «La Ruta de la Plata».
Allí nos tumbamos, permaneciendo un buen rato en silencio, dormitando. Jeremías se cambiaba de postura constantemente, en un intento de que su estómago girara como una hormigonera para digerir la copiosa comida, y yo miraba el cielo, salpicado de algodones cambiantes de forma, mientras el aire, moviéndome el flequillo, me traía de paso el inconfundible olor del agua fangosa, que discurría perezosamente muy cerca de nosotros, entre juncos, espadañas y carrizos.
―No entiendo cómo tu madre, en la bendición de la mesa ―dijo Jeremías, incorporándose ligeramente―, hablaba de comer mejores manjares en el Cielo; con que fueran parecidos a los que cominos al mediodía, ya me conformo.
―Es una forma de hablar ―respondí, acordándome de las clases de religión―; en el Cielo no se come, porque no tendremos cuerpo. Se goza únicamente de la presencia de Dios.
―¡Pues vaya gracia! El Cielo para mí ha perdido todo el interés. Por muy agradable que sea Dios, si le tienes que contemplar con el estómago vacío, va a ser lo mismo que cuando viene el cuenta chistes el día de la Fiesta.
―Anda macho, vaya comparación. De Dios no tienes ni idea. Lo único que piensas es en comer.
―Pues no comas y ya verás lo que te pasa. Además, la comida se ve, pero a Dios todavía no le he visto. ¿Lo has visto tú? ―dijo Jeremías dándome la espalda, a la vez que soltaba un sonoro pedo.
El inesperado trueno fue la forma más contundente de terminar nuestra conversación teológica, porque cuando el hedor, con aromas de legumbre, llegó a mis narices, me incorporé de un salto para alejarme del pestazo. Fue entonces cuando tomé conciencia de que, sin haber visto a Dios, podía asegurar la existencia del infierno.

Fotografía de Pedro de la Fuente.




jueves, 14 de marzo de 2019


CONVERSACIONES CON ÓSCAR (XIII)

 



.Este es el título de la película merecedora del máximo galardón en la 91º Gala de los premios Óscar, recientemente celebrada. Tal honor parecía reservado, al decir de la crítica especializada, a la cinta "Roma", pero parece ser que a la Academia le ha parecido demasiado premio galardonar en dos años consecutivos al cine mexicano, máxime cuando la cinta se escuchaba en español, limitándose a conceder a la favorita los Óscar a la mejor fotografía, a la mejor película extranjera y a Alfonso Cuarón como mejor Director. ¡Cosas de Hollywood!

Pero, centrándonos en "Green Book", diré que recibir el Premio del público en el Festival de Toronto y tres Globos de Oro como mejor comedia, mejor reparto y mejor guión, pareció al jurado del más influyente Festival de Cine, suficientes avales para ser nominada y conseguir a la postre, la preciada estatuilla.

Basada en hechos reales, el estupendo guión confeccionado por Peter Farrelly, Brian Hayes Currie y Nick Vallelonga, ha visto la luz tras la muerte de los protagonistas reales de la cinta. La aportación de Nick Vallelonga, descendiente directo de uno de los protagonistas cuya vida se narra, ha sido fundamental, pues los escritos y correspondencia por él aportados han dado rigor a la historia que se plasma en la película.

Corre el año 1962 cuando el pianista de color Donald Shirley  (Mahersshala Ali) precisa de los servicios de un chofer que ejerza también la función de guardaespaldas a fin de realizar una gira por algunos estados sureños de EE.UU. por aquel entonces afectados por un exacerbado racismo. Es así como contrata a Tony Vallelonga (Viggo Mortensen), un ex portero y chico para todo del importante Club Copacabana, del que ha sido recientemente despedido. Comienza de esta manera, la aventura común de dos personalidades bien distintas. De una parte, un refinado y snob pianista, desubicado entre dos mundos, el del éxito pianístico y el del color de su piel que le segrega, y de otra parte, el de un esteriotipado italiano del Bronx, con toda clase de amigos y toda suerte de problemas, incluidos los que le aporta su ruidosa familia.

Salvando todas las distancias, ocurre un hecho similar al de Don Quijote y Sancho. Desde caracteres bien distintos, el roce y las conversaciones habidas entre ellos, hacen que ambos suavicen sus iniciales formas de ser. Ni uno es tan estirado como parece, ni el otro tan torpe como aparenta. No diré más acerca de los acontecimientos que se desarrollan a lo largo del metraje. Sí indicarles, que el título, "Gren Book" (Libro Verde) corresponde al de una guía editada por los años sesenta en EE.UU. que indicaba los alojamientos seguros para personas de color.

La interpretación de los dos protagonistas es espléndida, recibiendo Mahershala Ali, por este motivo, el Óscar al mejor actor de reparto. Premio muy merecido, así como el de la preciada estatuilla por el mejor guión original.

En definitiva, una historia que entretiene y eleva el ánimo por el esfuerzo que ambos protagonistas realizan en su afán de entenderse. Que nadie pretenda encontrar en su visionado, más allá de una historia bien contada e interpretada sin intentar hallar los hitos de las grandes superproducciones.









domingo, 24 de febrero de 2019


Crónicas de mi Periódico              24 de de febrero de 2019

ANTONIO MACHADO: RECUERDO E INSPIRACIÓN

Se han cumplido ochenta años de la muerte del inigualable Antonio Machado. Todas las publicaciones del país han recordado esta efemérides resaltando las múltiples bondades  de su honda poesía, cimentada, según muchos, en un halo solitario y romántico que le acompañó durante toda su existencia.

Reproducir en mi crónica anécdotas de su azarosa vida sentimental, su amor a España desde su perspectiva republicana o su exilio final con trágico desenlace, no tendría mucho sentido, toda vez que plumas más versadas que la mía han descrito con multitud de detalles su trayectoria humana y poética.

Sí deseo comentaros el impacto que su poesía ejerció y sigue ejerciendo en mí. Tendría menos de quince años cuando algunas de sus obras, como Campos de Castilla, La tierra de Alvargonzález  y más tarde, un voluminoso ejemplar de Poesías completas, ocupaban mi mesilla de noche y me ayudaban a sumergirme en el descanso nocturno, con la mente gozosamente iluminada con versos inspirados. También nutría mi imaginación con lo que se publicaba sobre su azarosa vida amorosa; primero, con la joven Leonor y posteriormente con doña Guiomar, nombre ficticio de Pilar de Valderrama, cuyo papel como amante, musa o ambas cosa, admite todo tipo de conjeturas.

 Idealizar, es una actividad bastante acentuada en la adolescencia y me conmovía pensar que otra Leonor pudiera aparecer en mi vida a la que pudiera enamorar con mi balbuciente poesía. Como veis, la utopía comenzaba a instalarse en mi pensamiento como enfermedad común que afecta a gran cantidad de poetas. Recuerdo, que en el examen de la extinta Reválida de sexto de bachillerato, tuve la fortuna de que fuera Antonio Machado el autor sobre el que tuviera que versar mi comentario. Ni que decir tiene que obtuve en Literatura la nota de sobresaliente y eso que terminé mi escrito apostillando que era una vergüenza que su cuerpo reposara, aún, en tierra francesa. Al enterarse mi profesor de que había concluido el escrito de esta manera, se echó las manos a la cabeza diciéndome: "Puede que te hayas cargado el examen". Afortunadamente no fue así, seguramente porque por las venas del corrector correría la misma sangre revolucionaria que impulsaba, entonces, mi joven corazón.

El poema "A un Olmo seco" me ha parecido siempre uno de los más bellos de la Lengua castellana. Me los sabía de menoría y cuando tuve la ocasión de publicar "Cécile. Amoríos y melancolías de un joven poeta", no dudé en que Álvaro, mi álter ego, escribiera el poema que a continuación os reproduzco, fiel copia estructural del poema machadiano, y que expresa mi  homenaje y  mi modesta aportación a rememorar las virtudes poéticas de tan singular autor.

Al río Pisuerga

Aguas dulces del río verde y plata;
el resplandor dorado
realza la belleza que arrebata,
al humillarse el sol, enamorado.
Deja que admire, corazón en vilo,
el porte con que bañas las orillas,
reflejando al deslizar tranquilo,
árboles de hojas verdes y amarillas.
Discurres sin saciar el ansia toda,
de huertos, pedregales y sequeros,
que pidieron tu mano y no hubo boda.
Faltos de ti, pastores y labriegos,
lamentan tanto líquido perdido
rumbo al mar, sin haberlo retenido.
Otra vez, mi Castilla, siempre seca,
será todo un clamor de voz reseca;
otra vez, quedarán los campos yertos,
esperando la lluvia que no llega,
mudando los sembrados en desiertos;
llorará el labrador la dura brega
¡tanto dolor sin fruto!
hasta hacer del trigal, campo de luto;
otra vez ante los ojos, curioso,
del puente que te ve pasar callado,
suspiraré celoso
de los muros que gozan lisonjeros
por siempre contemplando tu belleza.
Pisuerga: viajeros,
quieren volar mis versos con certeza,
para ser de mi voz, los mensajeros.

Retrato de Antonio Machado por Joaquín Sorolla.