jueves, 20 de agosto de 2015

TRAVESURAS DE LA NIÑA MALA

Debo confesar, que la actualidad sentimental del escritor, me ha empujado a releer esta novela, cuya primera lectura hice al poco de su publicación. Esta costumbre de repasar, me resulta básica a la hora de emitir una crítica, porque aunque la esencia del argumento no se me haya olvidado, así soy capaz de captar matices que en una primera ocasión, embelesado por conocer el desenlace, me pasan desapercibidos.
En “Travesuras de la niña mala”, Vargas Llosa desarrolla una historia de amor en la que realidad y ficción conviven sin que sepamos capaz de adivinar sus límites. Una cualidad muy meritoria, sin duda. El autor narra de manera magistral, el amor enfermizo y masoquista de Ricardo, con un amor de juventud, una chilena de orígenes turbios, obsesionada por conseguir la felicidad a través del lujo y del sexo; felicidad que, como es previsible, jamás alcanzará. Ricardo, enamorado de ella como “un becerro”, en expresión del protagonista, tendrá ocasión de reencontrarse con ella en varias e importantes ciudades, comprobando que su nombre y el del amante con el que convive son diferentes ¡Y esto sucede unas cuantas veces! En estos encuentros, dilatados en el tiempo pero de corta duración, siempre se mostrará dispuesto a perdonarla, intentando reconquistar su amor, proposición que ella rechazará movida por su feroz egoísmo y su busca desenfrenada del placer y del lujo.
La dudosa casualidad con la que coinciden en ciudades tan populosas, es un recurso anovelado que le dará ocasión al autor para relatarnos los cambios habidos en el Perú, desde la adolescencia de Ricardo, años 50, en el barrio limeño de Miraflores, en donde conoce a Lily, hasta el momento en el que narra la historia. Lo mismo hará relatando el Paris de los 60, el Londres de los 70, el poder financiero del Tokio de los 80 o “la movida” madrileña de los 90, lo que enmarca y sitúa perfectamente la historia de un amor tan descabellado.

No contaré el final, totalmente previsible, pero añadiré mi opinión personal en dos cuestiones dispares que me parece justo resaltar. Empezaré con la negativa: Está de más el regodeo con el que describe escenas de sexo explícito. A mi entender, al no tratarse de una novela pornográfica, el autor podría haber dado pistas para que el lector imaginara en los excesos carnales, lo que estimara más conveniente. La positiva: Una novela muy bien escrita con un léxico sencillo que te conduce y te embarca en la descripción de ambientes con la ansiedad, que sólo ocurre en los buenos relatos, de querer leer más sin cronometrar tu tiempo de lectura. En definitiva, una novela a tener en cuenta.

domingo, 16 de agosto de 2015

PASAJES DE  “ LAS LAMENTACIONES DE MI PRIMO JEREMÍAS” (17)

CAPÍTULO IV
Conociendo el pueblo
……………………..
No tardaron en bajar a desayunar mis padres, un tanto cariacontecidos. Por su aspecto deduje que se encontraban contrariados, sobre todo mi padre, que al tiempo que untaba con mantequilla unas rebanadas de pan, dirigiéndose a Petra, le ordenó:
―Tienes que hablar cuanto antes con un carpintero. A pesar de haberlo intentado esta noche varias veces, me ha sido imposible cerrar por completo la puerta de nuestra habitación, y como puedes comprender, ¡así no hay quien tenga intimidad!
―No creo que el carpintero quiera hacerse cargo de estas pequeñeces ―respondió Petra―; se lo diré a Cosme, el de la mueva no se mesa: es un chico que entiende de todo.
―Díselo a quien quieras, pero la puerta tiene que estar arreglada al mediodía ―concluyó mi padre, con la autoridad de un Mariscal de Campo, mientras mi madre, mirándole de soslayo, no comprendía las urgencias de su marido.
En el pueblo, raro era el individuo o la familia que no tuviera mote o apodo. Unos se lo habían ganado a pulso personalmente, como el mecagüen de mi tío Mariano; otros, como nuestro mulero, eran herencia de los antepasados, pero nunca había oído un mote tan largo como el de la mueva no se mesa que ostentaba el arregla todo del pueblo. No le sorprendió a Petra que, curioso, preguntara sobre el origen de tan singular apodo, y la mujer, sin dejar su tarea en el fregadero, accedió a contarnos la historia, esta vez sonriendo.
―Fue hace tan solo unos años ―comenzó a decir―, cuando Cosme se encontraba en el bar intentando arreglar la cojera de una mesa y se le ocurrió decir: «con un pequeño calzo en esta pata conseguiré que la mueva no se mesa» y aunque al darse cuenta del yerro, inmediatamente se desdijo aclarando «quise decir, para que la mesa no se mueva»; fue demasiado tarde, porque las carcajadas de los que miraban atrajeron la atención del resto de la clientela, que sin ponerse de acuerdo, entre risas y aspavientos, celebraron allí mismo el segundo bautizo de Cosme. Asín son las cosas en los pueblos ―prosiguió Petra―; yo misma soy Petra la Tunanta porque siendo muy niña, un domingo que me encontraba jugando en la calle, mi madre, asomándose a la ventana, me gritó: «Petra, no seas tunanta y ven a peinarte, que ya han dado las todas y llegamos tarde a misa». A Mercedes, la Busca novios, que pasaba por allí toda emperifollada, le faltó tiempo para contar la anécdota y hacerme de por vida la puñeta. ¡La muy pelleja…!

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jueves, 13 de agosto de 2015

LAS PERSEIDAS


Noche de contrastes: Luna oculta
 y en el cielo, residuos incendiados de cometas.
Esta noche habría sido el apogeo
 de luminarias celestes, de fuegos sin artificio,
en la fiesta de todas las fiestas del universo;
 placer visual para una mágica noche
 del verano de nuestras vidas.
¡Fugaces! ¡Vivas! ¡Inesperadas! ¡Sorprendentes!
Como flechazo de amor, su luz dura un instante,
 tiempo suficiente para impresionar la retina,
esperando otro encuentro casual
que, al surgir de nuevo,
avivará la latente llama del recuerdo.
 Sólo había que estar atentos. Sólo había que pedir
que la nube inoportuna no nos impidiera
contemplar el espectáculo de estas estrellas
 de bisutería que brillan con el fulgor
de los brillantes verdaderos.
Al fin y al cabo, qué importa su naturaleza,
si la belleza no tiene precio.
Para quien se asoma ilusionado a la ventana,
las Perseidas suponen retomar la ilusión
de la noche de Reyes,
mensajes enviados desde el Cosmos
para los no creyentes.
Pero esta vez el Cielo no quiso
mostrar el prodigio, seguramente para reforzar
la vacilante fe de los que dudan
que una mano poderosa
pueda sembrar estrellas en el firmamento.
Y quizás por eso, ayer,
no he podido contemplarlas.




domingo, 9 de agosto de 2015

La PALABRA y su IMAGEN
101 palabras con historia

Hace apenas dos meses que se ha publicado este interesante libro de cuyo contenido os informo, sin hacer de él critica alguna, debido a criterios deontológicos. Comprenderéis mis razones, al comentaros que uno de los autores es mi hermano, Manuel Malillos Rodríguez, que ilustra la publicación. Es por ello, por lo que me limito a reproducir párrafos que aparecen en la contraportada del libro.
"Podría parecer un poco extraño que los autores de este libro sean un filósofo y un químico. Esto sólo se puede explicar por sus "derivaciones". El filósofo es muy aficionado a la filología. El químico siempre ha sentido una profunda inclinación hacia el arte, principalmente la pintura, la poesía y el cine.
El filósofo piensa que la filología puede ofrecer muchas posibilidades para desarrollar profundos pensamientos y curiosas reflexiones, como un bello juego entre ironía, humor y sabiduría, que guardan las palabras como "casas del ser" (Heidegger).
El químico sabe que el espectador de sus pinturas puede meterse confiado dentro de ellas, ya que en este caso, se trata de imágenes que animan a la creación de palabras, porque el dibujo te traslada a la otra orilla del lenguaje, y te permite iniciar un camino apasionante"

Son autores de este libro que pretende ofrecer la relación, a veces clara y otras veces sorprendente, entre una determinada imagen y su correspondiente palabra:
Juan Verde Asorey, fue Catedrático de Filosofía y Ética en la Universidad Laboral de Cáceres. Ha publicado los libros: El tiempo y la palabra, y Carta a Karolia.
Manuel Malillos Rodríguez, fue Catedrático de Física y Química en la Universidad Laboral de Cáceres. Ha publicado el libro: Pruebas de selectividad, química. Autor de numerosas exposiciones pictóricas, está considerado en la actualidad, como uno de los grandes pintores extremeños.

NOTA.- El libro está impreso en Hinojal (Cáceres) por ediciones LUZ DE LUNA.



domingo, 2 de agosto de 2015


UNA NUEVA LIBRERÍA

En el momento actual, en el que el número de librerías decrece sin cesar, no deja de ser una estupenda noticia poder comentar, que ayer tuvo lugar la inauguración de una de ellas, en la localidad vallisoletana de Urueña, bajo el rótulo de “Primera Página”. Esta coqueta librería situada en El Corro de Santo Domingo, al pie de las murallas, destaca por la especialización y calidad de sus ejemplares. El proyecto ha sido llevado a cabo gracias al coraje de los entusiastas periodistas Tamara Crespo y Fidel Raso, artífices también de la publicación mensual del periódico local “El Cisco”. La librería está especializada en el mundo del periodismo, los viajes y de la fotografía, sin desdeñar géneros y títulos que por su calidad, merezcan ocupar sus anaqueles. Con esta nueva incorporación, se refuerza el récord que ostenta Urueña, la Villa del Libro, de ser el pueblo de España que posee mayor número de librerías por habitante.
En la inauguración intervinieron los periodistas Alfonso Armada y Carlos García Santa Cecilia. El primero de los cuales, presentó su novela: “Sarajevo. Diarios de la Guerra de Bosnia”, que suscitó un animado coloquio entre ambos periodistas  y el público que abarrotaba  el local. Al término del Acto, los anfitriones obsequiaron a los asistentes con un refrigerio en los jardines aledaños, en donde hubo ocasión de seguir compartiendo impresiones.   
Felicito a los propietarios por su iniciativa, deseándoles un futuro venturoso, a la vez que agradezco la deferencia de que mis dos novelas: “Las lamentaciones de mi primo Jeremías” y “Cécile. Amoríos y melancolías de un joven poeta”, puedan adquirirse en su establecimiento.


jueves, 30 de julio de 2015


POEMAS, CANTE Y EMBRUJO

En el arte todo es posible. Las combinaciones artísticas pueden ser muchas y de muy variada índole. Ayer, en los jardines de la Casa de Zorrila, compartieron protagonismo sobre el entarimado, los poetas: Inma Calvo, Pablo Otero, Ana Negro, Mar Gómez y Jorge Múrtula, acompañados por los rasgueos guitarrísticos de Juan Cantinas Y Oscar Vecino y el sentido cante flamenco del cantaor Santiago Gegúndez, que actuó en el ecuador de la sesión poética.
No es ni será el primer experimento que se hace de este tipo. Yo, desde luego, no lo repetiría. Y no por la calidad individual de los actuantes musicales, que quedó de sobra contrastada, sino porque la presencia de las guitarras, a mi entender, sobraba. Un acompañamiento de este tipo hubiera encajado bien en el poema declamado por Inma sobre Vicente Escudero  y quizás en el recitado por Jorge Múrtula sobre García Lorca (por cierto, acompañado con poca fortuna al escucharse el Romance de Juegos Prohibidos como música de fondo). En el resto de las actuaciones, el sonido musical, no sustentaba la esencia temática de las composiciones que se estaban  declamando.
Sobre gustos no hay nada escrito, pero, puesto que estábamos en un jardín  romántico ¿qué tal hubiera quedado escuchar de fondo y a menor volumen, "Noches en los Jardines de España" de Manuel de Falla, citado, por cierto, en uno de los poemas?
 Dejando aparte esta cuestión y atendiendo a la declamación poética, ésta me pareció plural y en gran medida acertada. Los cinco actuantes recitaron con garra y sentimiento sus trabajos, algunos, por ya publicados, conocidos. La diferente tonalidad de las voces, dio variedad y colorido al recital en el que los protagonistas se lucieron. Por un aspecto puramente estético me impactó más la segunda parte cuando, asentadas las voces, los versos se escucharon al cobijo de la luz crepuscular. Para mí, allí se fraguó el embrujo que esperaba y que me acompañó con  un buen sabor de boca cuando abandonaba el recinto junto a una gran cantidad de personas, sin que pudiera distinguir si se trataba de  amantes de la poesía o del cante.


domingo, 26 de julio de 2015

EL HIJO DEL PELLEJERO  (II)
(Continuación)
Mi padre, al que el hambre le hacía ser listo por necesidad, siempre nos repetía: “¡Estudiad! ¡Estudiad! Sin estudios no tenéis futuro”, pero como en casa no había dinero para mandar a mis hermanos a la capital, se encargó de enseñarles oraciones, a santiguarse y hacer la genuflexión cada vez que entraban en el aprisco, para que fueran tomando práctica y lo repitieran ante el altar, cuando estuviera presente el cura de antes, don Germán, y así apreciara en ellos, atisbos de vocación. El truco dio resultado, pues cuando vinieron reclutando muchachos unos religiosos de no sé qué congregación, mis hermanos se fueron con ellos al seminario. Aquel día vi llorar a mis padres, aunque no sabría decir si fue de tristeza o de alivio; lo digo porque mientras se restregaban los ojos con el pañuelo, les oí comentar: “¡Dos bocas menos!” y al poco, pese a mi corta edad, ya estaba mi padre intentando enseñarme oraciones. Pero yo, que por aquel entonces ya no tenía que compartir el huevo frito ni la taza de requesón, me hacía el despistado por temor a vestirme un día con hábito. En la escuela, los muchachos se reían de mí porque pasaba el tiempo y a duras penas recitaba el "Jesusito de mi vida" y eso que ya me iban saliendo pelos en las piernas. Don Constantino, el maestro, decía no haber tenido nunca un caso igual y le indicó a mi padre que me pusiera a trabajar en el campo, ante la evidencia de que no tenía maneras para llegar a ser letrado. Desde entonces me he pasado toda la vida en el pueblo destripando terrones y aprendiendo, a fuerza de coscorrones, las habilidades que mí señor padre me indicaba para que algún día fuera capaz de ganarme las habichuelas por mí mismo, poniéndome como ejemplo a mis hermanos. Por cierto, que uno de ellos, a punto de tomar las órdenes, estando un verano de vacaciones, quiso mostrar a la hija del Correo cómo eran las montañas que rodeaban el seminario, y para que se hiciera mejor la idea, le desabrochó la blusa; la chica lo fue contando por el pueblo y allí terminaron sus aspiraciones de llegar a ser ministro del Señor. Antes de casarse, tuvo ocasión de desarrollar su afán didáctico, y con las muchachas que frecuentaba, se hizo un experto en describir cordilleras. Mi otro hermano ¡tan igual y tan distinto! llegó a cantar misa y se fue de misionero a África. En vida de mis padres venía a vernos cada tres o cuatro años, y siempre nos contaba que allí trataba con gente con tan poca carne pegada al costillar que, de no ser por el color de la piel, podrían muy bien pasar por hijos de nuestro padre. Era feliz estando en el pueblo y apenas notaba el cambio cuando regresaba a la misión. “Conviviendo con gente famélica —nos decía—, me siento como en familia y siempre os tengo presentes”. Va para tres años que no tengo noticias de él y ahora mismo no sabría decir si es vivo o muerto. El pobre no pudo venir cuando murió nuestra madre, a la que cuidé en su vejez hasta que nos dejó. Yo la alimentaba y la sacaba de paseo cuando el tiempo no lo impedía. Al verme tan cariñoso y tan buen hijo con ella, me hacía sentarla a la solana junto al tapial del corral, en el lugar que me señalara mi tía Cirila, y cogiéndome la mano me decía: "¿Ves Nemesín, cómo se cumple el refrán de que: "no hay mal que por bien no venga?" Y se quedaba traspuesta, con una sonrisa en los labios, recordando con gozo el atropello. Fue muy triste el día que murió y más porque, al ser tan pocos, tuve que echar mano a la caja. A partir de entonces hago de enterrador; sin ir más lejos, la semana pasada tuve que ejercer la profesión cuando se nos murió Teo. Fue una gran pérdida porque era el hombre más bueno del pueblo, incapaz de negarte un favor. A cualquier hora que le llamaras, siempre estaba dispuesto a ayudarte. En la capital no debían de saberlo, porque al poco de llevarlo al Hospital, ya mandaron recado de que "no podían hacer nada por él". ¡Qué injusta es la vida!
No hará falta decir que nunca me casé. Con un tercio de cuarenta obradas, no sé si existirán mozas que quieran arrimarse a un labrador. De joven sufrí mucho por esta razón y tuve que conformarme con ver y no catar a las mujeres de mis amigos. Esta circunstancia ha hecho de mí un sufrido y aventajado espectador de la vida: fuerte ante la adversidad, un poco escéptico, apenas discutidor y casi nunca malhumorado.
Andando el tiempo se ha cumplido otro refrán que solía repetir mi madre: "A la vejez, viruelas". Hace unos años que vino a vivir al pueblo doña Amparo, una maestra jubilada que ya no cumplirá los ochenta. Desde el principio se tomó mucho interés por mí y puede que algo de cariño. Siempre cocina más de la cuenta para que no me falte el condumio; me busca por las tardes para echar un julepe, mientras me habla de lugares que desconozco; me presta libros de contenido interesante que abren mi mente y que luego doy en pensar. No cesa de repetirme que soy un diamante en bruto, y con el tallado continúa. Poco a poco, me ha enseñado caligrafía, ortografía y luego a redactar, corrigiéndome si se me olvida poner algún acento o coma. Me anima a escribir con la pretensión de que algún día llegue a ser un escritor famoso, y casi me ha obligado a enviar este relato sobre mi vida aunque yo piense que ha de interesar a muy pocos. “Envíalo —me ha dicho—. Imagina que eres náufrago en una isla desierta y que lanzas al mar tu escrito en una botella, con la esperanza de que alguien lo lea”. No me ha quedado más remedio que hacerle caso, aunque tengo para mí, que puede pasar tanto tiempo hasta que alguien recoja la botella que para entonces mi isla estará desierta, y a  lo peor, ni siquiera figurará en el mapa.
Foto de Maribel Díez Salgado


jueves, 23 de julio de 2015

EL HIJO DEL PELLEJERO  (I)
Soy un hombre mayor, por no decir viejo, que consume los últimos años de su existencia en un recóndito pueblo del que se han ido yendo, en un goteo continuo, las gentes que lo poblaban, y aún creo que también los pájaros, aburridos de tanto cantar sin ser escuchados. Me apena la ausencia de sus trinos, aunque, a decir verdad, no me lamento de vivir casi en soledad, porque el silencio me permite meditar y a mi modo filosofar sobre las virtudes y miserias de la condición humana. Sin niños y sin escuelas, hace tiempo que en el pueblo se sabía que acabaríamos siendo cuatro gatos. Con la falta de personal, desaparecieron también animales a los que cuidar, y ahora, las casas, paneras y tenadas deshabitadas se deshacen arrojando pertinazmente yesones y tejas, hasta el punto de que es raro el día en que el alguacil no tiene que retirar algún cascote para que la plaza y las calles no se conviertan en escombreras. Para colmo, Fermín, el cantinero, cerró este invierno el negocio, harto de estar más tiempo con los brazos cruzados que sirviendo vinos. Menos mal que el alcalde, viendo el estado de la iglesia, dio utilidad a la cantina, y en la actualidad es allí dónde el señor cura dice misa. Siento no poder dar el nombre del sacerdote, pues cada vez viene uno distinto y a cuál más apurado. Todos, por ganar tiempo, imitan al frutero y prefieren convocarnos a toque de claxon que con el repique de campanas. Saber el día en que esto sucede es un misterio, y un milagro que coincidan dos domingos seguidos a la misma hora. De milagros sabemos mis paisanos y yo un rato, porque cuando la misa se decía en la iglesia, era un prodigio contemplar a un mismo tiempo, a Dios Padre y a los santos del Altar Mayor flotando en el cielo, que se apreciaba con toda nitidez a través del cañizo, todo ello sin necesidad de habernos muerto, y encima, Plácido, que es muy tonto, no dejaba de pedir que el de arriba, nos mandara la lluvia. Yo tampoco ando muy sobrado de conocimientos pero creo que tengo más sentido común que el secretario: ese señor que viene por aquí dos veces al mes, cargado de carpetas y que dicen que arregla los papeles del ayuntamiento. Bueno: que arregla o que desarregla, porque al Evilasio le jodió una tierra por no leer a tiempo un escrito que dejó clavado en el tablón de anuncios. Mal asunto, digo yo, ése de no hablar con la gente, sabiendo que el pobre Evilasio es analfabeto y de remate, bizco.
Mi gracia es Nemesio y soy hijo de Feliciano, el pellejero, y de Remedios, la del tío Pestaña. El apodo materno proviene del abuelo, que pasaba por cegato aunque no lo fuera de nacimiento. Por huir del agua, tenía las pestañas pegadas y tiesas como velas, de las legañas acumuladas en los ojos, que sólo abría cuando olfateaba el porrón de vino delante de su cara. El apodo de mi padre no hacía referencia a su oficio, ya que nunca curtió ni vendió pieles, pero las malas lenguas del pueblo se lo pusieron al ver a él y a su familia tan afilados por no comer que dieron en decir que éramos “todo pellejos” y a ver luego, aunque engordes, quién te quita el sambenito. Bastante interés ponía el hombre con las cuarenta obradas que heredó, en alimentar a su mujer, a mis hermanos gemelos, bastante mayores que yo, y a mí, que nací descolgado y al parecer “de un arrebato" que le dio a mi padre, según me contó mi tía Cirila, la cual me aseguraba que mis primeros segundos de vida discurrieron con mi madre en un grito, sorprendida y atrapada entre mi padre y el tapial que cercaba nuestro corral. “Sí hijo, sí —me decía—, con el miedo a gemelar de nuevo y en postguerra, de no ser por el calentón, ¿a ver quién era el valiente que se hubiera atrevido a hacer otra probatura en condiciones?"
Cuarenta obradas dan lo que dan, por eso me crié junto a cerdos, gallinas y un atajillo de churras, que abrevaban del agua de un pozo con el que regábamos también un pequeño huerto, que a falta de vaca, se ordeñaba un día sí y otro también. Todo les parecía poco a mis padres con tal de que, después de sentarnos a comer, no nos levantásemos pesando lo mismo.
                                                    (Continuará)
Foto de Maribel Díez Salgado

domingo, 19 de julio de 2015

PASAJES DE " CÉCILE, AMORÍOS Y MELANCOLÍAS..."  (17)

                                                                                                                 

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Pocos días después me presenté en casa de don Julián para que me diera su opinión sobre el angustioso tema existencial que me agobiaba. Apenas le hube saludado, y tras atravesar la nube de humo azulada que se desprendía de su puro, le pregunté de sopetón:
―Don Julián: ahora estoy locamente enamorado de Cécile. Sueño con sus inmensos ojos azules, su sonrisa y su andar grácil y seguro, pero, ¿cómo puedo saber si la seguiré amando cuando aparezcan las arrugas que acabarán con la tersura de su piel y cuando en sus ojos, carentes de brillo, se apague la mirada con la que sueño a cada instante? ―Mi profesor se quedó pensativo, quizás sorprendido por la ingenua originalidad de mi pregunta, y tras exhalar dos impresionantes bocanadas de humo, retiró el puro de la boca y me contestó, declamando en exquisito francés, estos versos de Ronsard:

Mignonne, allons voir si la rose
Qui ce matin avoit déclose
Sa robe de pourpre au Soleil,
A point perdu cette vesprée
Les plis de sa robe pourprée,
Et son teint au vôtre pareil.

Las! voyez comme en peu d´espace,
Mignonne, elle a dessus la place,
Las! las! ses beautés laissé choir!
O vraimente marâtre Nature,
Puisqu´une telle fleur ne dure
Que du matin jusques au soir!

―Eres un buen estudiante de francés y no habrás tenido ningún problema en traducir este bellísimo poema que acabo de recitarte: “Una rosa que muestra por la mañana sus pétalos color púrpura al Sol, en el corto espacio de tiempo de un día, pierde su hermosura, y al atardecer es tan sólo una flor de pétalos ajados”. ―Suspiró profundamente, como si sintiera él mismo la desilusión por la flor marchitada, y continuó diciendo―: La lozanía de la juventud se va perdiendo irremediablemente con el tiempo, pero el amor es inmaterial; radica en lo profundo del sentimiento humano, y sabiéndolo cuidar, en vez de mermar, se acrecienta. Al principio de una relación se ama a la otra persona porque la necesitas, y si verdaderamente estás enamorada de ella, después de que el reloj haya girado inexorablemente muchas veces, la continuarás amando porque te necesita.
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domingo, 12 de julio de 2015

EL HABLA DE CASTILLEJO DE ROBLEDO (SORIA)

Hace unos días, he recibido para su lectura y crítica, el libro cuyo título encabeza este escrito. Vaya por delante, que quedé gratamente sorprendido al comprobar su cuidada encuadernación, su adecuado formato y la calidad del papel empleado, lo que en principio, y sin que tengan nada que ver con el contenido del mismo, son circunstancias que incitan a sumergirse rápidamente en su interior, como así hice.
Después de una lectura sosegada, puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que nos encontramos ante una verdadera joya lingüística, pues sus autores, capitaneados por Samuel Alcalde Sanz, con la inestimable colaboración de Herminia Pascual Gil y José Manuel Cuesta Pascual, han sabido recopilar y rescatar del olvido, nada menos que 300 vocablos peculiares de la zona, verificados con el Diccionario de la Real Academia Española, entre los que se incluyen diversos tipos de Metaplasmos: (figura retórica consistente en la alteración de una palabra por adición, supresión o cambio de lugar de letras o sílabas), 70 locuciones, dichos y frases hechas y 40 anécdotas, peripecias y otros sucesos, cuya autoría está bien contrastada, aunque el boca a boca pueda haber alterado algún detalle de lo relatado, extremo éste que resulta de menor importancia. El libro se complementa con un Álbum de Fotos del ayer y del hoy de este entrañable pueblo soriano, en el que ha intervenido de manera notoria, otro de sus ilustres hijos, el Doctor Matías Cuesta.
Es de justicia agradecer a los autores el esfuerzo realizado para confeccionar este libro, que es en realidad, un manual para eruditos y una aportación cultural de inestimable valor en el acerbo cultural de Castilla y León, pues Castillejo de Robledo, pueblo soriano, no dista mucho de las provincias de Burgos y Segovia.
 En mi biblioteca figurará a partir de hoy, como libro de consulta y puede que en el futuro, con el permiso de los autores, ponga en boca de algún personaje de mis novelas, vocablos, expresiones o anécdotas que en este didáctico libro aparecen.


domingo, 5 de julio de 2015


LA NOSTALGIA DE UN NAVARRICO

Hace tiempo que no puedo acudir a Pamplona por San Fermín ¡Maldita sea! Para contentarme, hago lo indecible para vivir la experiencia en la distancia. Esos días, madrugo cada mañana para ver ante el televisor los prolegómenos del encierro y su desarrollo. Ilusión no me falta y quizás algo de locura, tampoco, pues me visto para la ocasión con la indumentaria sanferminera,  sin olvidarme del calzado deportivo ni del periódico, en mi mano derecha. Agitándolo, coreo el cántico a san  Fermín con el televisor a toda pastilla. Escuchando las protestas del vecindario y, sin hacerlas caso, no reprimo exclamaciones cuando los morlacos resbalaban sobre el empedrado, empitonan a algún mozo o brincan sobre las montoneras. Respiro aliviado cuando los pastores introducen las reses en los corrales. Entonces, espero impaciente, hasta escuchar el parte médico; si no hay heridos graves, almuerzo chistorra con tinto navarro en porrón, escuchando como música de fondo jotas de la tierra. Dejo, intencionadamente, que algunas gotas  manchen mi camisa para que todo resulte más real. Con el sopor que me proporcionan las viandas, cierro los ojos e imagino estar allí... Cuando vuelvo en mí, me desvisto, esperando ilusionado el encierro del día siguiente. ¿Qué año podré hacer realidad mi sueño?. 


jueves, 2 de julio de 2015

PALENCIA. TARDE DE FIRMAS

Palencia, asentada a las orillas del río Carrión, añade a la hermosura de su espléndida Catedral, "la bella desconocida", una ingente cantidad  de templos y edificios modernistas que cautivan por su belleza y por la variedad de estilos con los que salpican las diversas zonas de su casco histórico, alegrando la vista de vecinos y foráneos.
A esta bella capital, me desplacé el pasado día 26 para firmar ejemplares de mi última novela, "Cécile. Amoríos y melancolías de un joven poeta". Bien puedo decir que mereció la pena , o mejor, la alegría, charlar con cuantos quisieron acercarse al improvisado escritorio situado como los antiguos amanuenses o escribientes de mercado, al cobijo del sol, bajo los soportales de la calle Mayor. Tuve la oportunidad de hablar con desconocidos a los que explicaba cuanto me solicitaban: desde mis inicios como escritor, el origen de mi apellido o algún esbozo sobre la trama de la novela. A lo largo de la tarde conocí a quien únicamente sabía de él por facebook y  también a quien conocía de toda la vida, pero las ocupaciones de cada uno, había dilatado el tiempo desde nuestro último encuentro.

Con  este continuo ajetreo y casi sin darme cuenta, el calor y la luz fueron menguando mucho más deprisa de lo que hubiera deseado, de manera que cuando tuve que abandonar la escribanía, un regusto especial de tarde bien empleada, me embargaba: sensación que se continuó repasando, ya en mi casa, el buen rato pasado y las anécdotas de tan especial jornada.



domingo, 28 de junio de 2015

UN MERECIDO HOMENAJE


En el Centro Cívico de Matapozuelos, con gran afluencia de amigos y convecinos, tuvo lugar en el día de ayer, un merecido homenaje a la figura de D. Jesús Rodríguez, un sacerdote vallisoletano, que durante toda su vida y en distintas facetas, supo hacer de su vida un continuo acto de entrega en favor de los demás. Como profesor de Instituto, como Capellán de la JOC, como Fundador de la Asociación de Profesores de Religión, como párroco y como animador de los jóvenes en los denominados grupos "Underground",  dejó su impronta de hombre bueno, innovador y comprometido.
En el homenaje intervinieron como oradores, según muestra la fotografía, de izquierda a derecha, el escritor Antonio José López Serrano, reciente ganador del Certamen Literario "Miguel Delibes"; la escritora Mª Teresa Gil,  promotora de este evento y autora del libro: "Jesús Rodríguez, pasó por el mundo haciendo el bien"; a continuación, quien les escribe este blog; a su lado, el Catedrático de la Universidad de Valladolid, Ricardo M. Mata y Martín, que actúo como moderador; después, Emeterio Gómez de Paula, amigo íntimo del homenajeado y miembro fundador de la Asociación de Daño Cerebral Adquirido "CAMINO" de Valladolid y por último Antonio Rodríguez Ruiz, sobrino e D. Jesús, que nos deleitó con la proyección de fotografías  recopiladas del álbum familiar.
En primera fila se encontraba Dª Lola, la hermana pequeña de D, Jesús, que con increíble vitalidad, enriqueció con sus aportaciones, el conocimiento de su extensa familia. Tras las intervenciones de algunos de los convecinos, se dio por concluido el homenaje, cuando el sol declinaba sobre "la Giralda de Castilla". como así se denomina a la torre de la iglesia parroquial.

Recuerdo aquí, que los beneficios obtenidos con la venta del libro de Mª Teresa Gil, irán destinados a la Asociación "CAMINO", como ya se dijo en la entrada del día 18 de Junio de este mismo blog.

jueves, 25 de junio de 2015

PASAJES DE "CÉCILE. AMORÍOS Y MELANCOLÍAS...."  (16)

CAPÍTULO II
La Amistad

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 Releí mi composición poética sobre el Pisuerga y me di cuenta de que todos los epítetos dedicados al río, como ‘dulce’, ‘dorado’, ‘belleza’, ‘enamorado’, etc., en realidad los había escrito pensando únicamente en Cristina. Aquella noche lloré pensando que con la misma indiferencia con que el Pisuerga pasaba frente a mí hasta desembocar en el Duero, Cristina iría a refugiarse en los brazos de ese fanfarrón, sin percatarse de mi dolor.
Decididamente, el mundo no era justo conmigo. 
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Fotografía: Santos Pintor Galán

domingo, 21 de junio de 2015

CITA EN PALENCIA

Con Palencia me han unido desde siempre, quizás por su cercanía, lazos de amistad y días vividos, hermosamente bellos en el recuerdo. En los últimos años, dada mi inclinación por la escritura, esta relación se ha afianzado al haber tenido la oportunidad de divulgar mi primera novela. "Las lamentaciones de mi primo Jeremías", tanto en algunos  pueblos de la provincia como en la propia capital. A ella acudiré el próximo viernes, día 26,  de 5 a 8 de la tarde, para firmar ejemplares de mi segunda novela: "Cécile. Amoríos y melancolías de un joven poeta", en la librería IGLESIAS, que como todos los palentinos conocen, se encuentra ubicada en la calle Mayor, 80.
Sería buena ocasión para contactar con profesores de todos los Centros Educativos de la capital.
Espero tener la oportunidad de conocer personalmente a quienes con asiduidad  seguís este blog desde esta hermosa ciudad castellana y también  a cuantos deseéis disponer en las vacaciones de un entretenido libro de lectura.

Nos vemos en Palencia.

jueves, 18 de junio de 2015

JESÚS RODRÍGUEZ,

pasó por el mundo haciendo el bien

Este libro, preciosa recopilación de toda una vida de entrega a los demás, del sacerdote vallisoletano Jesús Rodríguez (1925-1994), fue presentado el 29 de abril del presente año, con motivo de la 48 Feria del Libro de Valladolid.
Su autora, Mª Teresa Gil, ha tardado cerca de veinte años en recopilar testimonios de más de una treintena de coetáneos de este ejemplar sacerdote embarcado en múltiples tareas, algunas de ellas verdaderamente avanzadas para la mentalidad de su tiempo.
Mª Teresa, señala los hitos más importantes de una vida dedicada, como él mismo dijo, a la educación de jóvenes: Mi vocación ha sido siempre la enseñanza, los jóvenes. A ellos he dedicado mi vida.

Desde niño, sintió la vocación religiosa y tras su paso por Comillas, se licenció en Filosofía y Letras y en Teología, siendo ordenado sacerdote en la Capilla de la Universidad Pontificia de Comillas en el año 1950. Tras una breve estancia en Aldea de San Miguel, es destinado a la capital en donde ejerce como Consiliario de la JOC, asociación con la que se sentía comprometido aún antes de su ordenación. Hombre inquieto y de gran actividad, pasa sus veranos en Le Mans en donde aprende el idioma galo, con tal aprovechamiento, que se Diploma por la Escuela Central de Idiomas de Madrid, ejerciendo como profesor titular de francés en el Seminario Diocesano (1953.1983), actividad que compaginó con la de profesor de religión del Instituto Zorrilla (1952-1990). Es en este Centro se revela como un innovador en la forma de impartir la materia, atendiendo más al fomento de la espiritualidad juvenil, que a la propia literalidad de los textos. Los que tuvimos la suerte de  de tenerle como profesor, sabemos que, además de un excelente pedagogo, era el abogado al que acudíamos ante cualquier dificultad. Promovió durante años las excursiones de fin de curso a Lourdes (algo insólito en aquellos tiempos). Hombre de gran preocupación social, su inquietud le lleva  a crear la Asociación de profesores de Religión, motivo por el que despertó no pocas suspicacias en la Jerarquía Eclesiástica. Años después, conseguidos los objetivos básicos de la Asociación, él mismo confesaría: A veces nos hemos sentido emparedados entre la Jerarquía y la Administración Civil.
Con todo, su mayor preocupación era la formación de los jóvenes. Consigue formar grupos con varios de ellos, a los que reúne al principio, de manera provisional, en un sótano de la calle Expósitos. Son los llamados grupos" Underground, que bajo la cobertura legal de "Asociación", suponen el germen de un proceso formativo de jóvenes cristianos comprometidos, a los que D. Jesús, alienta y dirige. El número de asistentes se incrementará con la incorporación de alumnos de los Colegios La Salle y Teresianas, hasta fijar su sede en el edificio de Acción Católica de la calle Santuario.
Una vez jubilado, tras un breve paso por Matapozuelos, es nombrado párroco en la iglesia de san Lorenzo. Sólo ostentará el cargo durante cuatro años. Una rápida y cruel enfermedad le lleva al Cielo a comienzos de 1994.

El próximo sábado, día 27, a las ocho de la tarde, en el centro Cívico de Matapozuelos, su pueblo de origen, se le rendirá un merecido homenaje, al que estáis invitados.

Nota: Este libro, únicamente se encuentra disponible en la Papelería Ambrosio Rodríguez.  Telf. 983 371 476. El donativo recaudado irá destinado a la Asociación de Daño Cerebral Adquirido de Valladolid. CAMINO. Asociación de Utilidad Pública.


domingo, 14 de junio de 2015


UNA AUDICIÓN MEMORABLE

El viernes, día 12, tuvo lugar en el marco incomparable del palacio de Santa Cruz de Valladolid, con motivo de Fin de Curso, un maravilloso Concierto a cargo del Grupo de Música Antigua y Coro de la Universidad de Valladolid.
Actuó en primer lugar el Coro de la UVa, dirigido por Marcos Castán, interpretando obras de J. Busto, B. Bartók y C. Orff, entre otros, que, como en ocasiones anteriores, supo captar la atención de los oyentes con sus afinadas voces, magistralmente acopladas, y por la versatilidad demostrada al entonar con éxito fragmentos de tan variada procedencia.
A continuación, el Grupo de Música Antigua, prosiguió interpretando obras de J. Navarro, F. Guerrero, T.L. de Victoria, etc. todas ellas bajo la dirección de Ignacio Nieto. Este joven director, del que ya he hablado en este blog (día 2 de abril), cautiva por la sensibilidad que imprime en cuantas piezas musicales escoge. Investigador vocacional, ha rescatado de Códices Antiguos, partituras que vuelven a ser escuchadas tras cuatro siglos de silencio. Innovador interpretativo, compaginó los bellos motetes de la época de Santa Teresa, con el acompañamiento de un saxofón, maridando  sonidos muy distantes en el tiempo, en una audición bella y sorprendente, en las que las voces de su Grupo, con gusto exquisito, contrapuntearon la sonoridad metálica del instrumento.


Para finalizar, ambas Agrupaciones Corales interpretaron como cierre el himno universitario, Gaudeamus Igitur, poniendo un bello colofón a tan variado colorido de voces.

domingo, 7 de junio de 2015

                                       ENTREVISTA
LaOpinióndeZamora

XXX FERIA DEL LIBRO DE ZAMORA
CARLOS MALILLOS RODRIGUEZ| Escritor

"Me gusta mucho escribir sobre el amor y hablar del lado positivo de la vida"

"Mi novela está diseñada para el fomento de la lectura entre los jóvenes, pero también atrae a los mayores"

02.06.2015 | 18:16
Carlos Malillos.
Carlos Malillos.
El escritor vallisoletano Carlos Malillos presentó ayer en la Feria del Libro "Cécile: amoríos y melancolías de un joven poeta".
-Se trata de una especie de continuación de su anterior novela, "Las lamentaciones de mi primo Jeremías".
-Son dos novelas distintas, pero tienen un núcleo común. La primera trataba de un muchacho de capital que va pasar los veranos a un pueblo de Zamora, el Cubo del Vino, de donde es parte de mi familia paterna. En esta, he continuado con la historia del protagonista y su familia, pero tienen un argumento distinto porque se sitúa tres años después, cuando el chico tiene quince años e intenta ser poeta, por lo que introduzco versos en cada capítulo. Ya no habla del pueblo y las preocupaciones de Jeremías, sino que se centra en los problemas de adolescencia. El libro gusta mucho a la gente mayor, ya que se ambienta en los años cincuenta y les sirve para recordar su juventud.
-Fue profesor durante muchos años. ¿Qué queda en su novela de esa experiencia?
-Pues que, de hecho, está diseñada para el fomento de la lectura y se lee bastante en algunos colegios de la Comunidad, por lo que intento introducir distintos tipos de versos de forma didáctica. También voy a algunos de estos a dar charlas sobre la novela. Disfruto mucho con los chicos y voy encantado porque son muy espontáneos y cariñosos.
-El libro, aunque en menor medida que el anterior, conserva la huella de Zamora.
-Sí, pero, a diferencia de "Las lamentaciones de mi primo Jeremías", más de pasada. Aprovecho para jugar con los personajes y, en uno de los capítulos, la familia se desplaza a Zamora a ver la procesión de las Capas Pardas. En otro hablo de Morales y la fiesta del Cristo, de Toro, de Valparaíso... Y no me olvido de la Virgen de la Soledad, a la que dedico un poema.
-Ambas publicaciones están muy marcados por el amor.
-Es que el amor lo mueve todo (risas). Me gusta mucho este tema y hablar de manera positiva de la vida. Aunque haya poesía, no es un libro poético, puesto que aprovecho por ejemplo para hablar de la música clásica, tan abandonada por los jóvenes.
-¿Con qué género se encuentra más a gusto?
-Me encuentro cómodo escribiendo novela, pero necesita preparación y tiempo. Por eso, mientras tanto, publico reseñas literarias, relatos y poemas en mi blog, donde también incluyo pasajes de los libros.
-Pese a ser un escritor veterano, aprovecha el impulso de las nuevas tecnologías.
-Al principio era algo reacio porque estas cosas nos vienen un poco grandes, pero me aconsejaron y estoy muy contento. Ahora puedo hablar con gente que ha leído el libro y está en California, Bolivia, Polonia o Nigeria. Hay muchos que comentan y eso siempre anima, además de dar difusión a mi escritura.






jueves, 4 de junio de 2015


CÉCILE SE VISTE DE LARGO

El domingo concluyó el mes de las flores, y el lunes, día en que comenzaba el mes de la luz, Cécile, decidió ponerse de largo. Le apetecía lucir sus galas en una ciudad bonita y por eso eligió Zamora. Paseó un buen rato por la peatonal Santa Clara, recreando la vista con el bullir de una ciudad que paseaba haciendo compras, sin prestar mucha atención a los edificios que flanqueaban su caminar. Cécile, por el contrario, admiraba cada piedra noble o cada edificio modernista que guardaba en el recuerdo y que ahora, al contemplarlos de nuevo, le parecían aún más hermosos. Cuando alcanzó el Parador, se sintió emocionada al ver impreso el azul de sus ojos, en los carteles que colgaban desafiantes en las casetas de la XXX Feria del Libro. Pasó entre ellas sin apenas detenerse por temor a ruborizarse y se dirigió al noble edificio que alberga la Biblioteca Pública. Allí fue recibida como una princesa por Dª Concha González Díaz de Garayo, su directora, y por D. Luis González , alma máter de la Feria. Pasó de puntillas ante una exposición de la Santa de Ávila y accedió a la Sala de Conferencias, dispuesta a despojarse de parte de su vestimenta, para mostrarse lo más natural posible, tal como pensaba que era. Declamó alguno de sus poemas, explicó su ascendencia y su raigambre zamorana, relató parte de su vida y se ofreció generosa para satisfacer la curiosidad de sus atentos oyentes. Al final, al recibir los aplausos corteses y los regalos de algunos de los presentes, notó que la emoción la embargaba.  

Sintiéndose más hermosa que nunca, confundió sus pasos entre los viandantes y abandonó silenciosamente la ciudad que la había acogido con tanto cariño, prometiéndose volver en cuanto las circunstancias se lo permitieran.