jueves, 24 de octubre de 2019



PASAJES DE"LAS LAMENTACIONES DE MI PRIMO JEREMÍAS" (62)
CAPÍTULO IV
Conociendo el pueblo

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O el canto no era pequeño o la zapatilla había perdido el refuerzo de la puntera, porque, agarrándose con ambas manos su pie derecho, exclamó:
―¡La madre que la parió! ¡Qué golpe me he dado por culpa de esa zorra! ¡Lo que me faltaba: encima de despreciado, cojo! ¡Ay, ay! ¡Las mujeres sólo me traen desgracias! ¡Ayyy!
La distancia hasta llegar a su casa la hicimos sin cruzar palabra; él cojeando, acordándose de la madre de Rosita, de la propia Rosita y de todas las mujeres, convertidas por mor de sus bajas aspiraciones, en viles raposas, y yo, abrumado por la cantidad de palabrotas oídas, que me obligaban a partir de ahora a tener cuidado con lo que decía, no fuera a repetirlas inconscientemente ante mis padres y tuviera que visitar al dentista antes de tiempo.
No obstante, pese a todos los insultos lanzados contra la muchacha, cuando el dolor disminuyó de intensidad, sentándose en el suelo, se descalzó y comenzó a masajear los lastimados dedos, mientras me decía:
―Esta batalla no la doy por perdida. A veces las chicas nos rechazan para hacerse las interesantes, pero tengo para mí que Rosita acabará siendo mía. Todo es cuestión de tiempo.
Luego, calzándose la zapatilla, concluyó:
―Sé que con Rosita seré feliz y la requebraré, hasta que caiga rendida en mis brazos.
Y se quedó tan pancho. 
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jueves, 17 de octubre de 2019


LA VENDIMIA


Cada año, esperábamos, expectantes,
los días previos al comienzo de la vendimia.

Las vides alineadas
parecían aguardar, impacientes,
aliviar el peso de tanto racimo,
mientras el graznido de los cuervos
presagiaban el final de suculentos banquetes...

Tú y yo nos embarcábamos en la aventura
de ir de acá para allá robando de las cepas
el fruto de su sustancia, entre hojas de fuego;
como un juego, al fin y al cabo,
hasta que el cuerpo aguantara.

Después vendría lo mejor:
arreglarnos con vestidos de fiesta,
la cena, el baile, la diversión...
Bebíamos el néctar de otras añadas
con sabor a roble, ese sabor
que paladeábamos sorbo a sorbo sin descanso,
hasta encontrarnos a solas en la habitación.

Placer y vino refrescaban nuestras bocas
encendidas por el deseo,
ansiosas de aspirar la una de la otra
el jugo más preciado
de la existencia ajena.

Al amanecer, una sensación inenarrable
recorría los cuerpos agotados
ensoñando que así sería nuestra vida:
beber a tragos prolongados
el vino de otra añada, viendo desde la ventana
el zumo de la vida encapsulado,
sin conceder un minuto de tiempo
a que el sentimiento elaborara desde el dulce mosto,
el recio sabor del amor profundo.

Fotografía de Gloria Valbuena




jueves, 10 de octubre de 2019

CONVERSACIONES CON ÓSCAR (XV)


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Los que sois asiduos seguidores de mi blog, creo que habréis leído en alguno de mis artículos declarar que, en lo sucesivo, no haría comentario ni referencia a cualquier publicación o film que tuviera como leitmotiv la Guerra Civil, y esto por dos motivos fundamentales: porque la mayoría de los españoles no la vivió y por tanto su narración tiene un valor relativo, y porque remover en la ciénaga de un fracaso colectivo como nación sólo puede conducir a reabrir heridas, prolongando en los descendientes de ambos bandos la eterna disputa.

Sin embargo, ilusionado por la gran personalidad de Amenábar, director, co-guionista y autor de la banda sonora de esta película, decidí ir a la sala de proyección con la esperanza de ver un film que preconizara la concordia. ¡Oh desilusión! Después de cuarenta años aprendiendo la historia al dictado franquista, hemos pasado en los siguientes cuarenta años a ver y escuchar los mismos hechos con una perspectiva diametralmente opuesta. Ya comprenderán que estoy en mi derecho de no creer ni a unos ni a otros.

Y es que, cuando se relatan hechos históricos, lo menos que se puede exigir es que la bibliografía a la que se recurre sea veraz e independiente para no hacer interpretar a los protagonistas escenas que no se corresponden con la realidad de los hechos ocurridos y sobre todo que no añadan más fuego a los partidarios de posiciones enfrentadas.

Si hemos de hacer caso a lo que publica el ABC de Sevilla, son al menos dieciocho los errores históricos cometidos en los 107 minutos que dura la proyección, algunos de ellos sustentados con la irrefutable prueba del documento gráfico correspondiente. Yo puedo dar fe al menos de uno, pues en la película no se citan a los hijos varones de Unamuno, cuando a uno de ellos, de enorme parecido físico con su padre, tuve la fortuna de conocer en los años sesenta, por ser profesor del I.E.S. Zorrilla de Valladolid, liceo en el que cursaba por aquel entonces mis estudios. 

Mi impresión particular es de que la película no es objetiva y está filmada con clara intencionalidad política. A simple vista se observa, que los protagonistas son arquetipos con gran poder de convicción en el bando republicano y carentes de fuerza y hasta toscos, coléricos, cuando no incultos, en el llamado bando Nacional. Se resalta lo que interesa a Amenábar y se oculta lo que no conviene para la causa republicana. Es una película de "buenos" y "malos" en la que los actores, entre los que citaré a Karra Elejalde, Eduardo Fernández, Santi Prego, Patricia López, etc., asumen su papel de marionetas que Amenábar desde su privilegiado puesto de director, maneja a su antojo.

El público se quedará sin saber lo que realmente ocurrió en el enfrentamiento dialéctico entre Unamuno y Millán Astray, por lo demás, pertenecientes al mismo bando, hasta que el discurso del primero en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, propiciará su distanciamiento, sin que esto hecho fuera suficiente para que la amistad entre ambos se rompiera.

Viendo las imágenes, también pudiera colegirse de que el fallecimiento de Unamuno acaecido el último día del 36, tuviera como causa los disgustos y aislamiento infringido por los golpistas  y no por una enfermedad que arrastraba desde varios años antes, agravada por el fallecimiento de su hija Salomé. Como se ve, hasta de tan lamentable suceso se intenta sacar provecho.

En resumen, desde mi punto de vista la película es una sucesión de errores históricos y que cinematográficamente no aporta NADA, pero que satisfará al cincuenta por ciento de los españoles y a los miembros de la Academia de Cine muy propensos a conceder estatuillas a este tipo de cine parcial y casposo.

Me pregunto si existirán en España guionistas y directores con talento e imaginación que no tengan que recurrir a la manoseada Guerra Civil, para hacer un cine de calidad.

Por mi parte, queda claro que vuelvo a hacer promesa de no visualizar ningún film que tenga que ver con la sangrienta contienda. ¡Y esta vez lo cumpliré!







domingo, 6 de octubre de 2019



                     VUELO MADRID- ÁMSTERDAM

La melodía del móvil sonando a una hora intempestiva me desveló en la madrugada. Por el tono, sabía que la llamada procedía de la Empresa en donde trabajaba y también conocía que cuando mi jefe me requería a hora tan temprana, era porque algún asunto importante le apremiaba. No me equivoqué. Del otro lado del celular escuché una voz ronca que me conminaba: “Tienes que viajar a Ámsterdam urgentemente. Ya sabes, GRESSON & CO. nos ha llamado para un negocio que puede ser interesante” “¿Tan interesante como para que tenga que desplazarme en viernes?”—pregunté por preguntar. “¡Claro! —respondió mi jefe—Si no, no te hubiera molestado. Ahora te estoy preparando un dossier con las instrucciones. Lo recibirás en cuanto puedas hacer uso del portátil. Buen viaje”.

Como el primer vuelo salía a las once de la mañana, tuve que darme prisa en preparar el equipaje sin que a ciencia cierta supiera si la estancia en la ciudad holandesa iba a ser cuestión de horas o de días. ¡Así es como me había acostumbrado a vivir, después de aceptar trabajar en una gran Empresa!

Con un frugal desayuno y un maletín de mano que siquiera tuve que facturar, accedí al Boeing 737 que habría de llevarme al país de los tulipanes. El asiento se encontraba en la cola del avión y era una butaca de pasillo. Con seguridad, uno de los últimos billetes expedidos por la Compañía de aviación esa misma mañana.

Tuve suerte al tener por compañera de viaje a una bella mujer de piel tostada y ojos de ensueño que resaltaba el encanto de su rostro al estar enmarcado por un hijab de color crema. La saludé cortésmente y le ofrecí cambiarle el asiento por si en el mío se encontraba más cómoda. Con una amplia sonrisa declinó mi ofrecimiento y continuó impertérrita como una esfinge bañada en su resplandeciente maquillaje. Un sutil y embriagador perfume de esencias orientales aromatizaba el ambiente mientras el avión se elevaba majestuoso sobre Madrid. Hierática y misteriosa permaneció unos minutos, hasta que el nerviosismo sacudió su frágil cuerpo cuando desde la megafonía nos avisaron de que nos ajustásemos de nuevo el cinturón de seguridad porque entrábamos en una zona de turbulencias.

La confirmación del aviso no se hizo esperar y pronto nos vimos sacudidos y zarandeados de tal manera, que el pesado monstruo metálico se inclinaba alternativamente hacia ambos lados de manera reiterada, a la vez que se elevaba para luego descender bruscamente. Se escucharon los primeros gritos, mientras desde mi privilegiada situación vi cómo varios pasajeros juntaban las cabezas al tiempo que enlazaban sus cuerpos.

Mi bella acompañante se tapaba el rostro con las manos extendidas mientras recitaba oraciones que intuí serían versículos del Corán, mientras que por mi cabeza pasaban fugaces imágenes de mi niñez, del rostro apacible de mi madre y del panteón familiar con flores que exhalaban el perfume de mi acompañante.

De improviso, la mujer, presa de un ataque de ansiedad, buscó refugio en mi pecho como si el pudor mostrado hasta ese momento hubiera desaparecido por arte de magia. Así, abrazados, permanecimos un largo rato hasta que el avión se estabilizó y ella recobró su compostura. "Alá es grande"—dijo ella en perfecto castellano. ¡Dios mío, creí que nos matábamos!—exclamé persignándome. El hielo se rompió entre nosotros, y hasta tomar tierra, entablamos una conversación que tuvo como principal tema el hecho de que en los momentos de peligro habíamos solicitado la ayuda de un mismo Ser Superior al que invocamos bajo distinto nombre.

Nos despedimos en el aeropuerto con un fuerte abrazo. Observé con nostalgia cómo su delicada figura se alejaba para, con toda seguridad, no volvernos a ver jamás.

Antes de llegar al hotel, recibí una llamada de mi jefe: "Espero que hayas tenido un buen viaje. Acabo de enviarte el dossier. Actúa con cautela y ¡suerte!

"Sí. He tenido un buen viaje—respondí con sorna—. Me siento más vivo que nunca". Y colgué.

Durante algún tiempo, mi chaqueta quedó impregnada con la peculiar esencia oriental y en mi mente también quedó impresa la imagen de una bella mujer musulmana.


                                                   


jueves, 3 de octubre de 2019


LA CITA

Una llamada,
después, una hora fijada
y el encuentro.

En mi mente conservaba tu mirada
sueño hecho realidad y fantasía.

Dudé de tu memoria y de mi suerte,
cinco minutos después de que el reloj
rebasara el momento soñado.
Sudoroso, sentí un miedo atroz
por si el olvido... ¡Pero no!
Apareciste tal como te imaginaba.

Vestida de azul como muñeca,
reluciente el aderezo en el cuello,
el pendiente, diminuto y brillante
en el lóbulo de la oreja,
adorno floral en el pelo que olía a primavera.

Rocé con los labios
tus mejillas, pretendiendo no desmontar
el altar de mi devoción.
Surgieron imperfectas
las palabras de un temario
varias veces ensayado y creí notar
en tus ademanes,
que te agradaba mi bisoñez
y mi atropello.

Tarde de luz iluminando todo.

¡Bello cielo!

Subía con fuerza
la sangre por mis venas,
golpeando las sienes
cada vez que me nombrabas.

Se iban construyendo ilusiones
al mismo ritmo que la conversación
me envolvía con el trino de tu voz.

¡Tarde feliz! ¡Primer encuentro!

Por una imaginaria escalera,
¡pude tocar el Cielo!


domingo, 29 de septiembre de 2019



PASAJES DE"CÉCILE. AMORÍOS Y MELANCOLÍAS DE UN JOVEN POETA" (61)
CAPÍTULO X
La Ambición

El curso se reinició sin que tuviera oportunidad de contactar antes con Cécile. Tan pronto como vi a Daniel en clase, le pregunté por ella, y obtuve la explicación de por qué mis continuas llamadas telefónicas del fin de semana, no obtuvieron respuesta: Madame Stéphanie, deseosa de pasar unos días lejos de la ciudad y queriendo conocer alguna otra que fuera famosa también por su Semana Santa, después de sopesar varias opciones, animó a su familia a dirigir sus pasos hacia Cuenca, de donde había obtenido información muy positiva a través de folletos explicativos recogidos en la Oficina de Turismo. De inmediato se interesó por conocer la procesión llamada “Camino del Calvario” o de “Las Turbas”, que la propaganda describía como única en España. De paso, aprovecharían la estancia para conocer “La Ciudad Encantada” y también para descubrir la rica gastronomía de la zona. Me sentí satisfecho al saber que, durante el tiempo vacacional, Cécile, había estado alejada de la ciudad y, por tanto, sin posibilidad de relacionarse con nuestros amigos comunes. Al poco, cuando recapacité sobre lo que acababa de pensar, me di cuenta de los injustificados celos, que en ocasiones trastocaban mi pensamiento hasta el punto de que, sin motivo alguno, aflorara en mí la melancolía, ése intangible mal que tanto daño me causaba y al que trataba de combatir con las armas del amor correspondido, aunque, por el momento, no fuera capaz de alejarla definitivamente de mí: me faltaba determinación para cortar de raíz los inconsistentes fundamentos con que la sostenía.

Todo mi ser vibró emocionado aquella mañana de sábado cuando llamé al timbre de los Casarell-Dupont, dispuesto a recibir mi clase de francés. Estaba esperanzado con la posibilidad de poder ver a Cécile y saludarla. Y así sucedió... Percibí primero el retumbar de sus saltarines pasos sobre la tarima, antes de que me franqueara la puerta y se abalanzara sobre mí para abrazarme y besarme con cierta precipitación, temerosa de que alguien de su familia apareciera de improviso. “¡Mamá, mamá, ha llegado Álvaro!” anunció, introduciéndome en el salón.

Madame Stéphanie me recibió con la delicadeza acostumbrada, y tras abrazarme, creyó oportuno no impartir clase aquel día, cediendo el protagonismo a su hija. Nos dejó a solas en la estancia mientras ella desaparecía, pretextando una jaqueca que me pareció ocasionalmente inventada.

El tiempo pareció detenerse cuando, sentados en el sofá frente a frente, permanecimos mirándonos sin pronunciar palabra. Notábamos únicamente el roce de nuestras manos juguetonas, buscándose torpemente sin acertar siquiera a entrelazarse. La mirada azul de Cécile me traspasaba, trasladándome a un mundo ideal, soñado, que sólo alcanzaba a vislumbrar cuando estaba a su lado o cuando la imaginaba, en la soledad de mi habitación, y la luminosidad de sus pupilas inspiraba mis composiciones poéticas. Ella no apartaba su vista de mi cara, sonriendo con la ternura y la plenitud de quien en ese instante es inmensamente feliz. La candidez que emanaba de su rostro era un soplo etéreo capaz de borrar de mi mente las incertidumbres, los miedos, las inseguridades, los celos, las oscuridades... Todo, absolutamente todo lo negativo que se había acumulado en mi ser por experiencias nefastas, desaparecía de repente empujado por ese soplo que percibía como una suave brisa de amor. ¡Ojalá la hubiera conocido antes!
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jueves, 26 de septiembre de 2019



PASAJES DE "LAS LAMENTACIONES DE MI PRIMO JEREMÍAS" (61)
CAPÍTULO IV
Conociendo el pueblo

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Apoyados en la tapia, estuvimos un buen rato hasta que Jeremías, dando un brinco, exclamó:
―¡Anda, mi madre! ¿Sabes quién viene? Es Rosita, la de la Nicanora, ¡qué tía más buena! ¡Es el amor de mi vida!
La tal Rosita, en cuestión, me pareció, por sus hechuras, muy alejada de las pretensiones de mi primo. Ceñía la cintura con los picos de una blusa blanca que la apretaba de tal manera que, por fuerza, sus generosos pechos pugnaban por escaparse entre la desabrochada botonadura. Sus caderas eran tan amplias que el cántaro se apoyaba en una de ellas con desahogo, mientras la otra, al caminar, daba la sensación de barrer con su contoneo todo lo que se le pusiera por delante.
Cuando llegó a nuestra altura, Jeremías quiso enseñarme el no va más del galanteo y se plantó frente a ella, cerrándole el paso, mientras le decía:
―Rosita: como sigas estando tan buena, vas a acabar conmigo. Ya ni como, ni duermo pensando en ti, y ahora que te he visto, se me ha quedado la boca tan seca que cuando vuelvas de por agua, me pienso beber de un tirón el cántaro mientras te acompaño a casa, y si aún me quedo con sed, nos vamos cogiditos de la mano otra vez al Chagaril.
Al oír la improvisada declaración, Rosita dejó el cántaro en el suelo, apoyó su mano en la cadera izquierda y, agitando la derecha con energía, contestó airadamente a mi primo:
―¡Mira quién me requiebra! ¡El mocoso del Mecagüen! ¡No te fastidias! A lo mejor de tanto ir y venir el cántaro a la fuente, acaba por romperse… ¡en tu cabeza! Mira chaval: cuando te mires al espejo, verás que te faltan kilos, años y experiencia para poder disfrutar de este cuerpo serrano ―dijo, deslizando la mano desde el canalillo hasta el regazo―. Además, ¿has pensado qué me regalarías para cortejarme? Pues, todo el pueblo sabe que los Mecagüen estáis más tiesos que el palo de la bandera. ―Luego, retirándose con el brazo el sudor que corría por su frente, cargó el cántaro y prosiguió su camino mascullando―: Madre mía, ¡qué suerte tengo! Los que se tienen que acercar, andan embobados y «los miserias» acuden a mí como las moscas al dulce.
Jeremías volvió a mi lado con la derrota dibujada en la cara, pero aún así intentó encontrar una explicación a su fracaso.
―Si no lo veo, no lo creo. No es posible que las mujeres cambien tanto con el desarrollo. Hace dos años a Rosita te la ganabas con unos caramelos, ¡pero chico!, ha sido salirle los cocos y ahora sólo le interesan chicos ricos que trepen por la palmera. ―Hizo una pausa, intentando buscar nuevos argumentos, pero insistió en los ya conocidos―: ¡El «jodío» dinero! ¡Siempre el «jodío» dinero! Cada vez estoy más convencido de que a las chicas no se las convence por la labia o por la apostura; sólo piensan en quien las pueda mantener sin tener que trabajar. Todas las tías son unas zorras ―concluyó, dando sin mirar una patada al primer canto que se interpuso en su camino.
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jueves, 19 de septiembre de 2019


Crónicas de mi Periódico                    19 de septiembre de 2019


.                                    DESENTRAÑANDO ENIGMAS

En 1969 el matemático Adrian R.D. Mathias se planteó si era posible la existencia de un billete de lotería que resultara siempre agraciado. Sesudos analistas estuvieron dándole vueltas al asunto hasta que, ¡por fin! Asger Dag Törnquist, eso sí, con la ayuda del investigador Davis Schrittsser, acaba de encontrar la solución. Su conclusión es que dicho billete es imposible que exista.

La Humanidad entera agradece los esfuerzos de cuantos emplearon su tiempo y su saber, en dar con la solución a tan intrincado problema, pero estoy seguro de que cualquier persona sin título académico hubiera llegado a la misma conclusión a los pocos instantes de habérselo planteado, no sin antes estar convencido de haber contactado con una persona de poco juicio.

Afortunadamente, no todos los enigmas tardan tanto tiempo en resolverse. Sin ir más lejos, los españoles acabamos de conocer, después de unos cuantos meses de incertidumbre, que en noviembre tendremos elecciones. Este tema, que nos atañe a todos, no parece haber preocupado mucho a los encargados de resolverlo. Cobrando un suculento sueldo por una molestia mínima, han embarcado a la nación a pagar de nuestros bolsillos más de ciento cuarenta millones de euros, cantidad que me aseguran, alcanzará la organización de la consulta. Desvelado este enigma, de inmediato surge el siguiente: ¿Del resultado de la nueva votación tendremos Gobierno o seguiremos "en funciones"? La interrogante queda planteada por si alguna mente preclara se atreve a resolverla.

No obstante, el españolito de a pie, ese que hubiera resuelto en pocos minutos el intrincado problema matemático del billete premiado, está convencido de que, en el mejor de los casos, seguiremos igual si es que no retrocedemos.

Adormecidos por los triunfos deportivos, sic transit gloria mundi, los Padres de la Patria no parecen dar importancia a que los Presupuestos estén paralizados, el peligroso Brexit se encuentre a un mes vista, e inmediatamente después, se avecine una crisis mundial que ya ha dejado de ser para los analistas económicos un enigma, pues acontecerá con toda seguridad con los fríos del invierno.

Otros enigmas pululan por mi cabeza y me gustaría que, antes de escribir a "Cuarto Milenio", algunos de ustedes me ayudaran a resolver: ¿Cuántos compatriotas engrosarán las listas del paro? ¿Qué incremento experimentará el salario mínimo? ¿Se congelarán las pensiones? ¿Moriremos todos congelados viendo el triste ejemplo de nuestros políticos?

Vayan haciendo sus cábalas. Para mí era un enigma saber si subirían, o no, los Impuestos. Ya lo acabo de resolver. Ahora el enigma consiste en saber las cuantías de las nuevas Tasas que nos van a aplicar.

Mientras tanto, les ruego que no se sofoquen ni se disgusten. ¡Hemos ganado el Mundial de baloncesto! Alejen las penas y canten conmigo: "La gente canta con ardor. Que viva España. La vida tiene otro sabor. Y España es la mejor. Laralaralalarala."


jueves, 12 de septiembre de 2019


HOMENAJE A DON FRANCISCO DE QUEVEDO (II)

                           


(Continuación)

En Torre de Juan Abad
pasó muy duras jornadas
con las salidas vetadas
estando en su propiedad.
Hiciéronle caridad,
olvidándole la ofensa
y la alegría fue inmensa
cuando conoció al valido
conde-duque, muy querido,
en la Corte, su defensa.

Por dar gusto a la duquesa
pasó de soltero a esposo:
un matrimonio penoso
y otra más fallida empresa.
Pero la infamia más gruesa,
indicios de corrupción,
le llevaron a Léon
en donde estuvo enrejado
y en una celda befado
como si fuera un buscón.

Cuando alcanzó libertad
en Villanueva de Infantes
pasó los días restantes
con amigos de verdad.
De Santiago, cantidad
debió recibir favores,
pues expiró con honores
este genio de la historia
a quien Dios tenga en su Gloria
como ejemplo de escritores.



domingo, 8 de septiembre de 2019


HOMENAJE A DON FRANCISCO DE QUEVEDO (I)


El lugar en que me encuentro
se ha llenado de fulgores
al conocer que escritores
hacen de Quevedo el centro.
Animado me concentro
por si inspirado me viene
la musa que se entretiene
rimando feliz el verso
haciendo que el universo    
de don Francisco resuene.

Medio ciego y algo cojo,
no paraba de escribir,                     
Góngora fue un sinvivir
ironizado a su antojo.
De sonetos ¿cuál escojo?
uno, ciento y hasta mil,
de novelas... el candil
lo encendía y lo apagaba
si su vida allí plasmaba.
Leed si no su perfil:

Aunque nació en noble cuna
no fue fácil su existencia.
quizás le faltó prudencia,
quizás no tuvo fortuna...
No fue así con el de Osuna,
duque del todo ejemplar
al que llego a dedicar
traducciones de privanza,
mas al morirse, mudanza,
volvió su suerte a cambiar.

                           (Continuará)